Una Semana Santa a paso de fraternidad - Alfa y Omega

La celebración del Domingo de Ramos y las primeras procesiones, que en Madrid se han llevado a cabo en la tarde-noche de este 29 de marzo, han dado inicio a la Semana Santa, días que solo tienen sentido desde la Pascua. En estas fechas, somos llamados a reconocer en la Liturgia y en los pasos que procesionan en las calles un signo de fraternidad con aquellos que, a ejemplo del Señor, continúan siendo crucificados.

Cargar juntos el paso

Vivir la fraternidad es la llamada primera que recibe toda Hermandad que procesiona en estos días, una vocación que forma parte de nuestra condición de bautizados. Ser testigos de eso representa un constante desafío en nuestra vida, un reto que aumenta en los días en que hacemos memoria del fundamento de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El paso se lleva juntos y la procesión gana en belleza y manifiesta la esencia de aquello que representa cuando se consigue acompasar el ritmo y nadie quiere que el otro cargue con el peso que a cada uno le corresponde. La unidad hace que la imagen gane en esplendor y lleve a la oración a quienes la contemplan en las calles en las que discurre la vida cotidiana de la gente.

Cargar juntos el paso y hacerlo al mismo ritmo es un signo en un mundo dominado por el individualismo, por la polarización que impide la unidad fraterna. Se necesita ir todos a una, es fundamental arrimar el hombro, pujar, ser verdaderos costaleros dispuestos a cargar a una humanidad dominada por egos que siguen condenando a muerte a muchos inocentes.

Aquellos que nadie ve, pero están

En un mundo en el que muchos se empeñan en aparecer y hacen de todo para que se les vea, es interesante reflexionar sobre el hecho de que los costaleros van debajo del paso. Nadie los ve, pero todo mundo sabe que, si no fuese por ellos, la procesión no saldría del lugar. En una sociedad donde el esfuerzo callado e invisible pocos quieren asumir, entender el modo de participar de quienes pujan la imagen, nos lleva a asumir el esfuerzo común como verdadera expresión de fraternidad.

Pero tampoco podemos olvidar la reflexión que, por ocasión del Pregón de Semana Santa, el pasado 7 de marzo, hacía el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo. En sus palabras llamaba a ver el sufrimiento presente en las calles de Madrid: «Os pido que os fijéis en los cristos vivientes de nuestras calles, en las marías que sufren por tantos hijos que se les mueren», decía el purpurado. Desde ahí invitaba «a que cojamos la cruz de los demás y mostremos al mundo la belleza de la Resurrección».

La fraternidad se resquebraja cuando no vemos al otro, pero también cuando queremos que se nos vea más de la cuenta. Por el contrario, avanza a medida que encontramos el modo de acompasar el paso y reconocemos la presencia y la importancia de todos. La fraternidad es camino de vida plena, de vida en abundancia, de vida para todos. Que la Semana Santa nos ayude a dar ese paso hacia esa necesaria fraternidad.