Al regresar a Roma tras su visita a Myanmar y Bangladés, el Papa reconoció que la India figuraba en el primer esquema del viaje, pero las circunstancias hicieron imposible esa etapa. Según Francisco eso ha sido providencial, porque la India requiere, dada la extensión, variedad de culturas y situaciones, un viaje único. La respuesta dejaba muchas cosas implícitas, pero quedó bien claro su deseo de acudir a este inmenso, prometedor y caótico país: «Espero poder hacerlo en 2018… ¡si vivo!».

India será uno de los colosos económicos, pero también tecnológico y militar, del siglo XXI, llamado a jugar un papel cada vez más relevante en la escena mundial. Se habla de «la mayor democracia del mundo», pero eso requiere importantes matices. Gandhi y Nehru, los padres de la independencia, soñaron un Estado sanamente laico que garantizase la convivencia y la libertad de los grupos y culturas presentes en la nación, pero ese diseño se encuentra hoy en grave riesgo, como han denunciado los obispos católicos. El triunfo de los nacionalistas hindúes en buena parte de los estados de la república ha favorecido el crecimiento de la intolerancia hacia las minorías y una alarmante pretensión de imponer el hinduismo como única seña de identidad nacional. Por otra parte, las desigualdades y la falta de cohesión social siguen siendo escandalosas.

En 2018 se van a cumplir diez años de las terribles persecuciones contra los cristianos en varios estados como Orissa y Uttar Pradesh. Aunque teóricamente se ha tratado de buscar a los culpables y llevarlos a juicio, en realidad han sido poquísimos los condenados. Desde entonces no ha desaparecido un acoso de baja intensidad, dependiendo de la inclinación de los poderes locales y regionales. La Iglesia se ha hecho más fuerte y consciente de las dificultades para su misión. En este caso no se trataría de visitar a una Iglesia niña, como cariñosamente definió el Papa a las de países como Laos o Camboya. La comunidad católica india está bregada en muchas batallas y debe jugar un papel decisivo en el futuro de su país y en el de la propia Iglesia universal. Se comprende la voluntad de Francisco de hacerse presente, pero el primer ministro Modi, líder del nacionalista BJP, juega a la ambigüedad. A pesar de sus buenas palabras, su mano está detrás de la cancelación del proyecto en 2017. Las palabras del Papa en el avión son un mensaje para los católicos, pero también un envite audaz dirigido a Nueva Delhi.

José Luis Restán