Tres películas, tres formas de entender la tarea de la vida

Coinciden en la cartelera tres títulos interesantes: Foxfire, que ilustra hasta dónde puede llevar la ideología antisistema; Amanece en Edimburgo, un inolvidable canto al amor y a la familia…

Juan Orellana
Escena de la película Foxfire

Coinciden en la cartelera tres títulos interesantes: Foxfire, que ilustra hasta dónde puede llevar la ideología antisistema; Amanece en Edimburgo, un inolvidable canto al amor y a la familia, y El sueño de Ellis, un drama abierto al perdón cristiano y a la intervención de la Providencia

Foxfire

El siempre incómodo cineasta galo Laurent Cantet es un director permanentemente interesado por los problemas de naturaleza social, y a la vez muy pegado a la mentalidad progresista francesa. Ya mostró sus cartas en La clase, sobre la emergencia educativa, o en las precedentes El empleo del tiempo, Recursos humanos y Hacia el sur.

En Foxfire, va al fondo del sesentayochismo con una mirada amarga y nada complaciente, a pesar de las simpatías ideológicas que a priori podrían suponérsele. Trata de una adolescente, Leg, que a finales de los cincuenta lidera un grupo de compañeras de clase con el fin de defenderse mutuamente de las imposturas machistas de los chicos del instituto. Crean una especie de club clandestino, Foxfire, en el que se ingresa por medio de un juramento, al estilo de los clubs universitarios anglosajones. En el origen de la actitud rebelde y agresiva de Leg, está la precaria relación con un padre viudo, alcohólico y ausente. En seguida las chicas de Foxfire empiezan a pasarse de la raya con sus venganzas y a transgredir la legalidad. Están todas tan desarraigadas, que acaban por irse a vivir juntas a un caserón medio abandonado, al estilo de la clásica comuna.

Fotograma de Amanece en Edimburgo
Fotograma de Amanece en Edimburgo

Leg encuentra su punto de referencia en un sacerdote anciano, una especie de cura obrero nostálgico de la revolución que se convierte sin saberlo en el ideólogo de Foxfire, y que les trasmite los postulados del socialismo marxista más primario: «La felicidad está en la acción».

Así que, poco a poco, las chicas del grupo empiezan a convertirse en pequeñas terroristas, estropean escaparates, usan navajas… Hasta que son detenidas y se cuestionan sus planteamientos más utópicos del feminismo. Se dan cuenta de que el mal no es un problema de género. Pero Leg se radicaliza, declara su profundo ateísmo y descarta cualquier sentimiento que no sea de clase. Foxfire se vuelve sectario, y cualquier miembro no considerado puro es expulsado. De ahí, a las armas de fuego, ya sólo hay un paso. La tragedia acabará con la fantasía pre-sesentayochista de todas menos de Leg, que acabará en las tropas del revolucionario Fidel Castro en Sierra Maestra.

Con ecos de cintas como El club de los poetas muertos, La ola o La clase, Foxfire es un honesto recorrido que nos lleva, desde el desencanto de una infancia injusta, hasta el odio hacia la religión y todo lo establecido, un rencor hacia la vida. Una película de gran actualidad que nos recuerda cómo en una sociedad sin ideales, sin familias…, resurge inevitablemente la violencia de los radicales.

El sueño de Ellis y Amanece en Edimburgo

Escena de El sueño de Ellis
Escena de El sueño de Ellis

Si hay un director que siempre ha apostado por el actor Joaquin Phoenix es James Gray, cuya última película con él fue la interesante Two Lovers. El sueño de Ellis nos cuenta las peripecias de una inmigrante polaca, Ewa (Marion Cotillard), que llega a Nueva York con su hermana, enferma de tuberculosis, la cual es retenida en la Isla de Ellis por ese motivo. Ewa, sin dinero ni apoyos y a punto de ser deportada, es apadrinada por un hombre (Joaquin Phoenix) que le promete el dinero necesario para rescatar a su hermana a cambio de que trabaje para él… prostituyéndose. Ewa, una mujer profundamente católica, comienza un calvario que la destruye por dentro. Pero su honda fe y sus oraciones dan fruto, y lo que era una historia de crimen y deshumanización se transforma en una historia de redención, sacrificio y perdón. Aunque la historia tiene algo de culebrón, la presencia de Cotillard la eleva muy por encima de su guión.

Otra película en la que el amor y el perdón tienen la última palabra es Amanece en Edimburgo, un musical, con escenas antológicas, que tiene como protagonistas a las canciones de The Proclaimers. Dos amigos soldados regresan a Edimburgo después de la guerra de Afganistán. Un delicioso canto a la familia, al amor verdadero, a la reconciliación, y con unas canciones llenas de sentido religioso. Una película difícil de olvidar.

Juan Orellana