Una estatua de Cristo Redentor se levanta en Líbano en medio del conflicto - Alfa y Omega

Una estatua de Cristo Redentor se levanta en Líbano en medio del conflicto

La construcción de una gran estatua en la frontera con Siria avanza en medio del conflicto como signo de esperanza para los cristianos de la región

Cristina Sánchez Aguilar
Foto: Iglesia asiria caldea.
La imagen en construcción. Foto: Iglesia asiria caldea.


En la frontera entre Líbano y Siria continúa levantándose lentamente una figura inesperada en medio del conflicto: Cristo con los brazos abiertos, una estatua todavía en construcción que crece piedra a piedra en la localidad de Al-Qaa, una de las zonas más sensibles del país.

La escultura, de aproximadamente 15 metros de altura, se alza sobre una base de varios metros, superando en conjunto los 20 metros. Está situada en el llamado Jabal al-Salib (el Monte de la Cruz), desde donde domina el valle de la Bekaa.

El proyecto —además de la gran imagen del Cristo Redentor, habrá un santuario y una iglesia— tiene como objetivo convertirse en lugar de peregrinación. Pero su significado va más allá de lo arquitectónico. En una región atravesada por conflictos armados, crisis económicas y tensiones religiosas, la obra se ha convertido ya en un signo visible de resistencia espiritual.

El pasado 14 de marzo, la instalación de la cabeza de la imagen marcó un avance decisivo en la construcción, según informa el portal de noticias Aleteia. El hito llegó en un contexto especialmente delicado: la zona se encuentra expuesta a la inestabilidad derivada del conflicto en Oriente Medio y de la tensión persistente en la región. Pese a ello, los trabajos no se han detenido.

«Una forma de resistencia»

Para los cristianos locales —una comunidad históricamente arraigada, pero cada vez más vulnerable— el proyecto representa una afirmación de presencia. En las páginas de Alfa y Omega del jueves 18 de marzo, el español Rafael Peró, que conoce bien el país de los cedros desde 2007, aseguraba que «es necesario no dejar que la guerra paralice psicológicamente. Después de muchos años viviendo en situaciones de tensión, uno aprende que seguir adelante es también una forma de resistencia». Hizo notar, además, un dato que pone de manifiesto el hartazgo de los libaneses: «Durante mucho tiempo muchas personas tenían miedo de hablar abiertamente de Hizbulá. Sin embargo, ahora que el grupo parece más debilitado, cada vez más se atreven a decir “ya basta”».

La estatua, por tanto, se está convirtiendo en un signo de esperanza y en un recordatorio de la arraigada presencia cristiana en esta tierra. Hay, sin embargo, un detalle especialmente elocuente. No se trata de una estatua que ha sobrevivido a la guerra, sino de una que se está levantando en plena guerra.