Vivir con menos

La única forma de conseguir Un proyecto común pasa por «sentir al otro como mi hermano», señala monseñor Juan José Omella, obispo de Calahorra La Calzada-Logroño y Consiliario Nacional de Manos Unidas. Para conseguirlo, no basta con buena voluntad, sino que es fundamental «abrirnos a Jesucristo y seguirle pobremente». Así, aprenderemos a vivir con menos y a pensar en tantos que no tienen nada que comer

Cristina Sánchez Aguilar
Monseñor Omella con Manos Unidas en Madagascar. Foto: Marta Peláez
La única forma de conseguir Un proyecto común pasa por «sentir al otro como mi hermano», señala monseñor Juan José Omella, obispo de Calahorra La Calzada-Logroño y Consiliario Nacional de Manos Unidas. Para conseguirlo, no basta con buena voluntad, sino que es fundamental «abrirnos a Jesucristo y seguirle pobremente». Así, aprenderemos a vivir con menos y a pensar en tantos que no tienen nada que comer

¿Cuál es el objetivo de la campaña anual de Manos Unidas?

Sensibilizar a la población obre la cantidad de gente que muere de hambre en el mundo. Y más, sabiendo que hay suficientes recursos para todos, como hemos recordado en la campaña conjunta con Cáritas Internationalis, Una sola familia humana. Alimentos para todos.

¿Qué acciones proponen?

La oración, para que el Señor nos mueva el corazón hacia una mayor solidaridad. Mañana celebraremos el Día del Ayuno Voluntario, una iniciativa en la que uno se priva, un día al año, para solidarizarse con los que ayunan todos los días. También a través de la aportación económica, porque aunque en España estamos regular, no podemos olvidar que hay personas que, desde que nacen hasta que mueren, no tienen nada que comer.

¿Han disminuido las aportaciones de los españoles?

Los españoles son solidarios desde siempre: en la primera campaña, en 1959, se recaudaron 500.000 pesetas. En 2012, más de 48 millones de euros. Tengo que agradecer al pueblo español su gratitud a través de las donaciones, y también a través de las herencias. Aunque sí hemos notado un leve descenso en las colectas de Manos Unidas; pero en Cáritas, por ejemplo, se han triplicado. Eso significa que la población española es sensible al sufrimiento, pero no puede cubrir todos los frentes.

Entonces, ¿nos hemos olvidado de los que están lejos?

La caridad empieza por los que están más cerca, sin olvidar a los de lejos. No nos podemos encerrar y olvidar a los que se mueren de hambre. Es paradójico que vivamos en un mundo cada vez más globalizado, y a la vez cada vez más ensimismado.

Además, está comprobado que cada euro puede salvar vidas…

Manos Unidas envía el 84 % de todos sus recursos. Yo he visitado muchísimos países, y lo puedo certificar. Además, es admirable que la institución sólo se gaste un 7,5 % de los recursos en administración. Esto se debe a los voluntarios, nuestra mayor riqueza.

La campaña de este año habla de un proyecto común. ¿Cómo alcanzamos esto?

La paz tiene un camino, que es la fraternidad, es sentir al otro como mi hermano.

Y eso…, ¿cómo lo hacemos, en la práctica?

La fraternidad se vive viendo al otro no como un rival que viene a quitarnos lo que tenemos. ¿Por qué no ayudamos a los inmigrantes a que no tengan que salir de su país? También ayudando al desarrollo integral de la persona, en todas las dimensiones: trabajando por mejorar su alimentación, su educación, su salud… Compartiendo, aunque tengamos que vivir un poco peor.

Para implementarlo, es necesario algo más que buena voluntad…

Necesitamos abrirnos a Jesucristo, seguirle pobremente. No podemos vivir aumentando nuestras ganancias cada día más; nunca estamos satisfechos en esta dinámica del tener. Y esto nos lleva a sufrir, porque perdemos la fraternidad, la alegría de estar con otros.

Esto, sólo con particulares, no se consigue…

Interpelo también a los grandes empresarios y Estados…, ¿qué están haciendo por invertir en cooperación y desarrollo? Hace unos años, se hablaba del 0,7 %, pero, ¿cuántos han firmado eso? España está en crisis, ciertamente, pero en los años anteriores tampoco invertíamos lo suficiente.

C. S. A.