Un columbario gratuito para niños y jóvenes

No es fácil llevar a la práctica la obra de misericordia que pide enterrar a los muertos, pero estas personas han acompañado a muchos a las puertas de la muerte, y han preparado para ellos una sepultura digna, a la espera de la resurrección

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Juan con monseñor Osoro, durante una visita del obispo a la parroquia. Foto: Archivo personal de Ignacio Andreu

No es fácil llevar a la práctica la obra de misericordia que pide enterrar a los muertos, pero estas personas han acompañado a muchos a las puertas de la muerte, y han preparado para ellos una sepultura digna, a la espera de la resurrección

En la cripta de la parroquia Santa María Soledad Torres Acosta, en el barrio de Las Tablas (Madrid), hay desde hace meses un columbario con unas características muy especiales. «En el consejo pastoral de la parroquia –cuenta el párroco, Ignacio Andreu– hablamos sobre qué iniciativa hacer por el Año de la Misericordia, algo que fuera permanente. Pensamos en una obra de misericordia un poco abandonada: enterrar a los difuntos y rezar por ellos, y de ahí salió instalar un columbario». Pero no se trata de un columbario cualquiera: «si es una obra de misericordia debía ser gratuito; y además dirigido a aquellas familias que quizá más pueden sufrir una muerte cercana: las que han perdido a un hijo».

Ignacio Andreu ante el columbario. Foto: Juan Luis Vázquez-Mayordomo

El columbario está así abierto a las familias que han perdido un bebé o un hijo, por cualquier enfermedad, o en un accidente de tráfico, o por las drogas, y cuyos padres querrían un lugar cercano, donde se reza y se ofrece la Eucaristía por ellos. El párroco solo pide a las familias que acudan al menos una vez al año, en noviembre, para rezar juntos por sus difuntos, «con la posibilidad de formar en el futuro grupos de padres que hayan pasado por lo mismo».

De momento, el primer joven que está en el columbario es Juan, «un chaval del barrio de 27 años, que tenía problemas con la droga y que estuvo ayudando en la parroquia e incluso viviendo tres años con nosotros, pero cuando se independizó tuvo una recaída muy fuerte y murió en diciembre pasado», cuenta Ignacio. También hay en perspectiva acoger los restos de una chica de 21 años fallecida de cáncer y cuya madre está recibiendo la ayuda de la Cáritas parroquial.

De este modo, la parroquia ofrece que, «en este tiempo en el que está tan extendida la incineración, las familias puedan disponer de un lugar donde los restos de sus hijos se respeten y se veneren, y se rece por ellos».

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo