Todos quieren vivir - Alfa y Omega

Todos quieren vivir

La actriz Valeria Golino, a la que pudimos ver hace años en Rain Man, debuta como directora con Miel, un interesante drama sobre la eutanasia, protagonizado por la excelente actriz italiana Jasmine Trinca (La mejor juventud, La habitación del hijo), y que es la adaptación de la novela A nome tuo, de Mauro Covacich

Juan Orellana
Fotograma de la película Miel

Irene es una joven de treinta y dos años, ex-estudiante de Medicina, que trabaja para un médico, antiguo novio, que promueve clandestinamente la eutanasia. Cuando algún paciente con enfermedad terminal pide la eutanasia, ella se encarga de asistir su suicidio de forma que no queden huellas que la puedan incriminar. Al paciente se le obliga a redactar un escrito testamentario en el que asume toda la responsabilidad.

Irene lleva una doble vida. Nadie conoce su secreto, y su nombre profesional es Miel. Un día descubre que un cliente suyo, el profesor Grimaldi (Carlo Cecchi), no tiene ninguna enfermedad, y que ha solicitado la muerte únicamente porque no encuentra el sentido a la vida. Esto remueve profundamente a Irene, hasta plantearse en profundidad el significado de lo que está haciendo.

La humanidad se impone al discurso

Pocas películas han planteado el tema eutanásico con la honestidad y la desideologización de ésta. Quizá hay que ir hasta Million Dollar Baby para encontrar algo similar, y desde luego Miel tiene toda esa limpieza de mirada que le faltaba a Amor, de Hanecke.

La película no juzga, y no se la puede considerar en ningún caso una película provida al uso. Pero es lo suficientemente sincera como para que la humanidad de los personajes se imponga a cualquier discurso y nos obligue a hacer cuentas con la verdad de la vida. Es decir, siendo una película sin trascendencia explícita, está cargada de sentido religioso. Irene es una mujer profundamente sola, empapada de nostalgia, casi de tristeza, añorante del cariño de su difunta madre. Busca evasivamente la belleza en la música, y las relaciones con los hombres no le satisfacen; además, en el fondo, su trabajo, que hace por convencimiento ideológico, le hace estar cada vez más triste.

Escena de la película Miel

El personaje de Grimaldi centra la cuestión: el problema, en realidad, no es la enfermedad, sino el sentido de la vida. Eso es lo que hay que buscar, como declaraba el protagonista de Las invasiones bárbaras. La humanidad de Irene se despierta en el encuentro con este hombre cínico y acabado, y descubre que su corazón no está hecho para hacer de matarife bienintencionada. Entonces es cuando es capaz de afirmar: «Todos mis pacientes quieren vivir, no morir». Pero quieren vivir una vida que sea vida, que rebose el corazón.

Hay un momento en que Irene mira a cámara e interpela al espectador, obliga a éste a ponerse en juego, a tomar una decisión ante lo que nos muestra la película. Y ella quiere ser leal con lo que su humanidad le reclama en cada momento. Ésta es la grandeza de una película que hace añicos, antropológicamente hablando, los diseños ideológicos de Amor. Quizá es por ello por lo que ha obtenido la Mención Especial del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes del pasado año.

El drama, en su nivel correcto

El plano final, que no desvelamos, es una hermosa metáfora: lo increíble, lo improbable, puede ser verdad. El milagro puede ocurrir.

La película no es moralizante, ni quiere ofrecer un final cerrado y complaciente. Como la citada cinta de Clint Eastwood, no cierra el drama en falso, pero lo sitúa en su nivel correcto: el de los deseos más profundos del ser humano. Por eso, es especialmente importante que Golino, siendo una defensora del cacareado derecho a decidir, y propugnadora de una ley de regulación de la eutanasia, haya hecho una película tan abierta y poco ideológica.

Cinematográficamente, la película es muy brillante, con unos encuadres llenos de belleza, como el uso de la música y las canciones. Ésta sí que es una película que habla de la gran belleza, una belleza que contradice continuamente a la muerte entendida como el atajo de salida.

Hay que advertir que las situaciones son duras y que, en un par de momentos, muestra contenido sexual explícito. Una película ideal para un enjundioso cineforum.