El Papa pide por los farmacéuticos, y comparte uno de sus pasajes favoritos del Evangelio - Alfa y Omega

El Papa pide por los farmacéuticos, y comparte uno de sus pasajes favoritos del Evangelio

Después de resarcir el olvido que le había llevado a dejar fuera de sus intenciones a los farmacéuticos, Francisco ha explicado en la Misa de este jueves que la alegría cristiana «es distinta a ser positivo y brillante. No es la consecuencia de las emociones», sino que viene del Espíritu Santo y es nuestra «fortaleza»

Redacción
Papa Francisco
Foto: Vatican Media.

«Me han regañado estos días», ha confesado el Papa Francisco al comienzo de la Misa de este jueves de Pascua en Casa Santa Marta. ¿El motivo? «Me olvidé dar las gracias a un grupo de personas que también trabajan. Agradecí a los médicos, enfermeras, voluntarios… “Pero se le olvidaron los farmacéuticos”. Ellos también trabajan duro para ayudar a los enfermos a salir de la enfermedad». Por ellos ha querido ofrecer la Misa del día.

En la homilía, apoyándose en las lecturas del día, el Santo Padre ha reflexionado sobre la alegría de los creyentes. La primera vez que Jesús resucitado se apareció a los discípulos, tanto Pedro como los dos que habían regresado de Emaús sabían que vivía. Habían estado con él y se lo habían contado a los demás. «Pero cuando apareció el Señor se asustaron», pensando que era un fantasma; igual que cuando apareció andando sobre las aguas en el lago de Tiberiades.

Francisco atribuyó esta reacción a que seguían «llenos de miedo, molestos» en su interior. Solo después de ver sus heridas en manos y pies, «ese tesoro que Jesús llevó al Cielo para mostrar al Padre e interceder por nosotros», cambió su actitud. A pesar de lo cual… seguían sin creer. ¿Qué había pasado?

«Es demasiada alegría»

Lo que viene a continuación «es uno de mis pasajes favoritos del Evangelio», ha confesado el Santo Padre. «Me da mucho consuelo». Los discípulos no acababan de creerse la resurrección porque «era tanta la alegría que “no, esto no puede ser cierto. Esta alegría no es real, es demasiada alegría”. Estaban desbordados de alegría pero paralizados por la alegría».

Profundizando, el Papa ha explicado que esta «es la experiencia de consuelo más grande, cuando el Señor nos hace comprender que esto es otra cosa de ser alegre, positivo, brillante… No, es otra cosa. Estar alegre pero lleno de alegría, una alegría desbordante que nos toca realmente». Una experiencia que se repite en la Escritura: después de la Ascensión, cuando el carcelero de Pedro se convierte, cuando Felipe bautiza al eunuco… «No es la consecuencia de las emociones que estallan por algo maravilloso», sino un «fruto del Espíritu Santo».

Esta alegría –ha concluido Francisco– es nuestra fortaleza, «la gran fuerza que tenemos para transformar, para predicar el Evangelio, para avanzar como testigos de la vida».