Un profeso de la comunicación cristiana - Alfa y Omega

Un profeso de la comunicación cristiana

«El pasado día 24 de diciembre, recibía cristiana sepultura en Valladolid el dominico padre José Luis Gago de Val, el padre Gago (Palencia, 1934), como lo conocíamos sus amigos y compañeros del mundo de los medios». Escribe el sacerdote y periodista José María Gil Tamayo

José María Gil Tamayo

«El pasado día 24 de diciembre, recibía cristiana sepultura en Valladolid el dominico padre José Luis Gago de Val, el padre Gago (Palencia, 1934), como lo conocíamos sus amigos y compañeros del mundo de los medios». Escribe el sacerdote y periodista José María Gil Tamayo, entre otras cosas, Consiliario de la Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E), pero que, sobre todo, fue amigo de quien es considerado uno de los artífices de lo que es hoy COPE: una radio generalista, con señas de identidad claramente cristianas

Con el padre Gago se ha ido la voz cercana y animosa, y, a la vez, seria y diligente, que ha difundido durante décadas lo más genuino de la comunicación cristiana a través de las ondas de la radio en España, sobre todo de la Cadena COPE, que él contribuyera decisivamente a crear, junto a don Bernardo Herráez y bajo el amparo de la Conferencia Episcopal Española, tal y como hoy la percibimos como el buque insignia de los medios de comunicación de la Iglesia en nuestro país.

El estilo de radio generalista y, a la par, transversalmente cristiana y eclesial que constituye, junto a su cercanía y servicio a los hombres y mujeres de las tierras y pueblos de la España democrática, las señas de identidad y el quehacer de Radio Popular, la Cadena COPE, se debe, en una parte importante, sobre todo editorial, al padre Gago.

Al igual que otros insignes comunicadores y sacerdotes como José Luis Martín Descalzo, Antonio Montero, José María Javierre y Joaquín Luis Ortega, hicieran en la prensa y en la televisión, José Luis Gago plasmó como nadie, en el mundo de la radio española, el espíritu positivo y dialogante de la comunicación cristiana surgido del Concilio Vaticano II, sobre todo de su Decreto sobre los medios de comunicación social Inter mirifica y de la Constitución pastoral Gaudium et spes, en la que se señala al comienzo lo que bien podría ser el resumen del espíritu que animaba al padre Gago: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón».

En conformidad con esto y siempre con un claro afán evangelizador de dominico, la manera de hacer radio de José Luis Gago era propositiva y esperanzada, en la que el comunicador cristiano se implicaba profesional y vitalmente en las grades causas, sin dejar de hacer atractivos e interesantes los más variados contenidos, entre ellos, con plena carta de ciudadanía, los religiosos.

Así lo llevo a la práctica el padre Gago y así lo enseñó en la docencia universitaria a los nuevos periodistas y, sobre todo, a los profesionales de COPE, a los que acompañó siempre con una eficaz y amigable cercanía sacerdotal y con el prestigio de un gran maestro de la radio, sin por ello perder un ápice de su función directiva, ya que fue, además de Jefe de programas, Director General, consejero de COPE y responsable de su área socio religiosa; tarea esta última que compaginó, en su última etapa profesional, con la de Director del programa religioso Pueblo de Dios, de TVE.

Esta orfandad radiofónica, que supone para todos la muerte del padre Gago ha estado precedida de su retiro voluntario de la primera línea de los medios al monasterio de San Pablo, en Valladolid, donde recuperó en sus últimos años, de una manera más intensa, la paz monástica, hasta el punto que algunos amigos decían de él en broma que «se había metido a fraile». Nunca dejó de serlo y en todo fue un profeso en toda regla: en su humanidad de persona de bien, en la fe como cristiano cabal, en el sacerdocio como dominico ejemplar, y en la comunicación cristiana de la que era un verdadero profesional y maestro. Descanse en paz.

José María Gil Tamayo