Theo Boer, bioeticista holandés: «En 20 años estaréis como en Holanda» - Alfa y Omega

Theo Boer, bioeticista holandés: «En 20 años estaréis como en Holanda»

ENTREVISTA / Theo Boer, teólogo protestante y bioeticista, apoyó en un principio la ley de la eutanasia en los Países Bajos. Su experiencia en un Comité Regional de Revisión entre 2005 y 2014 le hizo cambiar de opinión

María Martínez López
Foto: Theo Boer

Usted apoyó la ley de la eutanasia, convencido de que contenía los requisitos para evitar abusos. ¿Qué le hizo cambiar de opinión?
Al principio estaba convencido de que el sistema holandés mantendría las cifras de eutanasia bajas. Y lo eficazmente durante cinco años. Pero desde 2007 hemos visto cómo los números se han triplicado y una rápida expansión de las razones por las que se aplica, de tal manera que un número considerable de personas ya considera la eutanasia como la única buena muerte. Tampoco se ha logrado su otro objetivo de la ley, sacar a la luz los casos que ocurrían en las zonas grises. Todavía hay miles de casos de terminación de la vida –algunos incluso sin petición previa– que no se declaran ni se evalúan por los comités. Creo que hemos visto que la oferta crea demanda.

¿Sigue estando a favor de la eutanasia como una decisión individual en algunos casos muy concretos?
Aunque yo no lo elegiría para mí mismo, especialmente habiendo tantas buenas alternativas, comprendo a quienes lo hacen, porque sigue siendo una decisión dramática. Sin embargo, no creo que legalizarla sea la solución. No solo es imposible prevenir todo tipo de abusos; incluso si pudiéramos, pienso que la misma práctica de una eutanasia legal es problemática. La tragedia no se puede regular legalmente. En el caso excepcional de que un médico tuviera que matar a un paciente a petición de este, dejemos que siga siendo una extraña excepción sobre la que decidan los tribunales.

¿Cuáles han sido las consecuencias más preocupantes de la legalización de la eutanasia?
En primer lugar, la muerte se ha convertido en un proyecto humano, con derechos de los pacientes y el correspondiente deber por parte de los médicos. Nos beneficiaría mucho más desarrollar la competencia para lidiar con «lo dado» y la adversidad, de forma más estoica. Otra consecuencia negativa es que nuestra definición de lo que es una vida que merece ser vivida se ha vuelto más limitada: una vida con salud, autonomía, abundancia, independencia y una participación activa en el mercado laboral. Si no cumple estos requisitos, muchos la consideran demasiado dura como para seguir viviendo. Ocurre lo mismo el comienzo de la vida: si hay una discapacidad tendemos a considerarlo candidata al aborto.

¿Existe la pendiente deslizante? En caso afirmativo, ¿cómo se manifiesta?
Al comienzo del proceso de legalización, los defensores de la eutanasia argumentan que es necesaria para evitar terribles agonías en el lecho de muerte. El siguiente paso es dejar al paciente definir lo que para él es «una muerte terrible». Si permitimos la eutanasia para el dolor extremo, ¿por qué no también para un final de la vida sin dolor en el que el paciente rechaza una espera sin sentido y depender de cuidados ajenos? Un paso más es considerarla un derecho del paciente en vez de un último recurso excepcional. El cuarto peldaño es permitirla no solo para evitar una muerte terrible, sino también vidas terribles, extendiéndola a cualquier enfermo, incluso con una esperanza de vida larga. Aquí, nos acercamos peligrosamente a un conflicto con los programas de prevención del suicidio. Estas etapas se están dando en casi todos los lugares [con leyes de eutanasia o suicidio asistido]: Países Bajos, Bélgica, y más recientemente Canadá.

¿Qué probabilidades hay de que se legalice la píldora Drion o alguna otra fórmula para suicidarse cuando uno estécansado de vivir?
La eutanasia o el suicidio asistido para una vida completada estuvo muy cerca de convertirse en legal en 2016 pero un comité estatal presidido por un sociólogo muy liberal, Paul Schnabel, previno en contra: demasiados riesgos para las personas vulnerables, demasiados riesgos de minar la actual ley de eutanasia, demasiada poca necesidad real. Esas conclusiones se reafirmaron en un proyecto de investigación muy reciente, liderado por Els van Wijngaarden: hay muy poca necesidad. Mi impresión es que ya no hay una mayoría parlamentaria que lo apoye, también porque la gran mayoría de los pensadores más sofisticados –muchos de ellos secularistas– se opone.

¿Y si no ocurre en esta legislatura? ¿Es solo cuestión de tiempo?
No, creo que este proyecto tendrá una muerte prematura. Mucha gente está de acuerdo en que los pocos que quieren morir por haber «completado» su vida deberían encontrar (en internet, etc.) los medios para ejecutar su propia muerte. Después de todo, el suicidio, con todo lo trágico que es, no es un crimen en los Países Bajos. Los ciudadanos capaces tienen libertad para organizar su propia muerte, siempre que no sea la sociedad la que se la organice.

¿Qué significaría esta píldora para suicidarse para la eutanasia?
Definitivamente sería un atajo para que los mayores sorteen el engorro de la eutanasia, con sus muchos requisitos.

¿Y por qué solo para los mayores y no también para todos los que están cansados de vivir?
Muy buena pregunta. Una ley así mandaría un mensaje muy cínico a un grupo grande de ciudadanos mayores: «Está bien que no quieras seguir por aquí. Si fueras más joven, te incluiríamos en un plan de prevención del suicidio, pero ahora estás dentro de un plan de promoción del suicidio». De hecho, es una discriminación para los más jóvenes. ¿Por qué una persona de 59 años no va a tener derecho a considerar que ya ha completado su vida? Hay personas de 90 años que esperan llegar a los 100, y otras de 60 ya no tienen metas.

¿Esta propuesta, es una exageración loca de los holandeses o la consecuencia lógica de la mentalidad detrás de la eutanasia?
Definitivamente lo segundo. Las sociedades con un derecho a morir quieren más y más. Cualquier paso se ve no como un acuerdo final sobre una disputa moral sino como un modesto comienzo para pasos más radicales. La Sociedad Holandesa por el Derecho a Morir nunca se ha quedado satisfecha, y todavía defiende con vehemencia la píldora suicida. Sin embargo, no todas las entidades están comprando esta retórica. Las protestas vienen tanto de conservadores como de liberales.

¿Qué piensa cuando ve que a pesar de la experiencia holandesa, otros países siguen proponiendo leyes de eutanasia?
Hay un enorme populismo moral: la gente piensa en términos de soluciones fáciles. