400 líderes quieren recoger el testigo de Francisco por la creación
Con ponentes como el actor Schwarzenegger, la Iglesia celebra con un gran encuentro los diez años del «acontecimiento sísmico» que según un experto fue Laudato si
En dos semanas, el supertifón Ragasa y el tifón Bualoi han dejado 60 muertos en el este de Asia. El filipino Yeb Saño, presidente de la Junta Directiva del Movimiento Laudato Si, ve en «la creciente frecuencia» de estos desastres la prueba de que en países como el suyo el cambio climático «no es una proyección de futuro, sino una realidad devastadora que ya se vive», deja atrás cosechas perdidas y acaba con las casas y el sustento de comunidades costeras enteras. Fue testigo de ello en 2013, cuando el supertifón Haiyan, «un monstruo sobrecargado por un océano más cálido», arrasó su pueblo natal.
Este activista, que fue director ejecutivo de Greenpeace en su región, relata que cuando estas naciones intentan reclamar en las cumbres del clima «recortes ambiciosos en las emisiones de CO2» de los países más contaminantes y «apoyo económico» para protegerse frente al calentamiento global, «nos enfrentamos a ejércitos de abogados y lobistas de los países ricos» y las petroleras que hacen que acaben en «compromisos diluidos». Como si «nos pidieran negociar sobre nuestro derecho a existir».

Pero en los últimos años cuentan con un aliado poderoso: la Iglesia. No solo «ofrece una poderosa brújula moral» que ha hecho que abordar la crisis climática se vea como «un profundo imperativo moral». Además, presta su capacidad de movilización «para amplificar las voces de los más vulnerables». Todo ello, asegura, se debe al «acontecimiento sísmico» que en 2015 supuso la encíclica Laudato si, del Papa Francisco. «Uno de los líderes morales mundiales más significativos abrazaba inequívocamente el consenso científico sobre el cambio climático y lo situaba como una cuestión central de la justicia social y la fe». Además de subrayar la dimensión moral de esta cuestión, «rompió el aislamiento entre ciencia y religión» y «dio a los activistas ambientales nuevos aliados y un lenguaje nuevo y holístico, la “ecología integral”».
Saño clausurará este viernes la conferencia internacional Raising Hope for Climate Justice (Generando Esperanza para la Justicia Global), que desde el miércoles reúne en Castel Gandolfo a 400 científicos y líderes religiosos y de la sociedad civil para conmemorar el décimo aniversario del documento. Se trata del broche final del Tiempo de la Creación, que concluye el sábado. Al cierre de esta edición, estaba previsto que el momento clave del evento fuera el discurso, en el acto inaugural, del Papa León XIV. Intervinieron antes de él Marina Silva, ministra de Medio Ambiente de Brasil y anfitriona de la cumbre del clima COP30 que su país acogerá en noviembre. De cara a ella, los organizadores del encuentro lamentaron la falta de avances para atajar la crisis climática y anunciaron que la conferencia concluirá con el lanzamiento del Compromiso Laudato Si’ 10 que se llevará a la COP. También participó el actor y exgobernador de California Arnold Schwarzenegger, fundador de varias iniciativas ambientales. Ante los medios, subrayó como «muy importante» la implicación de la Iglesia y animó a «hablar al corazón» de la gente para conseguir su apoyo a medidas por el medio ambiente.
Experiencias concretas
Durante estos días, más de 50 personalidades están participando en sesiones de trabajo y mesas redondas para hacer balance del camino recorrido y trazar los próximos pasos para aplicar la conversión ecológica a los retos del momento actual, con intervenciones como las del promotor del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, Kumi Naidoo. Los organizadores no quieren que el encuentro se quede en discursos teóricos. Por ello, al mismo tiempo un festival dará a conocer experiencias concretas. Pocos las conocen tan bien como Robert Vitillo, responsable dentro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Plataforma de Acción Laudato Si’.
En los últimos cuatro años, se han sumado a la iniciativa casi 11.000 instituciones y comunidades —desde conferencias episcopales a colegios— y 5.000 particulares de más de 150 países; en total, unos 20 millones de personas. La plataforma los ayuda a «traducir la fe en obras paso a paso» en su «aspiración de lograr la sostenibilidad total», explica Vitillo. Más de 1.000 ya han presentado planes con proyectos «medibles» como instalación de paneles solares, plantación de especies autóctonas, desinversión en combustibles fósiles o reducción de los desperdicios. Vitillo destaca casos concretos como el apoyo ofrecido por las hermanas franciscanas a los cartoneros en Argentina para organizar talleres escolares y reciclar residuos. O cómo en el archipiélago de Kiribati, en Oceanía, jóvenes católicos lideraron una campaña de plantación en la frágil costa de más de 3.000 mangles, «resistentes árboles que viven en agua salada y frenan la erosión»; toda una «muralla verde que protege sus comunidades» de la subida del mar.
—Fundó la Iniciativa Fe por la Tierra, de la ONU, en 2017, dos años después de Laudato si. ¿Qué significó la encíclica para la defensa del medio ambiente?
—Marcó un punto de inflexión al redefinir su protección como una responsabilidad moral, espiritual y existencial. Reafirmó el deber sagrado de los católicos de proteger la creación como parte integral de la fe. Promovió una profunda reflexión en otras religiones. En cuanto a las instituciones seculares, superó la brecha entre ciencia, política y espiritualidad, mostrando que la agenda ambiental no se puede seguir solo como un ejercicio técnico, sino que debe estar enraizada en la ética, la dignidad humana y la justicia intergeneracional.
El liderazgo del Papa y su colaboración con nuestra iniciativa inspiraron a actores de todas las tradiciones a implicarse con audacia en procesos como las cumbres climáticas. Esto llevó a que sus documentos reconocieran la responsabilidad moral. Incluso inspiró la creación de Al Mizan, «la Laudato si islámica». En esencia, ayudó a legitimar y elevar el papel de la fe en la gobernanza global del medio ambiente.
—Usted participa en Raising Hope. ¿Cuál es la contribución de las religiones a esta batalla?
—Aportan unos activos sin comparación. Tienen el poder de convocar a comunidades diversas, de convencer a miles de millones de creyentes y de conectar el corazón con la mente, moviendo de la conciencia a la acción. Muchas instituciones religiosas son grandes propietarias de tierras, gestoras de activos e inversoras. Alineando sus prácticas con su predicación pueden dar ejemplo de la transformación sostenible a la que llaman a otros. Un caso concreto es cómo Francisco anunció en 2020 que el Vaticano se comprometía a alcanzar cero emisiones netas de carbono en 2050.