La parroquia del Padre Nuestro, un proyecto desde la pila bautismal hasta Vida Ascendente  - Alfa y Omega

La parroquia del Padre Nuestro, un proyecto desde la pila bautismal hasta Vida Ascendente 

Esta parroquia acoge uno de los ocho proyectos piloto para la iniciación cristiana de adultos en Madrid. Nació y creció a la vez que el aeropuerto de Barajas

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Fotografía exterior del templo
En el barrio viven empleados de Iberia y del aeropuerto. Foto: Parroquia del Padre Nuestro.

Al noreste del municipio de Madrid, a unos diez kilómetros de la Puerta del Sol, se alza la Alameda de Osuna. Enclavada cerca del parque del Capricho, donde tenían los duques de Osuna su palacio, la zona cambió mucho cuando en los años 30 del siglo pasado empezó a prestar servicio el aeropuerto de Madrid-Barajas. Su actividad propició la aparición de un nuevo barrio habitado sobre todo por empleados de Iberia, dado que se podía ir andando desde él hasta el aeropuerto.

Esos trabajadores son ya mayores y siguen en la Alameda, pero han visto cómo a su alrededor han proliferado nuevos bloques de viviendas ocupadas por multitud de familias con niños. Todo eso se nota en la parroquia del Padre Nuestro, un templo que nació de una iglesia original del siglo XVI dedicada a santa Catalina de Alejandría, todavía muy querida entre los vecinos del barrio.

Edificada en los años 70 y luego trasladada en el año 2007 a otro lugar de la misma calle, la iglesia del Padre Nuestro ofrece «un proyecto pastoral que engloba desde la pila bautismal hasta Vida Ascendente. Aunque hay muchos grupos, no está fragmentada, porque queremos que sea una parroquia para todos, y que cada uno la sienta como suya», afirma Francisco Santos, el párroco.

Procesión de Santa Catalina de Alejandría.
Procesión de Santa Catalina de Alejandría. Foto: Parroquia del Padre Nuestro.

Como otras muchas en Madrid, la iglesia acoge catequesis de iniciación de infancia, catequesis de jóvenes —de las que salen las celebraciones de la Confirmación y el grupo de jóvenes— y un grupo de matrimonios. Pero quizá lo más especial sea el catecumenado de iniciación cristiana de adultos, uno de los ocho proyectos piloto en los que se desarrolla un itinerario homogeneizado que servirá de base para otros en la archidiócesis de Madrid.

«Tenemos con ellos varias reuniones de formación y celebraciones, junto a algunos actos comunes que se hacen a nivel diocesano», señala el párroco, para quien es imprescindible «integrar a estas personas en la vida de la Iglesia diocesana». El año pasado se bautizaron nueve y este curso ya son varios los adultos que se han acercado a la parroquia para conocer más la fe y celebrarla con toda la comunidad.

Además de las Misas diarias y las de los domingos, los fieles tienen varios momentos a la semana para juntarse a rezar. Así, hay tres adoraciones a la semana: una la organizan los mayores, otra los matrimonios y la última los jóvenes; en todas se expone el Santísimo y se incluyen meditaciones en el tono del momento vital del grupo que la lleva.

El grupo de iniciación cristiana de adultos.
El grupo de iniciación cristiana de adultos. Foto: Parroquia del Padre Nuestro.

Junto a ello, hay tres talleres anuales de oración según el estilo del padre Ignacio Larrañaga, para niños, jóvenes y adultos. Y hace poco unos jóvenes pidieron al párroco un rato el miércoles por la tarde para rezar juntos el rosario: «Me pareció algo estratosférico y pensaba que iban a ser tres, pero resulta que vienen muchos», exclama Santos.

De cara a la evangelización, «no nos gusta buscar paracaidistas; somos más de la gente del barrio», afirma el sacerdote. Por eso, busca construir comunidad, «que haya relación entre la gente e interactúen entre ellos». Para ello, organizan actividades para todos, sobre todo con motivo de la fiesta de la parroquia o de cara a la Navidad, cuando un belén viviente une a muchos en torno al pesebre.

En cualquier caso, todas las realidades «tienen una dimensión misionera, eso lo tenemos claro», declara Francisco Santos. «Por ejemplo, si vienen jóvenes a alguna de las actividades es porque los chicos son misioneros entre sus amigos y conocidos. De hecho, los grupos de jóvenes y adultos funcionan por el boca-oreja», cuenta. Eso consigue que, «al final, estemos muy integrados en el barrio, porque la parroquia no es solo el templo, sino toda la gente que vive aquí y que pisa la calle».