El 17 de mayo de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó sus nuevas Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales. El documento, que llegó tras un largo proceso de elaboración y fue aprobado también por el Santo Padre, respondía a la necesidad, sentida por muchos, de contar con un instrumento más preciso de evaluación después de las normas aprobadas por Pablo VI el 25 de febrero de 1978.
Su primera novedad, como afirmó el prefecto del dicasterio, el cardenal Víctor Manuel Fernández, se refiere a la cuestión de la posible declaración sobre la naturaleza sobrenatural del fenómeno que se discierne; es decir, la posibilidad de afirmar con certeza moral que proviene de una decisión de Dios, que lo ha querido de forma directa. Esto queda, como tarea de análisis en profundidad, pendiente de nuevas investigaciones y, en última instancia, de la decisión del Papa. El dicasterio y los obispos competentes se limitan a constatar, según los criterios establecidos, los frutos que producen los supuestos fenómenos y otros elementos importantes para discernir y orientar a los fieles en la adhesión o no a ellos. Esto permite a los pastores actuar sin vacilaciones para estar junto al pueblo de Dios en la acogida de los dones del Espíritu que pueden surgir en estos hechos.
Dado que apariciones y fenómenos sobrenaturales entran siempre en el ámbito de las revelaciones privadas, queda claro que el discernimiento es tarea del obispo diocesano. Por otra parte al reconocer que, hoy más que nunca, involucran a muchas personas que pertenecen a otras diócesis y se difunden rápidamente, también gracias a los medios, las nuevas normas establecen que se debe consultar al dicasterio y que este debe intervenir siempre para dar una aprobación final a lo decidido por el obispo, antes de que este haga pública una determinación sobre un evento de presunto origen sobrenatural.
Los criterios positivos para discernir las supuestas apariciones incluyen «la credibilidad y buena reputación de las personas que afirman ser destinatarias de acontecimientos sobrenaturales o estar directamente implicadas en ellos, así como de los testigos escuchados», la «ortodoxia doctrinal del fenómeno y del eventual mensaje»; el «carácter imprevisible del fenómeno, del que se desprende claramente que no es fruto de la iniciativa de las personas» y «los frutos de la vida cristiana». Entre los negativos, se encuentran la «presencia de un error manifiesto sobre el hecho», «posibles errores doctrinales», un «espíritu sectario que genera división en el seno eclesial», «una búsqueda evidente de beneficio, poder, fama, notoriedad social, interés personal estrechamente vinculado al suceso», «actos gravemente inmorales», «alteraciones psíquicas o tendencias psicopáticas en el sujeto».
En estos dos años, han sido diversas las intervenciones del dicasterio sobre apariciones marianas en el mundo, tanto con resultados positivos como negativos. Estas declaraciones han contribuido notablemente a la labor de los obispos diocesanos en relación con las presuntas apariciones, proporcionando un respaldo autorizado, tras el debido proceso de estudio, al juicio del obispo diocesano. De este modo se favorece la visión de una Iglesia en comunión, perfectamente sincronizada tanto a nivel local como universal, mostrando cómo la Santa Sede interviene en la vida de las diócesis y, por otra parte, respeta y valora la labor de las Iglesias locales.
Por último, las nuevas normas han valorado mejor el aspecto pastoral de las apariciones, instando a los obispos no solo a orientar a los fieles hacia una devoción auténtica, sino a que también se ocupen del desarrollo de cada devoción en los lugares donde surgen santuarios u obras relacionadas con ellos. Con este documento se han promovido iniciativas pastorales que permiten profundizar teológicamente y vivir en todos sus aspectos la devoción que cada aparición presenta, tal y como indican también las orientaciones para una espiritualidad correcta, es decir, bíblica, eclesial y antropológica. Por último, el dicasterio ha ayudado a resolver casos que llevaban años a la espera de un juicio definitivo, desbloqueando diversas situaciones que han supuesto una valiosa contribución a las Iglesias locales.