Me gusta decir lo bueno del otro y que pueda disfrutar de ello. Escucharlo. Leerlo. No deberíamos homenajear únicamente cuando la ausencia hace imposible el deleite. Y yo que, en ocasiones, he elegido muy mal en la vida, también he sido bendecida con quien me acompaña en el camino. Y quiero proclamarlo.
Mi amiga Zu es una de esas personas que quieres al instante de conocerlas. Mujer fuerte, recia me atrevería a decir, sabe desde pequeña lo que es la supervivencia, el cuidado, el desarraigo y la pérdida. Esas muescas en el corazón la han llevado a conformar su historia desde una honradez y sentido común fuera de lo normal. Zu tiene los ojos más bonitos de Europa y la sonrisa más verdadera de Madrid, pero, sobre todo, esa luz que desprende nace de la certeza de saber que hay un único lugar por el que transitar en esta tierra, que no es otro que el de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y en esa doble tarea enfoca toda su jornada como hija, madre, esposa, amiga y trabajadora. Siempre con las prioridades claras, dejará todo lo que tiene entre manos, que no es baladí ni intrascendente, para darte una palabra. Zu no tiene miedo a nada porque se sabe querida de lo alto. Zu es mi amiga.