Jesús no prometió que fuera fácil seguirle, pero sí una vida en plenitud - Alfa y Omega

Jesús no prometió que fuera fácil seguirle, pero sí una vida en plenitud

33er Domingo del tiempo ordinario / Lucas 21, 5-19

Ana Almarza Cuadrado
'Jesús y sus discípulos en el mar de Galilea'. Carl Oesterley. Colección privada.
Jesús y sus discípulos en el mar de Galilea. Carl Oesterley. Colección privada. Foto: Wikimedia Commons / Dorotheum.

Evangelio: Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».

Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el final no será enseguida». 

Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndonos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Comentario

A punto de finalizar el año litúrgico, la Iglesia, en su pedagogía, con este pasaje del Evangelio de Lucas nos quiere transmitir un mensaje de esperanza y la necesidad de perseverar en medio de todo lo que en nuestra sociedad nos habla de destrucción, guerras, revoluciones, hambres, persecuciones… Jesús enseña a los discípulos a poner su confianza en la fidelidad de Dios y alerta para que no se dejen llevar por las seguridades pasajeras del mundo material, para que se mantengan en pie ante las dificultades. Leído el próximo domingo, dentro del año jubilar dedicado a la esperanza, nos puede ayudar a discernir y a reflexionar cómo es nuestro seguimiento y a poner nuestra esperanza en la Buena Noticia del Reino, en Jesús, que nos cuida tanto que ni un solo cabello caerá.

Haciendo una lectura literal e histórica de los versículos, vislumbramos la importancia del templo para el pueblo judío; este representaba la presencia permanente de Dios, era el lugar del culto, un lugar sagrado, seguro, y, por lo tanto, indestructible. Jesús, una vez más, propone la radicalidad en el seguimiento, quiere remover y cuestionar la confianza en las realidades materiales y efímeras, quiere prepararlos para que, en el futuro, sean sus testigos y den testimonio con la confianza puesta en el Espíritu de lo que realmente tiene valor permanente. Jesús muestra que la fidelidad no está en el cuidado de los templos suntuosos, sino en los templos frágiles: «No sabéis que sois templos de Dios»; «piedras vivas, preciosas ante Dios». Los discípulos se dirigen a Jesús como Maestro. En el camino de seguimiento que han comenzado con Él necesitan que les enseñe; por eso le preguntan cuándo ocurrirán estas cosas y cuáles serán las señales; cómo pueden ellos descubrirlo y no dejarse engañar, cómo estar alerta ante los falsos profetas y ante quienes se hagan pasar por mesías en su nombre. Jesús no se lo pone fácil; les adelanta que sus seguidores serán perseguidos, arrestados, llevados ante reyes y gobernadores y odiados por causa de su nombre. Es más, hasta las personas más próximas —padres, hermanos, parientes, amigos— los traicionarán. En la respuesta les alienta para que no vivan estas situaciones desde el pánico, sino como una oportunidad para dar testimonio de su fe, de la fortaleza que viene de la confianza en Él, que es fiel. Les asegura que no necesitarán preparar su defensa de antemano, porque será Él, personalmente, quien a través del Espíritu Santo les dará «palabra y sabiduría» a la que sus adversarios no podrán resistir ni contradecir.  Los anima con una promesa consoladora: «Ni un solo cabello de vuestra cabeza perecerá, con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». perseverancia basada en la confianza en el amor de Dios que les abre a la vida eterna.

Desde una lectura creyente, este Evangelio nos enseña y nos da pistas para vivir nuestra fe sin aferrarnos a las seguridades pasajeras —bienes materiales, poder, incluso relaciones humanas— como si de ellas viniera nuestra salvación. Lucas nos alienta a la esperanza y nos invita a seguir a Jesús desde la confianza y a edificar nuestra vida en la voluntad de Dios. Podemos preguntarnos, ante las dificultades y persecuciones, que son inevitables para quienes seguimos a Jesús, ¿cómo es mi vida de fe? ¿Ante las adversidades y conflictos confío en la presencia del Espíritu Santo? ¿Cómo experimento en mí la fuerza y la sabiduría para dar testimonio? En esta jornada de los pobres, que se celebra el domingo, ¿soy capaz de cuidar «los templos frágiles» que tengo a mi alrededor?