Un corto da voz a adolescentes en el sistema judicial: «Sienten que se les detiene la vida»

Un corto da voz a adolescentes en el sistema judicial: «Sienten que se les detiene la vida»

Los chicos y chicas que viven procesos del sistema judicial o administrativo «no saben qué les va a pasar, cuánto van a estar así o dónde está la salida», asegura la socióloga Esther Carrasco. Por eso el corto documental que codirige de la mano de UNICEF se llama El laberinto

María Martínez López
Carrasco (izquierda) durante el rodaje. Foto: cedida por Esther Carrasco.
Carrasco (izquierda) durante el rodaje. Foto: cedida por Esther Carrasco.

Hace un mes, UNICEF presentó El laberinto, un corto documental para conocer de primera mano las experiencias de adolescentes y jóvenes implicados por distintas causas en el sistema judicial y administrativo. La socióloga e investigadora Esther Carrasco ha sido la encargada de entrevistarlos, tanto a ellos como a los profesionales que los acompañan, dentro de un proyecto que ha codirigido con el director de la productora Quechua Films, Javier Corcuera.

La cinta está disponible en abierto para darle la mayor difusión posible. Según Carrasco, «el mejor regalo de Reyes que podemos hacerles a estos niños y niñas es que se modifiquen los procesos para que sean menos traumáticos y más acompañados, efectivos y reparadores».

—En El laberinto recogen testimonios de muchachos con historias muy distintas, pero todos comparten el enorme impacto que entrar en el sistema judicial o administrativo tiene en ellos.
—Efectivamente, entran desde muchas circunstancias: llegan al sistema de tutela por alguna situación que vive su familia; tienen procesos administrativos como los de la infancia migrante, o judiciales cuando son jóvenes en conflicto con la ley o por ser víctimas de todas las formas de violencia. Pero una de las cosas sorprendentes que quisimos reflejar es que desde lugares tan diferentes llegan a sentir de forma tan similar.

Coinciden en que vivían las situaciones desde mucha desinformación: no les contaban las cosas de forma que pudieran entenderlas, no les explicaban el porqué de los pasos que se daban. Por ejemplo, por qué los entrevistaban tantas veces. Una víctima de abuso sexual llegó a tener la sensación de que no la creían. Comparten también la sensación de no sentirse escuchados.

—Luego, además, la situación se prolonga durante años. ¿Qué supone esto para personas tan jóvenes?
—Sus tiempos son muy diferentes a los de los adultos. A estas edades, si un proceso dura años ocupa una parte muy importante de su existencia. Sienten que se les detiene la vida. Aquí hemos hablado solo con adolescentes, pero hay niños y niñas que están pasando por esto a los 2, los 5 o los 8 años, sobre todo casos en los que son víctimas o están en el sistema de acogida.

Lo viven además con muchísima incertidumbre, sin saber qué va a pasar, cuánto van a estar así ni dónde está la salida; por eso lo hemos titulado El laberinto. Con un pasado en el que hay situaciones complicadas que hacen que necesiten tutela y acompañamiento adulto, se encuentran en una situación que les parece que en realidad se agrava respecto a de donde venían.

—¿Cómo ha sido entrevistar a estos muchachos y muchachas, con contextos tan delicados, nada menos que para hacer público su testimonio aunque sea desde el más absoluto anonimato?
—Siempre hemos hablado con ellos muy asesorados por sus personas de referencia y en un momento adecuado en el que pudieran hablar y les fuera a venir. Cuando el acercamiento del profesional adulto no es el adecuado, se les revictimiza. Puedes estarles preguntando y lo que estás haciendo en realidad es incurrir en un trauma.

El documental garantiza totalmente el anonimato de los entrevistados. Foto: Quechua Films.
El documental garantiza totalmente el anonimato de los entrevistados. Foto: Quechua Films.

—Un grupo específico es el de los menores que han cometido infracciones. ¿Tienen características particulares por ello?
—Cada niño o niña es un caso particular. Esto es importante para intentar no programar lo que puede ser la solución. En esta parte que llamamos de los que están en conflicto con la ley, sus sensaciones son las mismas y además tienen el estereotipo de que han sido los responsables. Pero puedo decir que la mayoría han sido víctimas también porque hay un contexto de origen que hace que entiendan que pegarse es la forma de resolver un conflicto. No podemos tratar lo que han hecho como si fueran los únicos responsables.

En general a la hora de trabajar con ellos no se tiene en cuenta que con un tratamiento pueden mejorar pero van a acabar volviendo a un contexto en el que lo que han vivido es eso. Aunque sí que hay organizaciones y proyectos que lo empiezan a tener en cuenta, como [el modelo de atención a la infancia víctima de violencia sexual] Barnhaus o el Juzgado de Infancia de Canarias. En este laberinto, hay personas que aparecen como aliadas, con mucha vocación, formadas y comprometidas.

—¿Qué se puede hacer para que sean más?
—Es muy importante la especialización. Cuando los profesionales no actuamos de forma adecuada lo hacemos por desconocimiento. Por ejemplo, tendemos a estereotipar. Y los tiempos no ayudan. A veces un juez, un abogado o un educador tiene apenas unos minutos para evaluar a un chico. Yo misma me aplico esto. Cuando entrevisto a algún chico no llego y le hago mis preguntas de entrada. Antes, le pregunto siempre cómo está, le informo de qué vamos a hablar y le digo que si no está preparado para hablar de algo no lo vamos a hacer. Todos los que estamos en relación con ellos tendríamos que prepararnos así.

Uno de los protagonistas del corto. Foto: Quechua Films.
Uno de los protagonistas del corto. Foto: Quechua Films.

—El documental plantea estas cuestiones pero no ofrece una receta para reformar la relación de estos muchachos con el sistema judicial. ¿Cuál ha sido su objetivo al grabarlo?
—Se busca intentar sensibilizar sobre una realidad que no siempre es conocida y hacer incidencia, elevar la voz de estos chicos y chicas, que muchas veces no tienen la posibilidad de ser escuchados. Por otro lado, amplificar el trabajo que algunos están haciendo para que las cosas vayan de otra manera e insistir en que pueda haber medidas que faciliten que estos procesos se hagan de forma que sean más gratos y vayan mucho más a favor y acoplados al desarrollo y las necesidades de los niños, niñas y adolescentes. Ellos hablan con una claridad tremenda y muchas de sus peticiones y las de los profesionales quedan muy explícitas.

Estos chicos ya tienen un pasado complicado y un presente complejo. El futuro tiene que ser suyo, les pertenece. Pero también es nuestro porque ellos son nuestro futuro. Por eso nos compete a todos, aunque en este caso se apela en particular al sistema judicial y administrativo.