¿Las niñas pueden ser monaguillas?

¿Las niñas pueden ser monaguillas? 

La normativa canónica vigente despeja dudas tras el debate suscitado por una de las últimas celebraciones del Papa

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Dos niñas acolitan en la celebración presidida por León XIV
Dos niñas acolitan en la celebración presidida por León XIV

Domingo, 15 de febrero. El Papa León XIV acude a la parroquia romana de Santa Maria Regina Pacis y en la celebración ejercen de monaguillas dos chicas. Desde entonces, las redes sociales se llenan de comentarios a favor y en contra de una práctica litúrgica bien asentada en la normativa canónica vigente.  

El Código de Derecho Canónico no prohíbe que niñas o mujeres sirvan como monaguillas en la Misa. Por el contrario, el canon 230 regula en su favor los ministerios laicales y otras funciones litúrgicas. En 2021, el motu proprio Spiritus Domini del Papa Francisco lo reformó, estableciendo que los laicos, hombres y mujeres, pueden ejercer los ministerios de lector y acólito mediante rito litúrgico. Se suprimía así la anterior limitación a varones. 

Niñas y mujeres

Ya en 1992, el entonces Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos aclaró que el servicio al altar se puede ejercer tanto por hombres como por mujeres. «Pueden realizar el ministerio de lector en la liturgia y pueden distribuir la Sagrada Eucaristía, como ministras extraordinarias de la Eucaristía, y prestar otros servicios», decía el texto. El documento subrayaba también que era potestad del obispo diocesano decidir si autorizaba esta práctica en su diócesis.  

El Papa al concluir la misa en la parroquia romana
El Papa al concluir la misa en la parroquia romana

Más tarde, la instrucción Redemptionis Sacramentum, publicada en 2004, reafirmó esta posibilidad al señalar en su número 47 que «a esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del obispo diocesano y observando las normas establecidas». De este modo, el derecho vigente en la Iglesia latina permite claramente que las chicas sean monaguillas, dejando la decisión concreta en el ámbito pastoral de cada diócesis.