Vía Crucis magno en Córdoba, con motivo del Año de la fe. Cristo, «vivo y presente en medio de nosotros» - Alfa y Omega

Vía Crucis magno en Córdoba, con motivo del Año de la fe. Cristo, «vivo y presente en medio de nosotros»

150.000 fieles acompañaron el pasado sábado, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, un acontecimiento excepcional en Córdoba: el Vía Crucis magno protagonizado por 18 pasos de Semana Santa. A la luz de la fe, «cada imagen se convierte en estandarte, que atrae todas las miradas –afirmó el obispo–. Jesús está vivo, y me ama»

María Martínez López
Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas pasa por la Puerta del Puente.

Cristo, «centro de nuestra vida y de nuestra Historia, sigue vivo y presente en medio de nosotros. La fe en Él ha movido montañas, como ha movido hoy a la ciudad de Córdoba». Estas palabras de monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, no están dichas a la ligera. Efectivamente, toda Córdoba se movilizó, el sábado pasado, para celebrar el Vía Crucis magno de la Fe.

Esta iniciativa ha sido la aportación de las Hermandades y Cofradías de la ciudad a la celebración del Año de la fe. Para el cristiano, la Cruz «no es solamente un objeto de adorno, sino el símbolo y la señal de un acontecimiento histórico, que ha cambiado el curso de la historia humana», subrayó monseñor Fernández.

Acompañando al Redentor

Los 18 pasos elegidos salieron de sus respectivas iglesias desde primera hora de la tarde, y no volvieron a ellas hasta la madrugada. Recorrieron la Ribera del Guadalquivir y pasaron, ya de noche, bajo la Puerta del Puente camino de la catedral, ofreciendo a los 150.000 asistentes una vista única. Ayudados por la reflexión y la oración, los fieles acompañaron al Señor en el momento clave de nuestra redención. Ésta es, a fin de cuentas, la finalidad de las procesiones de Semana Santa; y también del vía crucis, una tradición que fue introducida en Occidente precisamente en esta ciudad, en 1419, por el Beato Álvaro de Córdoba.

Tras la imagen de la Reina de los Mártires, Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto abrió camino, y le siguieron algunas de las joyas de la Semana Santa cordobesa, como Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, o la imagen de Nuestra Señora de las Angustias Coronada, obra cumbre de Juan de Mesa. Se pudo contemplar también una estampa excepcional: por primera vez en cuarenta años, al Santísimo Cristo del Amor le acompañaron los dos ladrones.

Jesús no pasa de largo

17 imágenes del dolor de Cristo, asumido por amor al hombre; porque, «ante el dolor humano, no sirven las palabras, son precisos los gestos de amor». El obispo de Córdoba recordó a quienes no tienen trabajo u hogar; a quienes viven en la pobreza; a quienes sufren la enfermedad o la vejez; a quienes, en vez de amor, reciben desamor. «Jesucristo sale a la calle a decirnos: Toma tu cruz y vente conmigo. Ante todos estos sufrimientos humanos, Jesús no ha pasado de largo, sino que, como Buen Samaritano se ha abajado de su cabalgadura y nos ha tomado sobre sus hombros, como se acaricia a una oveja perdida cuando se la encuentra, como se alegra el Padre cuando vuelve a casa el hijo perdido». Y nos invita a todos a hacer lo mismo, como el Cirineo.

Jesús está vivo

Pero no todo acaba en el sepulcro, ni en las lágrimas de la Virgen. El último paso en dirigirse hacia la catedral fue Nuestro Señor Resucitado. Gracias a él, este Vía Crucis magno tenía también reminiscencias –recordó monseñor Fernández– de otra fiesta de gran tradición en Córdoba: la Cruz de Mayo. En ella, se conmemora «la Cruz gloriosa, la Cruz victoriosa, porque el Crucificado ha vencido a la muerte resucitando –subrayó el obispo–. Cada una de nuestras imágenes recobra vida cuando las miramos con esta certeza de la fe, cada imagen se convierte en estandarte, que atrae todas las miradas. Jesús está vivo, y me ama. Jesús ha resucitado y vive glorioso». Y vive, sobre todo, en la Eucaristía. Por eso, el «mejor colofón a este acto de fe» no podía ser otro que hincarse de rodillas y adorar, en el Santísimo, a ese mismo Jesús que se entrega al hombre.