Violencia religiosa: ¿Qué nos enseña la Biblia? Un rabino responde - Alfa y Omega

Violencia religiosa: ¿Qué nos enseña la Biblia? Un rabino responde

La Biblia está llena de historias de rivalidad entre hermanos y Jonathan Sacks, ex rabino jefe de la Commonwealth, no duda en aplicarlas a la violencia entre judíos, cristianos y musulmanes…

María Martínez López

La Biblia está llena de historias de rivalidad entre hermanos y Jonathan Sacks, ex rabino jefe de la Commonwealth, no duda en aplicarlas a la violencia entre judíos, cristianos y musulmanes. Las tres religiones monoteístas –explica– compiten por la legitimidad de ser hijos de Abraham. La respuesta del Génesis es: «Para amarme a mí, Dios no tiene que odiarte a ti». De hecho, también amaba a los enemigos de Israel

«No me imagino a los aristotélicos alzándose en armas contra los platónicos», a pesar de que ambos grupos defendían dos formas distintas de ver el mundo. ¿Por qué, entonces, la historia está plagada de conflictos entre judíos, cristianos y musulmanes? El rabino Jonathan Sacks, ex rabino jefe de la Commonwealth, da una respuesta sorprendente: son como hermanos que se pelean. Sacks defiende esta idea en su último libro, «No en nombre de Dios», sobre la violencia religiosa.

«Como todos se definen como hijos de Abraham, cada uno tiene que ser capaz de decir: «Yo soy un hijo auténtico, y por tanto tú no lo eres». El mismo hecho de que tú existas y te definas a ti mismo como me defino yo eres una amenaza», explicó en una entrevista en vídeo a la revista estadounidense «First things». Es una historia antigua como la humanidad: Caín y Abel, Isaac e Ismael, Esaú y Jacob, José y sus hermanos… Multitud de relatos del Génesis, que el rabino ha estudiando en profundidad durante décadas, reflejan esta «rivalidad fraterna».

«Relatos muy profundos»

Sin embargo, la Biblia no solo denuncia este fenómeno, asegura Sacks. «Estos relatos son mucho más profundos de lo que normalmente asumimos. Cada uno contiene un contrarrelato oculto que va más allá de la rivalidad para comprender que el amor de Dios es infinito y que para amarme a mí no tiene que odiarte a ti; que para elegirme a mí no tiene que rechazarte a ti. Cuando intentas leerlos desde una perspectiva a la vez judía, cristiana, y musulmana, te das cuenta de que son relatos muy profundos, afinados con mucha precisión, y un intento de curar» el odio.

La rivalidad fraterna en la Biblia «no es una historia trágica, sino de esperanza», afirma convencido el rabino. Para llegar a esta conclusión, se fija en cómo van evolucionando las escenas finales de cada relato: «Con Caín y Abel, Abel yace muerto. Con Isaac e Ismael, los dos están juntos en la tumba de Abraham. Con Esaú y Jacob, se encuentran, se besan, se abrazan, y cada uno va por su camino. Con José, hay perdón y reconciliación».

El Islam radical y el mal altruista

Esta visión de esperanza contrasta con la situación actual del mundo musulmán. Sacks ve en el islam radical un nuevo brote de dualismo patológico, «la idea de que en el universo hay dos fuerzas operantes, un dios bueno y un dios malo». Esta cosmovisión, incompatible con el monoteísmo, se manifiesta «de vez en cuando en la historia. El nazismo era dualista. El comunismo estalinista era dualista. Somos nosotros, los buenos, contra nuestros enemigos, los malos». Esta mentalidad surge cuando se ve que «el mundo no es como debería ser» según tus creencias. «Cuando esto sucede, tienes dos opciones: puedes decir que el sufrimiento, la guerra y la turbulencia vienen de Dios. Pero cuando eso se vuelve insoportable, dices que vienen de una fuerza contraria a Dios». Los islamistas, por ejemplo, piensan que luchando contra Occidente combaten a Satanás.

Esta cosmovisión llevada al extremo «es muy peligrosa, porque te lleva a ver que tu bando es todo bueno, y el otro bando es todo malo. Esto paraliza el sentido moral porque te lleva a demonizar y deshumanizar a tus oponentes; te libera de responsabilidad moral porque te defines a ti mismo como víctima»; y al final cae en el «mal altruista: hacer algo claramente malvado en el nombre de Dios o de lo sagrado».

En su libro, Sacks también defiende que hace falta cambiar nuestra forma de diagnosticar el odio racial o religioso. Se deben buscar sus causas –defiende– más en quien lo comete. El antisemitismo, en su opinión, es el ejemplo más claro. «En cualquier lugar en el que se encuentre un antisemitismo obsesivo, irracional, asesino, encontrarás una cultura tan dividida y fracturada internamente, que si sus miembros dejaran de matar judíos, empezarían a matarse unos a otros», afirma en No en nombre de Dios. Sacks cree que «eso es lo que está sucediendo ahora mismo en Oriente Medio».

