Un caso de COVID-19 entre refugiados en Grecia «confirma que hay que evacuar los campos»

Desde Cáritas Europa denuncian que los campos de refugiados de la parte continental del país, donde vivía la mujer contagiada, tampoco están preparados para hacer frente a la pandemia. Los solicitantes de asilo deberían ser enviado a otros países de la UE

María Martínez López
Foto: REUTERS/Michalis Karagiannis

La confirmación el martes del primer caso de COVID-19 entre los refugiados de Grecia «confirma lo que hemos estado diciendo repetidamente: que es necesario evacuar urgentemente a los migrantes de las islas griegas a países de la Unión Europea». Habla a Alfa y Omega Leïla Bodeux, de la sección de Políticas y Apoyo de Cáritas Europa.

La persona contagiada es una mujer de menos de 30 años que vive en el campo de Ritsona, a 75 kilómetros de Atenas. El sábado ingresó en un hospital de Atenas para dar a luz. El lunes empezó a presentar síntomas de neumonía por coronavirus y la prueba confirmó el positivo, informó un portavoz del Ministerio de Migración a la agencia EFE. Tanto su pareja como un amigo de la familia han dado negativo en la prueba, y no se han difundido los resultados del recién nacido.

La Organización Nacional de Salud Pública (EODY) ha enviado un equipo al campamento para investigar e intentar encontrar a todas las personas con las que la mujer haya tenido contacto. Ahora mismo la gran duda para las autoridades es si el contagio se produjo en el campo o en el mismo hospital.

Sin embargo, dilucidar esta cuestión no marcaría ninguna diferencia para Bodeux. Aunque la mujer no hubiera contraído el COVID-19 en el hospital, esto no anula el hecho de que «las instalaciones [para solicitantes de asilo] en la Grecia continental también están saturadas y las condiciones de vida son muy pobres», incluyendo un «difícil acceso a la atención sanitaria».

Que el COVID no retrase la reubicación de personas vulnerables

En el campo de Ritsona viven unas 2.200 personas en tres sectores de prefabricados. Además, trabajan unas 140 personas. La situación es ligeramente mejor que en los campos esparcidos en cinco islas del Egeo, donde se hacinan 42.000 personas en condiciones verdaderamente insalubres. Pero no deja de ser «insostenible». Por eso, la representante de Cáritas Europa subraya que si el Gobierno griego decidiera vaciar los campos de las islas, como pidieron esta entidad y otras 200 hace una semana, «no sería la solución ideal evacuarlos» a centros del continente.

«Debería hacerse a países de la UE. Se necesita ya mismo solidaridad con Grecia», que en los últimos dos años ha vuelto a recibir muchos refugiados. En todo el país hay ya 115.000 migrantes y solicitantes de asilo, de los cuales 75.000 no están en las islas. Bodeux recuerda que al menos siete estados miembros se ofrecieron ya a acoger a menores no acompañados. «Es importante que esta reubicación ocurra lo antes posible, por supuesto respetando las medidas de prevención del COVID-19, y que no se retrase interminablemente».

Por ello, desde Cáritas Europa sostienen que «la Unión Europea debería empujar a los estados miembros a implementar la reubicación de solicitantes de asilo, incluyendo de adultos vulnerables. También debería reforzar el suministro de asistencia humanitaria». Piden además que se reabran los trámites para las solicitudes de asilo, suspendidos por Grecia el 1 de marzo.

Se trata de una de varias medidas tomadas por el Gobierno conservador del país heleno para restringir la política migratoria. Otro aspecto preocupante de la nueva legislación es que recoge que, cuando se reconozca a los solicitantes de asilo el estatus de refugiado, se les retirarán todas las ayudas que hayan estado recibiendo hasta entonces. Además, el período que tendrán que esperar para solicitar la nacionalidad se equipara al del resto de migrantes: siete años. Todo ello hace que «sus perspectivas de integración son complicadas».

Una situación «catastrófica» y, ahora, «más urgente»

Grecia, con 1.212 contagiados y 47 fallecidos por coronavirus, vive en confinamiento total. El pasado viernes el Gobierno dictó varias medidas adicionales para intentar evitar la propagación de coronavirus en los campos. Con anterioridad, se había decidido cerrarlos por la noche y permitir solo a una persona salir a hacer las compras imprescindibles durante el día, además de restringir el acceso al mismo a las ONG consideradas no esenciales. Unas medidas que «hicieron que la distribución de comida y servicios sea más difícil», recuerdan desde Cáritas Europa. Diversas ONG están buscando medios de seguir ofreciendo apoyo, por ejemplo psicológico, por teléfono.

Con las nuevas disposiciones se limitaba aún más la libertad de movimiento de los solicitantes de asilo y se preveía la instalación de cajeros automáticos y tiendas con productos de primera necesidad de proveedores locales en algunos campos. Pero ninguna de estas medidas parece capaz de atajar «una situación que ya era catastrófica antes», y a la que «la expansión del COVID-19 añade más urgencia».