21 de octubre: elecciones autonómicas en el País Vasco. Nacionalismo excluyente e Iglesia, incompatibles - Alfa y Omega

21 de octubre: elecciones autonómicas en el País Vasco. Nacionalismo excluyente e Iglesia, incompatibles

Cuando el nacionalismo pretende convertirse en religión, choca con la Iglesia. El próximo domingo, los sucesores de Batasuna se presentan a las elecciones al Parlamento vasco como partido que rechaza la violencia, pero hay algo que no pueden ocultar: su profunda aversión a lo cristiano

José Calderero de Aldecoa
Maestra del Colegio Virgen Blanca, de Huarte, da la bienvenida a sus alumnos.

En la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre los tres problemas principales que existen actualmente en España, apenas el 1,4 % de la población votó para incluir en la lista el nacionalismo. La encuesta fue realizada en el mes de septiembre, y desde entonces, es posible que esa percepción haya cambiado drásticamente.

«El nacionalismo no tiene por qué ser un problema, es un ámbito de la libertad humana. Se convierte en un problema cuando ese nacionalismo es exacerbado, cuando se intenta imponer al resto de realidades, cuando se convierte en excluyente», asegura don Daniel Arasa, que acaba de publicar un libro titulado Derechos Humanos y Religión en Cataluña (Pagés Editores), y es profesor de la Universidad CEU Abat Oliba.

¿En qué momento cruza el nacionalismo esa línea? Más de uno piensa hoy que el nacionalismo catalán moderado ha cruzado definitivamente el Rubicón, pero de lo que nadie duda es en identificar esta vertiente del nacionalismo con el mundo de ETA/Batasuna, reciclado hoy bajo las siglas de Bildu. Ese sector del nacionalismo que trató de implantar sus ideas por la fuerza, hoy, a pesar de «haber escenificado el cese de la violencia», no ha renunciado a sus objetivos, y se sirve de cualquier medio para imponer a los demás su forma de pensar, desterrando todo aquello que ocupe el lugar en el que debe situarse el pensamiento nacional, asegura doña Gotzone Mora, ex concejala socialista en Guecho y una de las voces que, con más firmeza, se han escuchado en España contra ETA. «El nacionalismo exacerbado ha utilizado todos los medios a su alcance, incluido el de disfrazarse con piel de cordero», cuando le ha convenido, asegura doña Gotzone.

No es casual que, allí donde prevalece el nacionalismo más radical, disminuya la práctica religiosa. La Iglesia se ha situado en el punto de mira, pues «ayuda a formar ciudadanos integrales y críticos», algo que no conviene a «las ideologías totalitarias», asegura don Juan Orella, portavoz del Foro El Salvador, que se autodefine como «expresión no nacionalista del catolicismo vasco». Ésta es la realidad, a pesar de que, históricamente, haya habido algunas convivencias entre el nacionalismo radical y algunos sectores de la Iglesia. «Los silencios, la inacción, la falta de apoyo a víctimas y amenazados ha sido una nota destacada por parte de determinados sectores de la Iglesia en el País Vasco. […] A veces, fue poco entendible y muy doloroso», señala la señora Mora.

Doña María del Carmen Heras, viuda de don Fernando Múgica, asesinado por ETA en 1996, cree, además, que la Iglesia y la religión son para los nacionalistas «un obstáculo más en su camino por imponer sus objetivos. La religión es un millón de ceros a la izquierda».

Lucha contra la asignatura de Religión

Bildu no oculta esa animadversión. Su programa electoral está impregnado de ideología laicista, e incluye la propuesta de desterrar la asignatura de Religión de las aulas públicas y concertadas vascas. Se pretende, en definitiva, eliminar la religión de la vida pública, con el fin de «evitar cualquier interferencia de convicciones religiosas, filosóficas o ideológicas en los objetivos educativos». También propone retirar todos los «recintos destinados al culto» de los edificios públicos, y denegar la donación de «suelo para lugares de culto ni otro tipo de centros educativos o de otra naturaleza religiosa».

Para el señor Orella, «un nacionalismo que aspira a ser el único representante de lo vasco, adquiere la forma de una religión. Los movimientos políticos con vocación totalitaria (Bildu) o laicistas (PSE o Ezker Batua) ven a la Iglesia católica como un peligroso rival en la educación y la formación de los jóvenes, y se tiende a expulsar a la Iglesia de los ámbitos de ocio, cultural y educativo», añade.

La presión nacionalista contra la religión, sin embargo, ha cambiado: «Ya no interesa el ataque directo y frontal. Hace años, mi mujer y yo, para poder ir a la novena de la Inmaculada, teníamos que atravesar una masa de abertzales que gritaban, blasfemaban y nos insultaban. Incluso, en alguna ocasión, llegaron a sacar la navaja a los jóvenes. Pero ahora, interesa presionar de otra forma», asegura un ex profesor vasco, que prefiere no dar su nombre. Ahora, afirma el señor Orella, asistimos a otro tipo de coacción: «La Federación de Asociaciones de Padres de alumnos de la Escuela Pública vasca realizó una campaña activa contra la matriculación en clase de Religión, ejerciendo presiones al profesorado. La EITB —radiotelevisión pública vasca— prohibió la campaña publicitaria que los obispos vascos pagaron a favor de las clases de Religión, porque el ente público autonómico no puede defender ideas religiosas».

La balanza se desnivela hacia los intereses nacionalistas. A día de hoy, el 23,5 % de las escuelas públicas vascas ya no imparte enseñanza de Religión, porque alegan que ningún padre lo ha pedido. Ya el año pasado, el Obispado de San Sebastián denunció que «muchos colegios no cumplen la ley en este aspecto» y se presiona para que nadie elija la asignatura. La situación viene de atrás, de cuando gobernaba el PNV, partido que, originariamente, se consideraba democristiano.