«En nuestro país corremos el riesgo de olvidar el terrorismo» - Alfa y Omega

«En nuestro país corremos el riesgo de olvidar el terrorismo»

«Los chicos no saben quién es Gregorio Ordóñez», lamenta una familiar de víctimas de ETA que recorrerá los colegios madrileños para rememorar el terrorismo. «Es la mejor forma de que no se repita»

José Calderero de Aldecoa
Beatriz y Teresa en el colegio Nueva Castilla durante su charla a los alumnos.
Beatriz y Teresa en el colegio Nueva Castilla durante su charla a los alumnos. Foto: EFE.

Como magistrado de la sala sexta del Tribunal Supremo, José Francisco Mateu recibió «infinidad de amenazas» de ETA. «Telegramas, cartas e incluso llamadas insistentemente a casa», revela su nieta, Beatriz Botella, en entrevista con Alfa y Omega. A pesar de ello, no dejó de cumplir con su deber. «Se preocupó por atar bien la situación económica» de la familia, «preparó a sus hijos ante lo que podía pasar y, sencillamente, continuó desarrollando su trabajo». De hecho, encontró la muerte por la mañana, en el portal de su casa, cuando salía para ir a su puesto.

Corría el año 1978. Noviembre. El día 16, Henri Parot y otro terrorista francés le esperaron agazapados y, al toparse con él, le descerrajaron 32 disparos a quemarropa. «Le dejaron seco en el suelo», puntualiza Botella, que es nieta de víctima y también sobrina. «A mi tío lo mataron ocho años después». El joven —hijo de José Francisco Mateu— iba para guardia civil, pero su padre le conminó a dejar este camino. «Eran los años duros de ETA». Así que Ignacio Mateu Istúriz, que es como se llamaba, entró en el Ejército. «Tras el atentado de mi abuelo —su padre— entendió que el camino estaba libre y solicitó un cambio de arma». Le destinaron al País Vasco, a los grupos antiterroristas rurales de la Guardia Civil. El 26 de julio, pocos días antes de que lo trasladaran a Madrid, unos terroristas lanzaron varias granadas sobre el cuartel. Había que salir a inspeccionar. En la primera ronda, no se encontró nada. «Ignacio salió en la segunda inspección» y, desgraciadamente, pisó uno de los artefactos. «La explosión decapitó a su compañero y a él lo mutiló. Lo trasladaron a un centro médico, pero finalmente murió desangrado», resume la joven. El pasado martes, 14 de octubre, pudo compartir esta historia como miembro de la asociación Ego Non con los alumnos mayores del colegio Nueva Castilla de Madrid.

Una caseta de las fiestas de Bilbao pidiendo la excarcelación de los presos de ETA.
Una caseta de las fiestas de Bilbao pidiendo la excarcelación de los presos de ETA. Foto: Guillermo Navarro.

Junto a Botella, asistió al centro educativo también Teresa Beitia, una de las fundadoras de la asociación. La entidad busca acabar con la complicidad o la indiferencia social ante ETA. «El único requisito para entrar es que te parezca anómalo, perverso, que se homenajee a los presos de ETA y que se los trate como héroes cuando salen de la cárcel», explica Beitia. Podría parecer que esto es cosa del pasado, de cuando la banda seguía en activo, pero nada más lejos de la realidad. Uno puede estar hoy de fiesta en Bilbao y que, al pedir una cerveza, te pongan una pegatina en la que se pide la liberación de los presos de ETA. «Es a lo que juegan; tratan de normalizarlo. Es una estrategia. Mezclan el enaltecimiento con otras causas justas —como el ecologismo o la familia— para diluir su responsabilidad y confundir a la gente», asegura Beitia. «Yo, de hecho, ya no voy a las fiestas de Bilbao. Me generan ansiedad y desasosiego», añade Botella.

La muestra sobre los GRAPO reconoce a las víctimas y exhibe propaganda de la banda.
La muestra sobre los GRAPO reconoce a las víctimas y exhibe propaganda de la banda. Foto cedida por Carmen Ladrón de Guevara.

El proselitismo cotidiano de los simpatizantes de los terroristas se suma a la cada vez mayor distancia temporal que existe entre el anuncio de la disolución de la banda armada —en 2018— y las nuevas generaciones, que no conocen apenas nada de ETA. «En todos los colegios a los que voy pongo la imagen de Miguel Ángel Blanco, José Antonio Ortega Lara y Gregorio Ordóñez y nadie sabe quiénes son», lamenta Botella, cuya charla en el colegio Nueva Castilla forma parte de un acuerdo suscrito entre la Comunidad de Madrid y Ego Non para hacer memoria de la historia del terrorismo. «La juventud está creciendo sin saber qué es ETA y qué hizo. Corremos el riesgo de olvidar el terrorismo, con lo que eso supone para las víctimas, que tienen que soportar enaltecimientos cotidianos, que cada vez haya más presos en la calle y que la sociedad ni siquiera conozca lo que pasó».

Deslegitimar la violencia

Carmen Ladrón de Guevara, abogada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, va un paso más allá y considera necesario hablar de estas cuestiones con los alumnos «para que no vuelva a ocurrir». Es fundamental «deslegitimar» todo lo que tiene que ver con el terrorismo «para que quede claro que no hay causa política, económica, religiosa ni de ningún tipo que justifique el asesinato».

Con este objetivo en el horizonte, Ladrón de Guevara ha impulsado la exposición Cincuenta años de plomo. 1975-2025, la senda sangrienta de los GRAPO, que se centra en la actividad terrorista de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre. «Desde el año 75 asesinaron a 93 personas», explica Ladrón de Guevara, comisaria de la muestra. «La Guardia Civil los desarticuló hace años, pero el camarada Arenas —uno de los líderes más destacados— no ha dejado de hacer propaganda. Desde que salió de prisión en abril no ha cesado de dar entrevistas y asegura que no se arrepiente de lo que hizo y que van a volver».

Coche bomba teledirigido
Coche teledirigido de la marca Nikko, utilizado por los terroristas para transportar un artefacto explosivo hasta su objetivo expuesto en la muestra sobre los GRAPO

En la exposición sobre los GRAPO se puede ver este coche teledirigido de la marca Nikko, utilizado por los terroristas para transportar un artefacto explosivo hasta su objetivo. Se iniciaba de forma remota mediante radiocontrol. El coche de la imagen fue requisado en un piso franco, pero dispositivos similares explotaron bajo sendos furgones blindados de Prosegur el 7 de abril de 1993 en Zaragoza y el 1 de julio de 1994 en Barcelona. «Los dirigían hasta los bajos de la furgoneta y lo hacían estallar para detener el vehículo. Cuando los guardias que iban en su interior salían, atentaban contra ellos y robaban la recaudación», explica Carmen Ladrón de Guevara, comisaria de la exposición.

La exposición estará abierta al público en el segundo piso del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo (Lehendakari Aguirre, 2. Vitoria), hasta el próximo 11 de enero de 2026.