Una encíclica para un mundo más justo - Alfa y Omega

Una encíclica para un mundo más justo

Tras sembrar en el mundo la semilla del amor de san Francisco de Asís por todas las criaturas en Laudato si, Francisco propone al buen samaritano como modelo en Fratelli tutti, que ayuda a un hombre herido sin importarle quién es, qué opina o de dónde viene

Victoria Isabel Cardiel C.
El Papa Francisco saluda a un grupo de personas de diferentes nacionalidades, durante la audiencia general, el pasado 16 de septiembre. Foto: AFP / Vincenzo Pinto

Fratelli tutti es el legado de Francisco a un mundo herido por la pandemia y las guerras. Su receta para doblegar el rebrote de nacionalismos y populismos, acabar con la cultura de los muros y extirpar la crispación y la polarización es sencilla: seguir el modelo del buen samaritano, que nos invita a ser «constructores de un nuevo vínculo social». «Con sus gestos, reflejó que la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás». El texto, que bebe también de Martin Luther King, Desmond Tutu o Mahatma Gandhi, eleva a magisterio solemne todos los pensamientos sociales de su pontificado. A continuación ofrecemos diez puntos clave:

1. Buenos samaritanos
«Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaria tuvo por cada llaga del herido. Busquemos a los otros y hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o a la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano».

2. La fe y la fraternidad
«Todavía hay quienes parecen sentirse alentados o al menos autorizados por su fe para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, actitudes xenófobas, desprecios e incluso maltratos hacia los que son diferentes. La fe, con el humanismo que encierra, debe mantener vivo un sentido crítico frente a estas tendencias, y ayudar a reaccionar rápidamente cuando comienzan a insinuarse».

3. Política por la dignidad
«Invertir a favor de los frágiles puede no ser rentable, puede implicar menor eficiencia. Exige un Estado presente y activo, e instituciones de la sociedad civil que vayan más allá de la libertad de los mecanismos eficientistas de determinados sistemas económicos, políticos o ideológicos, porque realmente se orientan en primer lugar a las personas y al bien común».

4. Un corazón abierto a mundo
«Todo ser humano tiene derecho a vivir con dignidad y a desarrollarse integralmente, y ese derecho básico no puede ser negado por ningún país. Lo tiene, aunque sea poco eficiente, aunque haya nacido o crecido con limitaciones. Porque eso no menoscaba su inmensa dignidad como persona humana, que no se fundamenta en las circunstancias sino en el valor de su ser».

5. No hay guerras justas
«Ya no podemos pensar en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya. Ante esta realidad, hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible “guerra justa”. ¡Nunca más la guerra!».

6. El mundo tras la COVID-19
«Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. El “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia».

7. Reforma de la ONU
«Es necesaria una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, así como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones» que evite que se trate de «una autoridad cooptada por unos pocos países».

8. Un futuro mejor
«Tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales, se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes». «Muchos escapan de la guerra, de persecuciones, de catástrofes naturales. Otros, con todo derecho, buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad».

9. Semillas de esperanza
«Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida». «El amor reclama una creciente apertura, mayor capacidad de acoger a otros, en una aventura nunca acabada que integra todas las periferias hacia un pleno sentido de pertenencia mutua».

10. Dar voz a las religiones
«No puede admitirse que en el debate público solo tengan voz los poderosos y los científicos. Debe haber un lugar para la reflexión que procede de un trasfondo religioso que recoge siglos de experiencia y de sabiduría». «Buscar a Dios con corazón sincero, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o instrumentales, nos ayuda a reconocernos compañeros de camino, verdaderamente hermanos».

Un grito de concordia

En la presentación de la encíclica en el Vaticano participó Mohamed Mahmoud Abdel Salam, secretario del Comité para la Fraternidad Humana, constituido el 11 de septiembre de 2019 –aniversario del atentado contra las Torres Gemelas–. Un ejemplo concreto de hermandad. Su misión es llevar a la práctica el documento sobre la fraternidad humana firmado en Abu Dabi por el Papa y el gran imán de Al-Azhar, y ahora también Fratelli tutti. El antiguo consejero del imán desveló la marcha de algunas actividades, como la convocatoria de un foro internacional con 100 jóvenes de diferentes religiones para reflexionar sobre la tercera encíclica del Papa, que definió como un «llamamiento a la concordia que se hace a un mundo en discordia». El encuentro del que saldrán propuestas prácticas tendrá tres etapas en Roma, Abu Dabi y Egipto.