Un oncólogo lamenta que «otras patologías importan menos»

El cierre de servicios y el traslado de personal sanitario a los equipos de coronavirus está obligando a reorganizar el servicio de algunas unidades no relacionadas con la pandemia. A veces se están encontrando soluciones que deberían mantenerse después de la crisis, pero en otros casos se está perjudicando a los pacientes, explica el doctor Francisco Barón, miembro de la Comisión Central de Deontología del Consejo General de Colegios Médicos de España

María Martínez López
Foto: Manu Brabo

El cierre de servicios y el traslado de personal sanitario a los equipos de coronavirus está obligando a reorganizar el servicio de algunas unidades no relacionadas con la pandemia. A veces se están encontrando soluciones que deberían mantenerse después de la crisis, pero en otros casos se está perjudicando a los pacientes, explica el doctor Francisco Barón, miembro de la Comisión Central de Deontología del Consejo General de Colegios Médicos de España

Al Comité de Bioética de España le preocupa que a causa de la pandemia de COVID-19 los enfermos que no sufren esta dolencia sino otras que queden atrás. En su Informe sobre los aspectos bioéticos de la priorización de recursos sanitarios en el contexto de la crisis del coronavirus advierten de que, si bien «la salud de los enfermos con coronavirus es una prioridad», el sistema de salud «tiene el mismo deber ético y legal de atender» a otros enfermos con otras patologías. Es decir, al priorizar los recursos no se puede solo elegir a qué paciente con COVID-19 se le aplican, «otorgando prioridad a aquellos sobre los demás». En la toma de decisiones se deberá tener en cuenta a todos los pacientes.

Esta afirmación pretende salir al paso de un tipo de situaciones que «están pasando y son públicas», afirma tajante el doctor Francisco Barón, oncólogo del Complejo Hospitalario Universitario A Coruña (CHUAC) y miembro de la Comisión Central de Deontología del Consejo General de Colegios Médicos de España (Organización Médica Colegial – OMC). Cita un caso publicado hace unos días en La voz de Galicia: una persona se quejaba de que a un familiar le habían hecho una biopsia cerebral y todavía no les habían dado el resultado. Se sentían abandonados. «Y esto puede ser solo la punta del iceberg».

El oncólogo aclara que la decisión de interrumpir algunos tratamientos a pacientes que no tienen COVID no siempre es errónea. A veces «es lo lógico. Por ejemplo, cancelar una revisión evitable. Es razonable procurar alejar de los hospitales a enfermos inmunodeprimidos. En muchos servicios de Oncología estamos intentando sustituir estas visitas por consultas telemáticas», para hacer un seguimiento del paciente. Otro ejemplo de decisión correcta sería «suspender tratamientos de quimioterapia en enfermedades ya muy avanzadas, que no aportan mucho más que toxicidad al enfermo».

Pero también está ocurriendo que «a causa de esta demanda brutal, se está dejando pasar a pacientes que sí se beneficiarían», apunta el miembro de la Comisión de Deontología. La suspensión de estos tratamientos está relacionada con la demanda de profesionales sanitarios para los equipos de atención a la neumonía por coronavirus, que ha hecho reorganizar otros servicios. «Como ahora solo hay ojos para el COVID-19, las patologías que no lo son importan menos a la sociedad, a los directivos y a los profesionales».

Quimio en vez de cirugía

Por otro lado, el cierre de los servicios de Cirugía ha provocado un trasvase de pacientes a Oncología. «Son personas a las que habría que operar, pero nos las derivan para que les demos quimioterapia mientras tanto, como mal menor. Para esos pacientes la quimioterapia es un tratamiento subóptimo», por lo que la decisión no es correcta. Aunque –matiza Barón– se trata de un problema que también ocurre en verano, cuando no se sustituye al personal sanitario que se va de vacaciones en los equipos de cirugía, se cierran quirófanos y en su servicio ven un incremento de pacientes para quimioterapia.

«Desviar así los recursos es una mala práctica. Hay que atender también lo que no es urgente», pues nos arriesgamos a que se conviertan en «pacientes de tercera», lamenta el oncólogo. Por eso, cree que «sería interesante» que desde las comisiones de Deontología de las sociedades científicas o desde la Sociedad Española de Oncología se promovieran, cuando pase la crisis, estudios en los que los distintos servicios de Oncología comparen sus datos de mortalidad de los meses de marzo y abril con los mismos meses de otros años, para analizar las consecuencias que han tenido estas decisiones.

Otro problema que se está constatando, aunque no afecta en concreto a su servicio, es que algunas urgencias, como los infartos, están llegando a los hospitales con los síntomas mucho más avanzados. El médico lo atribuye sobre todo a que «la gente tiene miedo a ir al hospital», pero también echa en falta que desde las instituciones sanitarias se hubiera lanzado el mensaje «de que no estamos solo para cuidar el COVID-19».

Lecciones para el futuro

¿Cómo se debería haber actuado ante la crisis sanitaria para no dejar fuera a los enfermos sin coronavirus? El doctor Barón reconoce que quizá algunas respuestas «en momentos de una emergencia tan grande sean inevitables». Sí opina que se podría haber hecho más hincapié en el seguimiento telefónico. Es también una apuesta que se podría ampliar en el futuro, para evitar a algunos enfermos la molestia (además del gasto) que supone acudir sin necesidad a un hospital. Pero el oncólogo insiste sobre todo en que «de esta crisis lo importante es sacar lecciones para el futuro inmediato».

Apunta, por ejemplo, que la emergencia es un buen punto de partida para replantear muchas cosas de cómo funciona el sistema. «¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir siendo prudentes e intentar ponderar como ahora» si un tratamiento realmente es beneficioso para el paciente? «¿O vamos a volver a hacer lo mismo de antes, poniendo el noveno ciclo de quimio a un paciente que no mejora? Ojalá mantengamos esa ponderación. Parece que solo queremos hacer sostenible el sistema en época de crisis, cuando para que sea sostenible tiene que ser razonable antes de las crisis».

María Martínez López