Un viaje para comenzar de nuevo - Alfa y Omega

Más allá de especulaciones nerviosas y un poco banales sobre fechas, actos y lugares, que no han sido confirmados, es una gran alegría que la Iglesia que camina en España, con sus diferentes rostros, se va a encontrar con el sucesor del apóstol Pedro, vínculo de comunión y estímulo para la misión. Madrid, Barcelona y Canarias son etapas que parecen claras a falta de mayores precisiones. Madrid es una grandísima metrópoli europea, una diócesis singular por la vitalidad de sus parroquias, asociaciones y movimientos; Barcelona, con el emblema de la Sagrada Familia y la ocasión del centenario de Antonio Gaudí, un lugar privilegiado para el diálogo con la Europa secularizada; y las hermosas islas Canarias, balcón de Europa hacia África y puerto de llegada para tantos que buscan una vida mejor arrostrando toda clase de peligros a través del Atlántico. Benedicto XVI dijo que España era una especie de «laboratorio» para el diálogo de una propuesta cristiana renovada con la cultura secular, en un momento en que parecen decaer algunos prejuicios, especialmente entre los jóvenes. Ahora que entramos en una fase vertiginosa de preparación, pueden acompañarnos algunas cosas que el Papa ha dicho recientemente, como la pregunta que planteó a los purpurados de todo el mundo: «¿Hay vida en nuestra Iglesia?, ¿hay espacio para aquello que nace?». También su afirmación de que la Iglesia crece por el atractivo que ejerce Cristo a través de sus testigos en el mundo, unida a la advertencia de que «la unidad atrae, la división dispersa». En nuestra historia hemos experimentado la sorprendente fidelidad de Dios a través de crisis y tempestades, pero no bastan las glorias pasadas. En cada tiempo hace falta una nueva disponibilidad, un nuevo «sí», el coraje de comenzar de nuevo. La visita del Papa es siempre un gran regalo, pero nunca funciona como un automatismo.