Venite ad me cuenta cómo estos ateos se convirtieron en la Comunión de su hijo o la boda de un amigo
El documento de Doctrina de la Fe demuestra que el perdón es posible, incluso ante padres alcohólicos. Ahora comparten la fe con su entorno, pero «no como moralismo»
La muerte de una madre, una infancia marcada por el alcoholismo de un padre o el vacío de una vida aparentemente ordenada. Son algunas de las circunstancias que han llevado a distintas personas a redescubrir su fe, según los testimonios recogidos por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en Venite ad me, el documento publicado este jueves con Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el actual cambio de época.
Uno de los relatos procede de Chile y lo protagoniza un hombre que llegó a declararse ateo. Durante cinco años, la muerte de su madre le provocó «un dolor inconsolable». Su regreso a la fe comenzó acompañando a su hija menor en la catequesis. «A través de la Eucaristía, tuve un encuentro —o más bien, un reencuentro— personal con Jesucristo», explica. «Él tomó mi dolor, secó mis lágrimas por mi madre y me entregó una paz que el mundo no puede dar».
«Fui a ver a mi padre y le pedí perdón»
Desde Eslovaquia, una madre de cuatro hijos cuenta cómo consiguió reconciliarse con su padre alcohólico, que durante su infancia destrozaba muebles, profería insultos y obligaba a la familia a huir de casa. A través de una comunidad cristiana comprendió que debía dejar atrás el rencor. «Fui a ver a mi padre y le pedí perdón», relata. Aunque él apenas comprendió sus palabras, ella encontró la paz y su relación mejoró. Su padre murió reconciliado con ella y con su madre, después de confesarse. Hoy transmite la fe a sus hijos mediante su propia experiencia, «no como moralismo».

El matrimonio aparece también como una puerta de entrada a la Iglesia. Un estadounidense comenzó a explorar el catolicismo para comprender el deseo de su novia de celebrar una boda religiosa. Allí encontró «una comunidad acogedora» y personas que le enseñaron «el valor no sólo de tener fe, sino de vivirla». Espera recibir el bautismo y la confirmación en la Vigilia Pascual. En Japón, otro hombre se acercó a la Iglesia por su esposa y acabó bautizándose tras preguntarse qué quería transmitir a su hijo. La comunidad parroquial y la serenidad de la liturgia despertaron su interés por la fe.
La fe es más que «el cumplimiento de deberes»
En Angola, un joven indiferente a la religión comenzó a cuestionarse su postura después de que un sacerdote le hiciera ver sus contradicciones respecto al matrimonio católico. Aquella conversación incómoda despertó su curiosidad: empezó la catequesis, recibió el bautismo, se casó por la Iglesia y terminó participando activamente en la vida parroquial.

Otros testimonios describen el redescubrimiento de una fe que parecía muerta. Una mujer polaca reconoce que sus prácticas religiosas se habían convertido en «el cumplimiento de ciertos deberes», hasta que un retiro le permitió conocer «a un Dios que ama gratuitamente». Tras aquella experiencia, afirma, su fe «dejó de ser un complemento de la vida para convertirse en el único sentido de mi existencia».
«Me pregunto qué puedo yo dar a Dios»
Una estudiante francesa, hija de un padre libanés chiita que se hizo ateo y de una madre católica no practicante, encontró en la Biblia y en la catedral de Chartres sus primeros referentes espirituales. Años después, durante una etapa de soledad, experimentó una presencia de Dios que transformó su vida. Tras sufrir agotamiento laboral en 2019, emprendió un camino de sanación y decidió cambiar radicalmente de vida. Ahora desea recibir los sacramentos de iniciación cristiana para sellar su alianza con Cristo.

Desde Jamaica, una catequista que había dejado de rezar durante una crisis personal explica cómo recuperó su confianza en los sacramentos y, especialmente, en la Eucaristía. Aunque sus dificultades no han desaparecido, sí ha cambiado su manera de rezar: «El objetivo de mis oraciones ya no es lo que Dios puede darme a mí. En cambio, me pregunto qué puedo yo dar a Dios».