Una audiencia entre budistas, judíos y musulmanes
León XIV convoca a su encuentro semanal de los miércoles a representantes de diversas religiones. «No son extraños, sino compañeros de viaje», ha dicho
La audiencia del Papa este miércoles ha sido más especial que nunca. Junto a la presencia habitual de sacerdotes, obispos, cardenales y fieles de todo el mundo se citaron también representantes de numerosas religiones: budistas con su túnica azafrán, judíos con su kipá y musulmanes con su kufi. La ocasión lo merecía: hace 60 años, el 28 de octubre de 1965, el Concilio Vaticano II promulgó la declaración Nostra aetate, «un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual», ha dicho el Papa León XIV esta mañana.
«El auténtico diálogo religioso es un intercambio que se establece cuando las personas se abren unas a otras con sinceridad, escucha atenta y enriquecimiento mutuo», ha subrayado el Pontífice. Al mismo tiempo, es un diálogo «nacido de la sed: la sed de Dios por el corazón humano y la sed humana de Dios».

De este modo, «los seguidores de otras religiones no son extraños, sino compañeros de viaje en el camino de la verdad», pues en toda búsqueda religiosa sincera «hay un reflejo del único misterio divino que abarca toda la creación».
El peligro del extremismo
En particular, el Papa ha recordado que el documento conciliar supuso entre otras cosas «un tratado doctrinal sobre las raíces judías del cristianismo», «un punto de no retorno en el plano bíblico y teológico». Por este motivo, desde entonces todos los Papas «han condenado el antisemitismo con palabras claras». «Y yo también confirmo que la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate en virtud del Evangelio mismo», ha exclamado el Papa con rotundidad.
Al mismo tiempo, ha invitado reconocer «todo lo que es bueno, verdadero y santo» en otras tradiciones. «Nuestras diversidades espirituales y de pertenencia están llamadas a encontrarse y a convivir fraternalmente».
«Más que nunca, nuestro mundo necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración», ha continuado, de modo que «cada una de nuestras religiones puede contribuir a aliviar el sufrimiento humano y a cuidar de nuestra casa común, nuestro planeta Tierra».

En esta misma línea, el Pontífice ha advertido de que «juntos debemos estar atentos al abuso del nombre de Dios, de la religión y del diálogo mismo». También a los peligros que representan «el fundamentalismo religioso y el extremismo».
Si hace 60 años, Nostra aetate trajo esperanza «al mundo que salía de la Segunda Guerra Mundial», hoy estamos llamados a refundar esa esperanza «en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Colaboremos, porque si estamos unidos todo es posible», ha concluido León XIV.