Un marista sirio: «Una guerra no es solo bombas sino ferocidad humana»

Un marista sirio: «Una guerra no es solo bombas sino la ferocidad humana, mucho más terrible»

El marista sirio George Sabe participa en la campaña de Manos Unidas. Gracias a la ONGD, su congregación ofrece ayuda material y para salir de cierta pasividad. Pero «lo más importante es sembrar esperanza»

María Martínez López
El marista sirio George Sabe en una calle de Alepo. Foto: Manos Unidas.
George Sabe en una calle de Alepo. Foto: Manos Unidas.

«La cosa está mucho más tranquila» en Alepo (Siria), asegura el marista sirio George Sabe. Se refiere a las semanas transcurridas desde que los enfrentamientos entre combatientes kurdos de las Fuerzas Sirias Democráticas y el Ejército dejaran del 6 al 11 de enero 23 muertos y 100 heridos en los barrios kurdos de Ashrafieh y Sheikh Maqsoud. Este último también es conocido como Jabal el Saydeh, la «colina de Nuestra Señora», por la comunidad cristiana que vive en él.

Pero «hemos descubierto atrocidades como cómo cortaron la cabeza a la gente», añade. «Una guerra no es solo cosa de bombas sino de la ferocidad humana, que es mucho más terrible». Y, tras casi 15 años del inicio de la guerra y después de uno de la caída del régimen de Bashar al Asad, «la gente se pregunta cuándo se va a regularizar la vida, si vamos a empezar de nuevo».

Los niños sirios son de los más afectados por la guerra. Foto: Manos Unidas.
Los niños sirios son de los más afectados por la guerra. Foto: Manos Unidas.

Esto es así también porque «hemos dejado un régimen dictatorial que se llevó todo el dinero y ahora las nuevas autoridades están repitiendo muchas cosas. Es terrible» porque «no deja a las personas tener seguridad, paz y esperanza». Muchos sienten que «cada vez que se nos invita a dar un paso adelante en realidad nos quedamos en el mismo sitio».

Esta vivencia de los sirios sobre la relación entre guerra y pobreza es la que lleva compartiendo durante toda la semana en España. Sabe es uno de los rostros de la campaña anual de Manos Unidas, que en esta edición tiene como lema Declara la guerra al hambre. Su momento central se celebra este domingo con la colecta en las parroquias a favor de la ONGD.

Acuerdo con los kurdos

Por otro lado, asegura que han vivido como un signo de esperanza el acuerdo de la semana pasada entre los rebeldes kurdos y el Gobierno para que aquellos se integren en el Ejército. «Eso quiere decir abrir las puertas a menos violencia en el noreste. Y a nivel económico y social un progreso hacia una paz más duradera. Esperamos que sea así», anhela Sabe; aunque se muestra cauto a la fuerza. «La experiencia nos enseñó que siempre hay dificultades de último minuto que pueden cambiarlo todo. Ojalá que no».

En relación con este acuerdo con los kurdos, el religioso reivindica que «también necesitamos que todas las minorías sean respetadas, apoyadas, y estén democráticamente presentes en las decisiones en el futuro del país».

Otra lección de la experiencia es que que «la guerra se acabe no quiere decir que no haya problemas muy graves, como los económicos, que tocan a la mayoría de la población. No alcanzan el mínimo de dignidad humana», lamenta el marista sirio.

Está convencido de que esta «pobreza real» es «una de las razones más fuertes hoy en día para que los jóvenes dejen el país», aunque hablen más de la guerra o el servicio militar. También es una pobreza que afecta a la población «la exclusión del diferente, que es terrible porque no nos deja tener un diálogo sencillo como hemos mantenido durante siglos».

¿Cómo sembrar esperanza?

Junto a ello, «hay una mentalidad de la que es muy importante salir: la guerra hizo de nosotros personas que piden para cubrir sus necesidades». Frente a ello, además de seguir trabajando para cubrir tantas necesidades básicas desatendidas, los maristas intentan promover una mentalidad «totalmente diferente, creer en sí mismos y en todas las facultades que tienen para construir su propio porvenir y que el país pueda salir adelante».

Sabe en uno de sus talleres. Foto: Manos Unidas.
Sabe en uno de sus talleres. Foto: Manos Unidas.

«Lo más importante hoy es sembrar esa esperanza, que desaparece cada vez que hay un conflicto», subraya Sabe. El marista sirio matiza que no se trata de «una esperanza de ilusión, sino real, encarnada en cada acto de acompañamiento, de escucha, de ayuda». Tanto hacia la población cristiana, que «está disminuyendo mucho», como para «la musulmana, que sufre mucho». En particular a ella «tenemos la responsabilidad humana y evangélica de aportarles nuestra esperanza como cristianos».

Los maristas, en colaboración con Manos Unidas, lo hacen con proyectos destinados a «la educación en el respeto al diferente». También al «apoyo económico, ayudar a los jóvenes a tener más capacidades para tener un empleo», así como «actuar para que las mujeres puedan desarrollarse y tener su propia actividad».