100 años del asesinato del zar Nicolás: «Rechacemos un futuro feliz que rompa con la fe»

El patriarca Cirilo de Moscú presidió la noche del martes una manifestación de 100.000 personas para conmemorar el centenario del asesinato del zar Nicolás II. Su heredera, la gran duquesa María Románova, ha pedido «reconciliación y perdón», pero «no olvidar lo que ocurrió»

Alfa y Omega
Foto: AFP Photo/Kirill Kudryavtsev

El patriarca Cirilo de Moscú presidió la noche del martes una manifestación de 100.000 personas para conmemorar el centenario del asesinato del zar Nicolás II. Su heredera, la gran duquesa María Románova, ha pedido «reconciliación y perdón», pero «no olvidar lo que ocurrió»

100.000 personas participaron en la madrugada del martes en una procesión en memoria del último zar ruso Nicolás II y su familia en Ekaterimburgo, ciudad rusa en los Urales, donde hace 100 años fueron asesinados por los bolcheviques, informaron las autoridades locales.

La procesión, encabezada por el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo, y el gobernador regional, Yevgueni Kuivashev, comenzó en la catedral de la Sangre Derramada, erigida en 2003 en el lugar de la casona en cuyo sótano fue fusilada la familia imperial.

Tras recorrer 21 kilómetros, los participantes llegaron a la localidad de Gánina Yama, donde los ejecutores de Nicolás II y su familia trasladaron los cadáveres y, tras intentar destruirlos con ácido y quemarlos, los enterraron. «Después de esta dura y amarga experiencia, debemos crear una reacción de firme rechazo a toda idea y a todo líder que proponga avanzar hacia un futuro nuevo, desconocido y feliz mediante la ruptura con nuestro modo de vida, nuestras tradiciones y nuestra fe», dijo Cirilo a los fieles antes del inicio del recorrido.

En los actos conmemorativos con motivo del centenario del asesinato del último zar ruso participa la gran duquesa María Románova, nacida en España y jefa de la Casa Imperial Rusa, quien llegó a Rusia acompañada de su hijo Jorge. Románova ha llamado a los rusos a la «reconciliación». En una entrevista a EFE, ha afirmado: «Hay que perdonar. Pero sería incorrecto olvidar lo que ocurrió entonces. Fue una ejecución perpetrada por un régimen totalitario por motivos religiosos, sociales y de clase».

Mea culpa colectivo

Han pasado ya 100 años del magnicidio, pero ese herida sigue supurando. En una especie de mea culpa colectivo, en ciudades como San Petersburgo, Rostov, o Novosibirsk se han colgado carteles con el texto «¡Perdónanos, Señor!».

Según un sondeo publicado este lunes, más de la mitad de los rusos, el 57 %, considera que el fusilamiento de Nicolás II, su esposa, sus cinco hijos y cuatro sirvientes fue un «crimen monstruoso». Mientras, casi una tercera parte opina que el emperador merecía ser castigado, pero no de esa forma tan cruel. Y solo el 3 % cree que el fusilamiento de Nicolás II y su familia fue «un justo castigo por los errores del emperador».

Se trata, por otro lado, de un crimen sin resolver. Se sabe quiénes fueron los ejecutores, pero no el papel de Lenin. Algunos historiadores, que se basan en las memorias de León Trotski, consideran que el fundador de la URSS ordenó el asesinato del zar, que había abdicado el 2 de marzo de 1917 tras la Revolución (burguesa) de febrero. Pero nunca se encontraron pruebas documentales de ello.

Tampoco está completamente aclarado si los restos encontrados corresponden a la familia imperial. A pesar de numerosos pronunciamientos científicos en sentido afirmativo, tanto la Iglesia ortodoxa rusa como los herederos del zar se habían mostrado reacios a reconocerlos como reliquias. Con todo, representantes del patriarcado de Moscú se han comprometido a revisar los últimos resultados, que se hicieron públicos esta semana, y que una vez más aseguran que los restos son los de Nicolás II y su familia.

El Kremlin, al margen

Como ocurriera con el centenario de la Revolución Bolchevique, el Kremlin se ha mantenido al margen de los actos conmemorativos en un intento de no tomar partido. El presidente ruso, Vladímir Putin, anda con pies de plomo en todo lo que tiene que ver con las figuras históricas, sea el fusilamiento de Nicolás II, Lenin y su mausoleo, o la rehabilitación de la figura de Stalin.

En cambio, la Iglesia ortodoxa rusa, que canonizó a la familia imperial nada más llegar Putin al poder en el año 2000 y es la guardiana del legado zarista, sí ha elegido un bando: el zarista.

Durante una visita de varios días a Ekaterimburgo, el patriarca Cirilo llevó los restos de Elizaveta Fiódorovna –hermana de la emperatriz, que fue asesinada al día siguiente que la familia imperial–, reliquia que puede ser venerada por los fieles ortodoxos.

EFE/Alfa y Omega