13 de enero: san Kentigerno (Mungo), el chico odiado por los monjes que resucitaba pájaros y hogueras - Alfa y Omega

13 de enero: san Kentigerno (Mungo), el chico odiado por los monjes que resucitaba pájaros y hogueras

El patrono de Glasgow murió en el agua en la que ofrecía el Bautismo al pueblo. Salvó a una reina de la venganza de su colérico esposo

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El artista callejero Smug pintó al santo en uno de los murales de Glasgow.
El artista callejero Smug pintó al santo en uno de los murales de Glasgow. Foto: Viajablog.

San Kentigerno, obispo de Glasgow, es más conocido entre los escoceses como san Mungo, una palabra de origen galés que significa «muy querido». No en vano, es patrono de aquella ciudad de Escocia y se le considera incluso su fundador. La madre de Mungo fue la princesa Teneu, hija de Lleuddun, rey de las tierras del norte. No está muy claro si fue víctima de una violación o tuvo un romance amoroso con Owain, hijo de Urien, soberano de otro reino rival más al sur; el caso es que quedó embarazada y un colérico Lleuddun arrojó a su propia hija por los acantilados de Traprain Law. La joven logró sobrevivir milagrosamente, pero navegó a la deriva en una barcaza. A través del estuario de Forth recaló en una aldea llamada Culross, donde la acogió la comunidad de monjes encabezada por san Serbán. Allí dio a luz y crió a su hijo Kentigerno, a quien el abad apodó Mungo, el «muy querido».

Los datos que han llegado hasta nosotros sobre san Serbán son tan curiosos como poco verosímiles. De él se decía que era hijo del rey de Canaán y que su madre era hija de un rey de Arabia. Buscando la santidad llegó a Roma y fue elegido Papa, un ministerio que ejerció durante siete años, al cabo de los cuales se encaminó al noroeste. Acabó en Escocia, donde la leyenda cuenta que llegó a matar a un dragón con su báculo de obispo.

Serbán acabó estableciéndose en Culross, el lugar donde acogió a Teneu y a su hijo ilegítimo, Mungo. Desde el principio, este suscitó el rechazo y la envidia de los monjes. Una noche, cuando Mungo estaba al cuidado del fuego para que no se extinguiera, unos clérigos se acercaron sigilosamente y lo apagaron mientras el chico dormía. Al amanecer, dándose cuenta de lo que había pasado, Mungo arrancó algunas ramas de un avellano congelado y, tras rezar sobre ellas y encender el fuego de nuevo, las ramas ardieron renovando la hoguera.

No contentos con aquello, los monjes mataron a un petirrojo muy querido por Serbán y que el abad cuidaba con mucho cariño. Luego echaron la culpa a Mungo. Este, en lugar de defenderse, rezó sobre el pajarillo, que recobró la vida ante el asombro de todos. El niño creció junto a la comunidad, y a la edad de 25 años ya salía en misión a predicar por los pueblos de la zona. Fijó su centro de operaciones junto a un volcán extinto en lo que hoy es el centro de la ciudad de Glasgow. Allí levantó una primera iglesia que, con los años, evolucionaría a la actual catedral de origen medieval.

«Que Glasgow florezca»

Mungo llevó durante toda su existencia una vida sobria y fueron muchos los que se acercaron a Dios gracias a su predicación y ejemplo, en una zona que con el tiempo se convertiría en una pujante ciudad. De hecho, el lema de la urbe, Que Glasgow florezca, se basa en las palabras de su santo patrón: «Que Glasgow florezca mediante la predicación y la alabanza».

También el escudo de la ciudad contiene cuatro símbolos que se corresponden con otros tantos momentos de la vida de Kentigerno: el petirrojo y el avellano, además de una campana y un salmón. El pez alude a un episodio enrevesado que tiene incluso connotaciones evangélicas. Al igual que Pedro pescó por orden de Jesús un pez con una moneda en su interior que le serviría para pagar sus impuestos, san Mungo hizo lo mismo para salvar la vida de una joven reina local. El esposo de esta le había regalado un anillo que ella entregó a su amante; cuando el rey se lo reclamó, al no obtenerlo y saber de su traición la quiso matar. Ella pidió auxilio a Mungo, que después de rezar se fue a pescar al río. Allí sacó a la orilla un salmón que contenía, milagrosamente, el anillo de la discordia.

La campana tiene su origen en una persecución contra los cristianos desatada por el rey Morken, que obligó a Mungo a huir a Menevia, donde recibió la acogida de san David de Gales, otro santo concebido en una violación y al que los galeses consideran su patrón. Después de un tiempo a su lado, Mungo decidió hacer una peregrinación a Roma. A su vuelta trajo una campana que, según la tradición, le regaló el Papa.

A su vuelta de Roma, Kentigerno visitó a san Columba, que tal vez le contaría su legendaria lucha años atrás con una bestia cerca del lago Ness. Luego se estableció de nuevo en Glasgow, donde una gran comunidad de hermanos se reunió a su alrededor para crecer en la fe. Entre ellos murió el 13 de enero de 613, después de sumergirse en el agua para administrar el Bautismo a varios conversos del pueblo al que entregó su vida.

El hospital de Harry Potter
Ilustración del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, uno de los lugares donde se desarrolla la saga de 'Harry Potter'

San Mungo ha dejado su huella también en el mundo literario. Así, dio nombre a una de las parroquias por las que anduvo el padre Brown, el popular sacerdote salido de la imaginación de G. K. Chesterton para resolver diversos crímenes. Pero, sin duda, es más conocido por dar nombre al Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, uno de los lugares donde se desarrolla la saga de Harry Potter. Es la estancia a la que van los aprendices de mago cuando tenían alguna urgencia médica que no puede ser tratada en la residencia Hogwarts. Allí se curan accidentes provocados por artefactos y por criaturas, así como enfermedades mágicas provocadas por pociones y hechizos.