Un geriatra denuncia que se abusa de la sedación a ancianos

Un geriatra denuncia que se abusa de la sedación a ancianos en urgencias 

Ante «cuadros complejos» se ofrece la sedación pero «en más del 80 % de las situaciones no es correcta», señala el geriatra Miguel Ángel Vázquez, del Observatorio de Bioética de la Fundación Pablo VI. Asegura que el problema empieza antes, con las consultas telefónicas

María Martínez López
Quien decide la sedación suele hacerlo en un contexto de presión asistencial, explica el geriatra. Foto: Freepik.
Quien decide la sedación suele hacerlo en un contexto de presión asistencial, explica el geriatra. Foto: Freepik.

«Hay que denunciar la situación de desprotección y vulnerabilidad específica que tienen las personas mayores hoy en los servicios de atención sanitaria urgente», y que suele acabar en la sedación. Lo asegura Miguel Ángel Vázquez, miembro del comité ético y científico del Observatorio de Bioética y Ciencia de la Fundación Pablo VI, en una extensa entrevista publicada por Sandra Várez en la web de esta entidad

Cuando un nonagenario u octogenario acude a las urgencias de un hospital, denuncia Vázquez, con frecuencia «ante cuadros complejos la alternativa que ofrecen como mejor es la sedación». Se refiere a personas con «demencia, insuficiencia cardíaca, renal o respiratoria y numerosos fármacos». Esta opción, si bien «en alguna ocasión» puede ser «correcta», «me atrevería a decir que en más del 80 % de las situaciones no lo es».

El geriatra Miguel Ángel Vázquez explica que esta decisión con frecuencia «la toma un solo profesional en un contexto de mucha presión asistencial y en un momento crítico para el paciente». Además, «no se conocen su opinión y deseos». 

El geriatra Miguel Ángel Vázquez. Foto: Fundación Pablo VI.
El geriatra Miguel Ángel Vázquez. Foto: Fundación Pablo VI.

De actuar así, es frecuente que incluso una sedación limitada lleve a la muerte en dos o tres días. En cambio, «conozco familias que ante la respuesta del médico de “es mejor sedarlo” se han negado a hacerlo. Y esa persona ha vivido hasta siete años más en muy buenas condiciones». Y recuerda que «siempre podemos hacer algo por la persona, ya sea de manera preventiva, curativa o paliativa». 

¿Cómo empieza todo?

Sin embargo, este miembro del Observatorio de Bioética va mucho más allá y critica que lo que ocurre con la sedación en urgencias es solo el momento final de un problema que empieza mucho antes. Explica que en muchos casos estas personas recurren a urgencias porque «si son capaces de conectar desde sus casas con el centro de salud, pueden tardar ocho o diez días en verlas».

En España, existe «escasez de médicos geriatras». Además, considera «injustificable» el recurso generalizado a la atención telefónica. La pandemia marcó un cambio «a muchísimo peor» en la atención a los pacientes geriátricos. «Si es complicado para un adulto joven explicar telefónicamente lo que le pasa y que le entiendan, lo es mucho más para una persona mayor que, además, tiene dificultades de comunicación y de audición», profundiza. 

Y abunda: «Antes era inconcebible que las personas que iban a su médico de atención primaria fueran atendidas por teléfono. Nos enseñaron en la facultad de Medicina que al paciente había que verlo». 

Vázquez vuelve a aludir a la pandemia para demostrar que «por desgracia, las personas mayores no preocupan demasiado a la sociedad». Invita a pensar en «si, en vez de haber muerto en España en un solo año ─el 2020─ 163.000 personas, hubieran muerto 1.000 niños». En ese caso, «probablemente hubiera sido la mayor tragedia de esta sociedad y estoy seguro de que hubieran pedido responsabilidades civiles».

El geriatra denuncia el recurso a la atención telefónica. Foto: Freepik.
El geriatra denuncia el recurso a la atención telefónica. Foto: Freepik.

¿Qué respuesta dar?

Frente a esta situación, este experto en bioética pide «replantear los triajes» en urgencias y «poner un geriatra en el servicio». Los profesionales de esta especialidad tienen una perspectiva diferente, asegura. «Decimos que nadie es tan viejo que aún no pueda vivir un día. Porque ¿qué derecho tenemos nosotros a decidir si los días son importantes para otra persona o no lo son? ¿Con qué criterio? ¿Vale menos el día de una persona de 90 años que el de alguien de 70?». 

«Del mismo modo que un niño que no sabe comer, leer o hablar ni valerse por sí mismo tiene una vida plena, una persona con demencia puede vivir bien y disfrutar de la vida cada día», reivindica. Esto es, «puede sentir emociones, reír, cantar o bailar. Es decir, que el hecho de no tener memoria te limita y te cambia la vida, pero eso no significa que no puedas seguir viviendo».

Yendo más allá, pide «plantear desde la perspectiva de las personas envejecidas el modelo de cuidados de larga estancia y duración». Es una reclamación que «están poniendo encima de la mesa tanto la OIT como Naciones Unidas». Esto implica «mayor financiación, más recursos y unos sistemas integrados de prevención y atención al envejecimiento en los que se tenga en cuenta también sus prioridades y preferencias».

Por último, invita a reflexionar sobre «¿qué espera hoy la sociedad de las personas mayores? ¿Que den de comer a las palomas, que se sienten en los parques, que miren las obras, que no molesten? ¿Cuál es el rol que tienen hoy en día fuera de su papel utilitario de abuelo? ¿Y cuál es el enfoque que tiene la sociedad?». Estas cuestiones «a menudo, suelen estar asociada a coste sanitario, gasto en pensiones, etc.». Se olvida que «es un ciudadano de pleno derecho, tenga la edad que tenga, que debe ser protegido en su vulnerabilidad y que puede, además, tomar decisiones».