Vicente Martín, en el III Foro sobre el perdón: La «sociedad necesita profundizar en la reconciliación» - Alfa y Omega

Vicente Martín, en el III Foro sobre el perdón: La «sociedad necesita profundizar en la reconciliación»

El obispo auxiliar ha participado en el III Foro sobre el perdón una iniciativa conjunta de la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE y el Instituto de espiritualidad de la Universidad Pontificia de Comillas

Santiago Tedeschi Prades
III Foro sobre el perdón. Foto: Infomadrid.

«Se puede morir perdonando y se puede vivir perdonando». Así ha concluido su saludo el obispo auxiliar de Madrid, Vicente Martín, en el III Foro de diálogo y estudio sobre el perdón y la reconciliación, una iniciativa conjunta de la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE y el Instituto de espiritualidad de la Universidad Pontificia de Comillas.

Un foro que ha empezado con el saludo de Ángel Cordovilla, decano de la Facultad de Teología, que ha remarcado que «desde hace años es voluntad expresa de los jesuitas afrontar el desafío de la reconciliación» y ha recordado como en la Congregación General 35 se subrayaba que la reconciliación se presenta en una triple dimensión: una reconciliación con Dios, «causa de nuestro consuelo y de alegría», con la humanidad que «demanda de nosotros un servicio de justicia y de paz, sirviendo a los pobres y excluidos» y, en tercer lugar, una reconciliación con la creación «ante la crisis ambiental y social en la que estamos inmersos».

El obispo auxiliar de Madrid ha saludado a los presentes subrayando que «la actualidad del tema que vamos a abordar no necesita mucha justificación porque en el momento presente se hace evidente que nuestra sociedad está necesitada de profundizar en la cultura de la reconciliación». Un perdón que será posible «solo si los corazones de cada individuo se han dejado inundar por la reconciliación». Debemos, por tanto, según el obispo auxiliar de Madrid «aprender a mirar y enseñar a mirar para amar perdonando».

«Para que pueda darse el perdón hay que vivir un espíritu de acogida mutua en las relaciones cotidianas. El perdón no se improvisa, necesita de un camino a veces costoso, exige tiempo, no consiste en un acto de la voluntad, tiene que pasar mucho tiempo y transitar por varias etapas. Por lo general el perdón es el final de un proceso en el que intervienen a la sensibilidad, la comprensión, la lucidez, la renuncia a la venganza y el acercamiento, a la fe en un Dios de cuyo perdón vivimos todos», ha remarcado el obispo auxiliar de Madrid.

Perdonar es seguramente algo «nos hace bien y si no puede cambiar el pasado, sí puede cambiar el futuro. Quien va entendiendo así el perdón comprende que el mensaje de Jesús – amar incluso a los enemigos – lejos de ser algo imposible e irritante es el camino acertado para ir curando las relaciones humanas, siempre amenazadas por nuestras injusticias y conflictos».

La conferencia de la profesora María Prieto Ursúa

La profesora en Psicología en Comillas, María Prieto Ursúa, ha ofrecido a continuación la conferencia-coloquio Sobre el perdón y la reconciliación desde una perspectiva psicológica: resolución de conflictos en las relaciones interpersonales, en la que reflexionó sobre el papel del perdón como posible camino de sanación.

Durante su conferencia, Prieto Ursúa explicó que el malestar posterior a una ofensa grave es una experiencia común en las víctimas de agresiones severas y suele manifestarse en tres niveles. En el plano afectivo, aparecen emociones como rabia, dolor o tristeza; en el cognitivo, surgen pensamientos recurrentes, preguntas sobre el porqué de lo ocurrido o incluso fantasías de venganza; y en el conductual, se expresan reacciones como evitar al agresor, enfrentarse a él o buscar represalias. En este sentido, la psicóloga subrayó que «el perdón es un derecho, no una obligación».

Perdón y reconciliación

La profesora también distinguió entre perdón y reconciliación, dos realidades que no siempre coinciden. En la experiencia clínica, señaló cuatro posibilidades:

  • Perdonar y reconciliarse, una situación que suele darse cuando previamente existía una relación sólida.
  • Perdonar sin reconciliarse, especialmente cuando no es posible retomar la relación o existe riesgo para la víctima
  • Reconciliarse sin haber perdonado, algo que puede ocurrir cuando se retoma la relación sin haber elaborado el daño, lo que genera un alto coste emocional y puede esconder un “falso perdón”.
  • No perdonar ni reconciliarse, una reacción frecuente en los primeros momentos cuando el daño se percibe como imperdonable.

