Tres generaciones de mecenas, al servicio del arte

En la muestra Colección Masaveu: del Románico a la Ilustración. Imagen y materia podemos contemplar una selección de las 1.500 obras de arte que posee esta familia asturiana, dedicada al coleccionismo por generaciones, y que abrirá sede en Madrid, junto al Paseo del Arte (calle Alcalá Galiano, 6)

Eva Fernández
‘La Última Cena’, del Maestro de Perea (1490)
En la muestra Colección Masaveu: del Románico a la Ilustración. Imagen y materia podemos contemplar una selección de las 1.500 obras de arte que posee esta familia asturiana, dedicada al coleccionismo por generaciones, y que abrirá sede en Madrid, junto al Paseo del Arte (calle Alcalá Galiano, 6). En el Ayuntamiento de Madrid, en Cibeles, se exhiben 63 pinturas y esculturas que dan cuenta de la evolución de la temática religiosa del Románico a la Ilustración, y que llevan la firma de El Greco, El Bosco, Murillo, Zurbarán o Alonso Cano, entre otros grandes. Podrá visitarse hasta el 25 de mayo

No siempre se tiene la posibilidad de descubrir una gran pinacoteca en miniatura. Más aún si apenas se ha podido contemplar en público y si es fruto de la pasión de una familia por coleccionar obras de arte, rescatando en muchas ocasiones piezas únicas en casas de subasta del extranjero. Todo este tesoro forma parte de la Colección Masaveu, forjada a través de tres generaciones familiares. Hacia 1840, Pedro Masaveu Rovira se asienta en Oviedo, donde comienza a hacer fortuna en el negocio textil. Su sobrino, Elías Masaveu Rivell, crea en 1898 la primera fábrica de cemento artificial de España. Su afición por el arte le lleva a abrir la primera galería de arte en Asturias a mediados del siglo XIX. El siguiente de la saga, Pedro Masaveu Masaveu, inicia la colección y, gracias a su empeño, consigue salvaguardar piezas únicas del patrimonio español que se hubieran perdido para siempre. Ya en el siglo XX, su hijo, Pedro Masaveu Peterson crea su propia colección y triplica el legado artístico atesorado por su padre. Al fallecer sin descendencia en 1993, su hermana María Cristina asumió la responsabilidad de ambas colecciones y decidió pagar el impuesto de sucesiones con 410 obras de arte de la colección de su hermano, manteniendo así intacto el legado artístico de su padre. Todas estas piezas se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Poco antes de fallecer en 2006, María Cristina Masaveu creó una Fundación que lleva su nombre, a la que constituyó en única heredera. Gracias a esta pasión por el arte, la familia Masaveu dispone de más de 1.500 piezas de valor incalculable, dignas de formar parte de las mejores pinacotecas del mundo.

Pese a que la colección cuenta con obras de arte contemporáneo, en esta ocasión, su Comisario, don Ángel Aterido, ha optado por reunir únicamente piezas de temática religiosa que reflejan la evolución del género entre los siglos XII y XVII. Conviene recordar que muchas de estas piezas no habían sido mostradas al público desde hace décadas. Entre ellas se encuentra un relieve en marfil del Descendimiento, fechado hacia 1115, probablemente una de las muestras más importantes de arte decorativo español en manos privadas. Originalmente, formaba parte de una pieza doble, que ahora se encuentra en el Hermitage, de San Petersburgo. Sorprende que, en apenas 13 cm, su autor haya conseguido plasmar la delicadeza con la que la Virgen toma la mano recién desclavada de su Hijo, así como el esfuerzo de José de Arimatea al cargar con el peso de Jesús, y el empeño de Nicodemo para sacar el clavo que sujeta el pie izquierdo del Crucificado. Estos relieves de marfil fueron muy apreciados en el románico y su material se consideraba tan valioso como el oro. Gracias a las innovaciones que permitía la pintura flamenca, el Maestro de Perea pintó una monumental Última Cena, fechada en 1500, en la que se aprecia uno de sus signos distintivos: la oreja que asoma entre un mechón de cabello en muchos de sus personajes. Siglo y medio más tarde, el pintor cordobés Antonio del Castillo y Saavedra pinta su obra maestra, Adoración de los pastores, 1651. En ese momento, Córdoba acababa de salir de una desoladora epidemia de peste, origen, quizás, de la oscuridad que envuelve esta escena.

Otra de las piezas más significativas de la Colección Masaveu es un Calvario de mediados del siglo XIII, formado por 3 esculturas de grandes dimensiones de madera policromada, realizado por un maestro anónimo castellano. Es de los pocos que se conserva completo.

Tras la desolación que sufrió Europa a mediados del siglo XIV, tanto por la peste negra como por la guerra de los 100 años, la piedad popular necesitaba de imágenes que representaran la cercanía de Dios de una forma más palpable. El tema de la Piedad se convirtió en una de las devociones más veneradas al final de la Edad Media. Vemos un buen ejemplo en esta Piedad de la segunda mitad del siglo XV, de la Escuela Hispanoflamenca. Mas adelante, en la Castilla de los Reyes Católicos, se hicieron muy populares las imágenes denominadas Santa Ana triple, como la que muestra la exposición, realizada hacia 1510. Es muy probable que su autor perteneciera al círculo cercano al maestro de Covarrubias. Se trata de una imagen de gran contenido simbólico, en la que santa Ana acoge a su hija y a su nieto, mostrando la línea de parentesco libre de pecado que culminó en Cristo.

Ésta es sólo una pequeña muestra de los tesoros desconocidos de la Colección Masaveu, uno de los acontecimientos artísticos de la temporada madrileña.

Eva Fernández