«¿Dónde pasar mis últimos días?»: San Camilo forma a las residencias para abordar preguntas difíciles

«¿Dónde pasar mis últimos días?»: San Camilo forma a las residencias para abordar preguntas difíciles

El Centro de Humanización de la Salud San Camilo ha estrenado un programa de formación para que los trabajadores de residencias aprendan a humanizar el trato al final de la vida y a ofrecer «cuidados de alto valor»

María Martínez López
Cristina Muñoz durante la primera clase en línea de la formación para profesionales de residencias. Foto: San Camilo.
Cristina Muñoz durante la primera clase en línea de la formación. Foto: San Camilo.

Más de 50 profesionales de las residencias de mayores Lares Madrid y Mensajeros de la Paz Andalucía volvieron la semana pasada a las aulas —virtuales— para aprender estrategias para atender de forma más humana a los ancianos. El 12 de febrero arrancaba la primera edición del programa de formación e investigación Dignidad en el Cuidado, elaborado por el Centro de Humanización de la Salud San Camilo. Se trata de un primer paso de una iniciativa que pretende llegar a 600 profesionales.

Las residencias de personas mayores son «un contexto de extrema fragilidad», subraya Cristina Muñoz Alustiza, responsable del programa. Y, como «en cualquier recurso que cuide de personas vulnerables», la humanización del trato «es un deber ético», sostiene. En este escenario en particular, los cuidados deben ir «dirigidos a potenciar la autonomía y acompañar en las actividades de la vida diaria». 

Los trabajadores de Lares Madrid son algunos de los que se están formando. Foto: Lares.
Los trabajadores de Lares Madrid son algunos de los que se están formando. Foto: Lares.

Y, «por supuesto, ser presencia activa cuando llega el final de la vida y el duelo de los allegados». Precisamente ofrecer «claves de fondo para cuidar mejor el final de la vida» de los mayores es la base de la propuesta del programa, señala Muñoz Alustiza.

Para ello, «proponemos a los participantes realizar una detección temprana de estas situaciones». En efecto, el final de la vida «no son solo los últimos días, sino meses o unos pocos años en los cuales se pueden proporcionar cuidados específicos de alto valor».

¿Qué decisiones hay que tomar?

Esta experta explica que «detectar precozmente una situación de final de vida te permite planificar de manera pacífica los cuidados y deseos que la persona puede tener». Actuar con tiempo y antes de que las situaciones se precipiten «propicia el diálogo tanto con la persona como con sus allegados». Así, es más fácil «anticipar situaciones y las posibles decisiones a tomar».

En cifras
  • 380.000 plazas en residencias de mayores, según el Censo de Centros Residenciales de Servicios Sociales en España del IMSERSO.
  • 47,5 % aumentará el número de personas mayores de 80 años en los próximos 15.

La responsable de Dignidad en el Cuidado pone algunos ejemplos: «¿Dónde me gustaría estar en mis últimos días? Si tengo dolor, ¿quiero que se me apliquen todas las medidas necesarias para paliarlo aunque afecten a mi nivel de conciencia? Si sobreviene una enfermedad aguda, ¿querré ir al hospital o prefiero que me cuiden en la residencia con los recursos disponibles?». 

Favorecer la reflexión sobre esta y otras preguntas facilita además tomar «las riendas de una etapa que pueda ser de oportunidad para cerrar asuntos pendientes y completar el proyecto de vida». Y, para los familiares, ir elaborando el duelo. 

En esos momentos, ofrecer «cuidados de alto valor significa afrontar la situación y planificarla, con delicadeza y calma, pero con determinación y autonomía». Para los profesionales, abunda Muñoz Alustiza, esto implica retos como «preservar la autonomía de la persona, mediando con el entorno que la rodea». También «acompañar al dueño anticipado de cada una de las personas que, con frecuencia se desarrolla a ritmos distintos». 

Sostiene que han de ser capaces de «construir asideros de esperanza cotidiana, que tienen que ver con los disfrutes sencillos y los encuentros significativos». Y, por último, «facilitar los ritos de todo tipo, especialmente los que permiten la reconciliación, el agradecimiento y la despedida». 

¿Es posible con la organización de las residencias?

—¿Cuáles son las principales dificultades para esta atención humanizadora? ¿Tiempo, recursos, personal, mentalidad?
—El principal desafío tienen que ver con la mirada de quien cuida. Según miramos al otro, así nos colocamos: si le vemos dependiente y carente de capacidades lo trataremos como tal. Sin duda que las cargas de trabajo de las residencias someten a los profesionales a grandes tensiones para equilibrar buen trato y agilidad. Si bien la mirada, aún en medio de la prisa, puede dignificar a la persona en una actividad cotidiana de pocos minutos.

Un momento de la clase virtual de Cristina Muñoz. Foto: San Camilo.
Un momento de la clase virtual de Cristina Muñoz. Foto: San Camilo.

—¿Abordan en el curso los cambios estructurales que habría que hacer para lograrlo esta humanización?
—La formación es una palanca de cambio en la cultura organizativa. No solo incide en el modo en el que los profesionales desarrollan su trabajo: tiene el potencial de cambiar el modo de mirar de toda una organización. A través de la formación un director puede replantearse organizar los procesos de trabajo, redecorar una sala de estar o revisar el modo en el que acoge a los nuevos trabajadores. Esto también es humanizar.

—¿En qué debería fijarse una familia a la hora de buscar residencia para un familiar?
—Los centros sociosanitarios son espacios de vida en los que resulta clave que la persona se sienta segura reconocida y esperanzada. Por este motivo cuando buscamos un recurso sociosanitario para un ser querido hemos de prestar atención a los valores que integran el modelo de trabajo de ese lugar y asegurarnos que estos valores están vertebrando la cotidianidad de los cuidados y de la atención a todas las personas.