Un lugar en la Iglesia

«La enfermedad mental coge a toda la persona, y para no estropear más que ayudar», hay que estar formado, explica Adriano Yuguero, ex responsable de la Comisión dedicada a la salud mental en la Conferencia Episcopal Española. Entre otras cosas, ha trabajado para promover la integración en las parroquias

María Martínez López
El Hermano Adriano –segundo por la izquierda–, con algunas de las personas con las que trabaja en San Sebastián

«La enfermedad mental coge a toda la persona, y para no estropear más que ayudar», hay que estar formado, explica Adriano Yuguero, ex responsable de la Comisión dedicada a la salud mental en la Conferencia Episcopal Española. Entre otras cosas, ha trabajado para promover la integración en las parroquias

Con vosotros está, y no le conocéis. La Conferencia Episcopal Española dedicó la Jornada Mundial del Enfermo de 1996 a la salud mental, con este lema. Años antes, en 1980, ya se había creado una Comisión de Pastoral Psiquiátrica dentro del Departamento de Pastoral de la Salud. Se hizo porque «la enfermedad mental coge a toda la persona, y para intervenir y no estropear más que ayudar, hay que tener una buena cultura de psiquiatría y psicología», explica Adriano Yuguero, responsable de la Comisión entre 2001 y 2014. Este Hermano de San Juan de Dios está enamorado de las personas con trastorno mental, a las que ha dedicado la mayor parte de sus años de vida religiosa. Ahora es Superior de un Centro en San Sebastián.

Hasta ahora, el principal logro son las Jornadas de Pastoral de la Salud Mental, que se celebran cada dos años. A veces, el Hermano Adriano se ha desanimado por «no haber llegado a saber cómo funcionaba la pastoral en los hospitales estatales. A las Jornadas venían, sobre todo, de nuestros hospitales y de los de las Hospitalarias. Pero luego ellos te dicen lo que les ayuda, y proponen nuevas iniciativas, y te animas. La Comisión –subraya– sigue teniendo tarea».

Alguien que siempre escucha

Entre los temas tratados en las Jornadas, se ha repetido varias veces la atención a la salud mental en las parroquias. «La mayoría de las personas con enfermedad mental está en casa, no necesitan estar hospitalizados». Si son creyentes, es normal que participen en una parroquia. «Están enfermos, pero no son tontos, y van donde son bien acogidos», apunta el Hermano. El padre Jesús Martínez Carracedo, responsable de Pastoral de la Salud de la CEE, es testigo de ello: «Muchas personas con estos problemas vienen al despacho o al confesionario, o te llaman por teléfono para contarte su mundo interior. Ven una iglesia abierta, y saben que habrá una persona dispuesta a escucharlos. Además, el clima de las iglesias es de acogida para todos, y de tranquilidad, algo que necesitan. Y hay Alguien que siempre los escucha, y que puede ser el Padre, o Jesús en la Cruz, la Virgen de las Angustias… Es importante que los sacerdotes estén informados sobre este mundo».

El Hermano Adriano añade que «todo lo que se haga por normalizarlos en la comunidad es muy bueno. En la Comisión, pretendíamos que no se les marginara con afirmaciones como: Éste va a traer problemas. Casi todos comparten una experiencia de marginación». Así que, aconseja, «aunque transmitas esperanza, no puedes quitarle importancia a su dolencia, porque para ellos es muy importante que los tomes en consideración. Dales participación, echa un poquito de tiempo en enseñarlos y motivarlos, y estarán encantados. Son muy agradecidos». Como aquel señor mayor que, en el hospital en el que está, «el otro día, estaba emocionado porque iba a leer por primera vez en una celebración. Le decía a otro paciente: Esto a mí me cura».

María Martínez López