Foto: CNS

Dios enseñó empatía a su pueblo

La respuesta está en ponerse en el lugar del otro. «Pienso de verdad que lo que realmente nos convierte en morales es este cambiar de papel». «Esto no es algo accidental en la Biblia. De hecho, creo que es el relato central. La historia judía comienza cuando Dios le dice a Abraham: «Sal de tu tierra y de la casa de tus padres»»; es decir, de la visión circunscrita a su propia comunidad. «¿Por qué el camino a la tierra prometida pasa por Egipto? ¿Por qué el camino a la libertad pasa por la esclavitud?» Para que luego, Dios pueda decir: «No oprimas al extranjero, porque fuisteis extranjeros».

¿Es Dios necesario para descubrir esta empatía? El rabino cree que sí, porque «siempre empezamos con nosotros mismos, y el círculo se ensancha a la familia, los amigos, la comunidad, la sociedad; el yo pasa al nosotros, al egoísmo colectivo. En ese proceso, no hay nada que me lleve a dotar de humanidad a quien no es parte de nosotros sino de ellos. Dios, siendo el radicalmente otro, nos fuerza a relacionarnos con el humano que es radicalmente otro, con el extranjero. Por eso amar al extranjero se repite tantas veces en la Biblia. Es la ley divina definitiva, que nos permite acoger la ley humana».

Sacks refuerza esta lectura del Génesis con otros relatos bíblicos. Por ejemplo, cuando «Dios manda a Jonás a Nínive, la capital militar de Asiria, los enemigos de Israel. Jonás no quiere ir. ¿Por qué necesita salvar a sus enemigos de la ira de Dios? Pero Dios insiste, y al final Jonás debe aprender que Él se preocupa por los habitantes de Nínive». También el Talmud recoge esta corriente de pensamiento: cuando los egipcios se estaban ahogando en el Mar Rojo y los ángeles comenzaron a cantar, este texto judío pone en labios de Dios la siguiente recriminación: «Las obras de mis manos se están ahogando en el mar, y vosotros deseáis cantar mi alabanza».

Llega la des-secularización

El estudioso judío vuelve en su libro a una de las ideas clave de su obra: el retorno de la religión. En el siglo XXI, en muchas partes del mundo, está ocurriendo «lo único que nadie pensó posible: que la religión podría volver al centro del escenario de la política global –asegura en la entrevista con First things–. La gente pensaba que cada sociedad tendría que pasar eventualmente por la modernización; y que tendría que hacerlo según el modelo occidental. Eso implicaba un papel cada vez más reducido para la fe religiosa».

Sin embargo, «la ciencia, la tecnología, la política democrática liberal, el mercado libre… todo son formas de mediar el conflicto, pero ninguna da respuestas sustantivas sobre las preguntas que todos nos haríamos si fuéramos mínimamente reflexivos: ¿quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo debo vivir? El occidente moderno, consumista, secular, democrático, guiado por la economía de mercado, nos ofrece un máximo de elecciones pero un mínimo de significado». Esto, unido a la influencia de la tecnología y al hecho de que las personas religiosas tengan más hijos que las que no lo son hace que, según Sacks, el siglo XXI sea el que vea el comienzo de la des-secularización.

«Todos somos preciosos a los ojos de Dios»

El retorno de la religión se relaciona también, en opinión del rabino, con «la necesidad de una identidad. No somos todos iguales. Y por tanto cualquier intento de imponer una única verdad en un mundo plural lo hará con algún tipo de violencia. Por otro lado, el individualismo de la cultura occidental no es realmente sostenible a largo plazo. Todos somos parte de familias, comunidades, historias, y por tanto habrá tribus».

«Los grandes intentos de escapar de la identidad, ya sea a través del universalismo o del individualismo», secular o religioso, «siempre han fracasado», escribe Sacks en la conclusión de su libro. ¿Cómo evitamos que esa fidelidad a la propia identidad termine en conflicto con el otro? «La única alternativa adecuada propuesta por el Génesis es decir que Dios hizo dos alianzas con nosotros: una en nuestra común humanidad, la otra en nuestra identidad específica. La primera hace referencia a la universalidad de la justicia. La segunda, a la particularidad del amor. En ese orden».

Y continúa: «Ningún alma se ha salvado nunca por el odio. Ninguna verdad se ha probado nunca por la violencia. Ninguna redención vino por una guerra santa. Ninguna religión ganó la admiración del mundo por su capacidad para causar sufrimiento a sus enemigos (…) El Dios de Abraham es el poder que rescata a los impotentes; el Dios de gloria que vuelve el resplandor de su rostro a aquellos que no tienen gloria mundana: los pobres, los desposeídos, los solitarios, los marginales. Dios oye el llanto de los que no son escuchados y, si le seguimos, nosotros también. Ahora es el tiempo para que judíos, cristianos y musulmanes digan lo que no dijeron en el pasado: «Todos somos hijos de Abraham. E independientemente de que seamos Isaac o Ismael, Jacob o Esaú, Lea o Raquel, José o sus hermanos, somos preciosos a los ojos de Dios»». La entrevista completa puede verse, en inglés, aquí.

María Martínez López