Un impulso al diálogo y la unidad

Además de asuntos de primer nivel como la pandemia, la transformación del Valle de los Caídos o Cataluña, también hubo espacio para las bromas. Nada más llegar, el Santo Padre invitó a los prelados españoles a revelar los secretos pontificios, pues son aquellos asuntos «que todo el mundo conoce, excepto el Papa»

Victoria Isabel Cardiel C.
El Papa Francisco recibió en audiencia privada a la cúpula de la Conferencia Episcopal Española el pasado 19 de septiembre. Foto: Vatican Media

La pandemia mantiene al Papa encerrado en el Vaticano sin grandes eventos o viajes a la vista. Nadie sabe a ciencia cierta cuándo podrá retomar su agenda internacional, pero, el día que lo haga, España estará en sus planes. Así lo confirmó el presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Juan José Omella, tras su reunión de hora y cuarto con el Santo Padre el pasado sábado. «Le encantaría volver a España. Además, no conoce Manresa, que eso a un jesuita… pues claro, le llama», señaló el también arzobispo de Barcelona al referirse al atractivo de esta localidad, donde san Ignacio de Loyola vivió diez meses. El Papa prometió que lo estudiaría «teniendo en cuenta la evolución de la pandemia, su propia salud, etc.». «¡Ojalá pueda venir!», remachó Omella, flanqueado por el vicepresidente, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, y el secretario general, Luis Argüello, obispo auxiliar de Valladolid.

El obispo de Roma recibió en el Palacio Apostólico a los tres prelados en un largo y afectuoso encuentro que había sido prorrogado por las estrictas disposiciones para evitar los contagios. Tal era su interés que decidió citar en su residencia de Casa Santa Marta a los cardenales Osoro y Omella dos días antes de la visita oficial, en otro encuentro mucho más personal, cuyos detalles no han trascendido a la prensa.

El Papa tiene una gran sintonía con la cúpula de la Conferencia Episcopal Española. Tanto Omella como Osoro son sus hombres de confianza en nuestro país. Ambos fueron creados cardenales por Francisco, con el que coinciden en su talante templado y su predisposición para el diálogo. Este fue precisamente uno de los sustantivos que más peso tuvo durante las conversaciones. Omella trasladó a los periodistas el deseo del Papa: «Que se unan más todas las fuerzas que tenemos en España para avanzar» a través del diálogo. Lo importante es cicatrizar cuánto antes las «heridas muy fuertes» provocadas por la COVID-19. «Partidos políticos, representantes del Gobierno, asociaciones, instituciones civiles, sindicatos, la misma Iglesia… hay que trabajar conjuntamente para tratar todos los problemas», insistió Omella, colocando el paro en primer lugar. Preguntado por el futuro del Valle de los Caídos, el responsable de los obispos españoles reivindicó «un diálogo con la sociedad y también con la Iglesia, con la Conferencia Episcopal, con la diócesis de Madrid. Yo creo en el diálogo, que a veces nos falta en la sociedad de hoy por ir con prisa».

Preocupado por la eutanasia

En el mismo tono conciliador, el arzobispo de Madrid destacó que este cambio puede ser una gran esperanza: «Es el momento de lograr que el Valle de los Caídos sea un lugar de recuperar la fraternidad, de reconciliación, de paz. Busquemos por todos los medios que sea un lugar de lo fundamental. Los sustantivos cristianos son dos: hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Hay que trabajar por eso».

Sobre la situación en Cataluña, el arzobispo de Barcelona dejó claro que no habían «entrado en detalles ni hablado de personas», pero insistió de nuevo en la vía del diálogo que –según dijo– «se tiene que hacer siempre, sin condiciones». «Es lo que quiere el Papa. Él busca la paz. Lo que quiere es la paz, la concordia, la unión de todas las regiones y de todos los países. Habla tanto de la Unión Europea… Creo que es por ahí por donde debemos ir, siempre en el respeto a las leyes y las personas».

Al Papa le preocupa de forma especial el proyecto de ley de eutanasia en España. Como señaló Omella «esto no es solo el tema de morir o no morir, sino del dolor y del acompañamiento». «Cuando a uno le quitan el dolor y se siente acompañado de sus familiares y de profesionales, desea vivir», dijo.

Por su parte, el secretario general de la CEE, Luis Argüello, destacó el encuentro con el Papa como una «llamada fuerte a la comunión y a la salida misionera». El Papa mostró su interés por el Congreso de Laicos celebrado en febrero, e hizo hincapié en el impulso de la «vocación laical como propia de la Iglesia en salida y en la formación de los seminarios». Los obispos, que también tuvieron citas en otros dicasterios del Vaticano como las congregaciones de Obispos y de Doctrina de la Fe, presentaron al Papa el programa para erradicar de una vez por todas los abusos sexuales y ayudar a las víctimas. «Lo haremos público en su momento. Estamos trabajando en la aplicación del vademécum. Creo que estamos avanzando mucho», apreció Omella.

El regalo del Papa

El Papa regaló a los obispos españoles dos fotografías con un significado muy especial. En una se ve a un refugiado exhausto con su hijo que duerme en brazos y, en la otra, a una anciana que muestra con orgullo a su nieto de pocos meses durante la visita de Francisco a Rumanía.

Cardenal Omella

El arzobispo de Barcelona dejó claro que al Papa le preocupa mucho el proyecto de ley de eutanasia: «La protección de la vida no son solo los refugiados, sino el niño desde que es concebido en el vientre de su madre hasta que muere».

Cardenal Osoro

Osoro destacó el «impresionante trabajo» que está realizando la Iglesia católica en la comunidad para sacar adelante a los más golpeados por la pandemia, y destacó el talante resolutivo del Santo Padre: «Estar con él da esperanza porque da salidas».

Luis Argüello

El portavoz de la CEE indicó cuál es el camino que el Santo Padre quiere para la Iglesia española: «Nos ha vuelto a decir que no tengamos miedo a salir, aunque nos accidentemos, y que convoquemos a esto a nuestros hermanos obispos».