Los conventos de España se hielan: «Hace un frío horrible» - Alfa y Omega

Los conventos de España se hielan: «Hace un frío horrible»

Con ingresos bajos y techos altos calentar un monasterio «es imposible», refiere una religiosa. Para ayudar con el pago de la factura la Fundación DeClausura ha lanzado la campaña Que No Pasen Tanto Frío

José Calderero de Aldecoa
El jardín de las clarisas de Alcalá de Henares cubierto de nieve.
El jardín de las clarisas de Alcalá de Henares cubierto de nieve. Foto: San Juan de la Penitencia.

El frío polar que en días pasados ha azotado España y que la ha cubierto de una fina capa de nieve todavía es perceptible en el convento de franciscanas clarisas de San Juan de la Penitencia, de Alcalá de Henares (Madrid). Una de sus moradoras envía a este semanario una foto (arriba) en la que el jardín conventual aparece teñido de blanco. La estampa sería idílica si se contemplara desde un confortable salón al calor de la calefacción, pero «en el convento solo la encendemos dos horas por la noche», de 21:00 a 23:00 horas, «para que cuando las hermanas suban a acostarse encuentren la habitación caldeada». No obstante, la religiosa que atiende a Alfa y Omega le ha pedido a los Reyes Magos «unos calcetines gordos», porque «si no, tengo los pies helados y no consigo dormirme hasta cuatro horas después de acostarme».

En este contexto, es normal que las religiosas enfermen. «Hay alguna de las mayores que me coge un constipado al principio del invierno y ya no lo suelta hasta el verano», asegura. Precisamente, el mismo día que hablamos ha tenido que llevar a otra hermana al médico «porque tenía muchas flemas». A pesar de ello, no se pueden permitir encender durante más tiempo los radiadores. Los ingresos que tienen son bajos y los techos del convento, altos. «Altísimos», matiza la religiosa. «La iglesia mide 30 metros de largo y hay una cúpula de 20 metros de alto. Calentar eso es imposible», asegura. Para pagar las facturas, la comunidad utiliza las pensiones de las mayores y «también vendemos manualidades, como unas cunitas de ganchillo con un Niño Jesús, y pastas». Su última creación es una galleta, rellena de mermelada de fresa y cubierta de chocolate a la que han llamado «los sueños de Cisneros». Este cardenal fue quien fundó el convento y, de hecho, la comunidad guarda algunos objetos personales suyos en un pequeño museo visitable, previa inscripción.

En cifras

100 mil euros se han marcado de objetivo en la Fundación DeClausura para su campaña.

80 conventos aspiran a recibir una ayuda para poder calentarse.

68.500 consiguió la Fundación DeClausura el año pasado en su campaña del frío.

El año pasado, sin embargo, fue una excepción. Gracias a la campaña Que No Pasen Tanto Frío, de la Fundación DeClausura, «pudimos pagar parte de la calefacción. ¡Imagínese!», exclama la religiosa, al mismo tiempo que confirma la oración diaria de la comunidad «por los bienhechores». La iniciativa recaudó en total 68.500 euros a repartir entre 64 comunidades. El objetivo este año era más ambicioso: aspiraba a conseguir 100.000 euros para dividirlos entre 80 cenobios. Una meta que han logrado en tan solo 14 días, por lo que ampliarán la recogida de fondos hasta el 31 de enero para así ayudar lo máximo posible. «No vamos a poder abarcar todo su gasto, pero sí ayudarlos a pagar una parte», explica Blanca de Ugarte, responsable de comunicación de la fundación. La idea es que puedan «encender un poco más la calefacción». El problema es que «no lo hacen», lamenta De Ugarte, pues la escasez provoca que muchas comunidades «la entiendan como el único gasto prescindible».

Así, tratan de hacer frente al frío poniéndose más capas de ropa; pero no hay rebeca que soporte los cuatro grados bajo cero que se han encontrado las franciscanas clarisas en alguna ocasión cuando han ido a rezar al templo. «Camisetas de felpa, leggins, medias gordas o zapatillas con pelitos», son otras prendas de las que tienen que tirar en San Juan de la Penitencia ante el bajón térmico.

A pesar de todo, la religiosa clarisa rechaza el victimismo: «¿Cuánta gente no tiene ni siquiera un techo bajo el que cobijarse mientras nosotras tenemos una casa donde vivir?». De hecho, la comunidad precisamente ha podido ayudar estos días a una persona sin hogar que se refugiaba entre las puertas de acceso a la huerta conventual. «Nos alertaron los vecinos de que había alguien durmiendo allí y les prohibimos que lo echaran. ¡Hace un frío horrible! Mientras dure el invierno, no se echa a nadie de nuestra casa», concluye.