Nuestra comunidad está presente en el Camino de Santiago, en el albergue de Santa María, en Carrión de los Condes (Palencia). Llevamos ya cerca de doce años acogiendo al peregrino. Nuestra labor es la del que prepara las estancias para cuando lleguen; la de esperarles con algo caliente si hace frío, o algo fresco si vienen golpeados por el calor; la de escuchar todas las historias que traen en sus mochilas; la de ofrecerles no solo la escucha, sino la liturgia y el sacramento como bálsamo; la de despedirles con un canto, una bendición y una estrella de papel que les recuerde las señales que desde el cielo, en nuestras noches, nos muestran el Camino para llegar a Él… Se van cada mañana y a las pocas horas vienen más. Es un trabajo constante, con personas de todas las nacionalidades, con las mismas heridas y las mismas alegrías aunque vivan lejos.

Este verano las hermanas estamos sorprendidas. Muchos peregrinos han expresado su deseo de Dios, su nostalgia de Dios. Hacían el Camino para entrar en un seminario o en la vida religiosa; porque tenían una enfermedad incurable y querían rezar; porque tenían que dar gracias a Dios; porque les había abandonado el ser querido y buscaban el consuelo de Dios, o porque tras el tráfago de la vida necesitaban un silencio que pudiera recoger la Palabra que no pasa… Estábamos sorprendidas y encantadas, porque Dios era para muchos el motivo de echarse a andar.

Podría contar mil historias. Me detengo en una, la de una hospitalera, Débora, judía y norteamericana. Su madre estuvo en un campo de exterminio nazi. Era una mujer serena, con una sonrisa sincera y limpia. Cada mañana decía que recibía a los peregrinos como Abraham recibió la visita de Dios en Mambré. Acogía a cada peregrino con la certeza de que recibía a Dios mismo y era impresionante el respeto, la dedicación, el servicio y la humildad que les ofrecía. ¡La visita de Dios en cada hombre que acogemos! Débora lo vivía como judía. Nosotras, como cristianas, sabiendo que Él se encarnó y está presente en cada uno de nuestros hermanos.

Madre Prado González Heras
Priora del monasterio de la Conversión. Hermanas Agustinas