Volver a la cruz - Alfa y Omega

Volver a la cruz

Sábado de la 5ª semana de Cuaresma / Juan 11, 45-57

Carlos Pérez Laporta
Los fariseos y los herodianos conspiran contra Jesús. James Tissot. Museo de Brooklyn, Nueva York.

Evangelio: Juan 11, 45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:

«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:

«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:

«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Comentario

«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». Caifás tampoco entendió ni una palabra de las que decía, porque su intención inmediata era otra muy distinta a la verdad que realmente expresaban: «Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos».

Eso es un descanso para los sacerdotes también hoy: el Señor se sirve de nuestras pobres palabras e ideas para deciros verdades en vuestra vida. Es normal que así sea: en la muerte de Jesús hay mucho más que un acontecimiento político, religioso o social. En el elemento causal («por nosotros») acontece toda la verdad de la historia de la humanidad y toda la verdad de la vida particular de cada uno.

La cruz de Cristo es el centro y la verdad de todos y cada uno de los hombres. Por eso al hablar de la cruz la verdad que se expresa siempre excede a la que se piensa. Por eso, esa verdad está destinada reunirnos de nuestra dispersión. Siempre que nos dispersemos, que por nuestros pecados o por nuestra distracción y pereza perdamos el centro de la vida, basta con volver a la cruz.