Un proceso en varias etapas

Finalmente, la psicóloga propuso algunos pasos que pueden facilitar un perdón auténtico. El primero es reconocer el daño, identificando los distintos niveles de dolor que pueden aparecer, desde la rabia y la rumiación hasta los cambios personales o de visión de la vida. Después llega la decisión de perdonar, entendida como un compromiso personal tras reconocer la necesidad de cambio. A partir de ahí se desarrolla un trabajo interior, que puede incluir contextualizar al ofensor, desarrollar empatía o aceptar el dolor vivido.

El proceso culmina con una profundización, en la que la persona busca sentido a lo ocurrido, cierra el capítulo vivido y reconoce los apoyos recibidos en el camino.

Los testimonios: José Luis Segovia y Andrés Nájera Ceacero

Tras el descanso, también participaron dos ponentes que ofrecieron su reflexión desde la experiencia pastoral y el testimonio de la Iglesia: José Luis Segovia, Vicario Episcopal de Pastoral de la archidiócesis de Madrid, y Andrés Nájera Ceacero, delegado de las causas de los santos de la diócesis de Jaén. El primero en intervenir fue el vicario episcopal de Pastoral de la archidiócesis de Madrid, con la ponencia ¿Se puede perdonar lo imperdonable?. Durante su intervención subrayó que la experiencia del perdón no es algo abstracto, sino profundamente personal y ligada a la propia historia: «Hablar del perdón es hacerlo desde la experiencia personal, en primera persona», afirmó.

En una sociedad donde «no pasamos ni una», el vicario episcopal subrayó la necesidad de «personas perdonadoras» que hagan posible segundas oportunidades para quienes se han equivocado. Para ello, indicó, son necesarias «dosis de memoria y de olvido», dos elementos que permiten abrir caminos de reconciliación.

Como ejemplo del poder transformador del perdón, evocó el encuentro entre Juan Pablo II y Mehmet Ali Ağca, el hombre que atentó contra su vida. Según relató, el propio Ağca llegó a afirmar que, tras la muerte del Papa, sintió que había perdido «a un amigo y a un hermano». Desde esta perspectiva, sostuvo que el ser humano es capaz de cambiar y comenzar de nuevo, también gracias a la gracia de Dios.

En este contexto, defendió que la comunidad cristiana debe convertirse en «el primer laboratorio del perdón en acto», donde la escucha y el conocimiento mutuo faciliten la reconciliación. «Cuando uno conoce la historia del otro, su autobiografía, el perdón surge con mucha más facilidad», señaló. Segovia también compartió su experiencia en los encuentros restaurativos entre víctimas del terrorismo y victimarios. En ellas se puso en práctica lo que definió como la justicia de las “tres R”: responsabilización del infractor, reparación a la víctima y restablecimiento de la paz y la reconciliación cuando es posible. «El perdón es posible; incluso se puede perdonar lo imperdonable», concluyó, señalando que la dimensión religiosa, bien entendida, puede ser un importante facilitador de este proceso.

El testimonio de los mártires de Jaén

Por su parte, Andrés Nájera Ceacero, delegado de las causas de los santos de la diócesis de Jaén, presentó la ponencia Perdón y reconciliación en los beatos mártires de Jaén. En ella reflexionó sobre cómo la fe puede ayudar a vivir el perdón incluso en situaciones extremas. Durante su intervención destacó también el testimonio de los 124 mártires de la persecución religiosa en España beatificados en diciembre en la diócesis de Jaén. Según explicó, al estudiar sus historias para el proceso de beatificación llegó a una conclusión común: todos murieron perdonando a sus asesinos.

«En ellos no se percibe odio ni rencor», afirmó. Muchos afrontaron la muerte confiando en la misericordia de Dios y en la vida eterna, viendo incluso a sus verdugos como instrumentos que les abrían «de par en par las puertas del cielo»

Nájera subrayó además que las familias de estos mártires han vivido durante décadas con el dolor de la pérdida, pero también con una fe que les ha permitido mirar hacia adelante sin cerrar en falso la herida. A su juicio, los mártires reflejan de manera especial el rostro de Cristo y su ejemplo puede ayudar a los cristianos a vivir de otra manera en el mundo. «Nuestra tarea no es otra que seguir a Cristo e inyectar en este mundo una dosis de otra forma de vivir», concluyó.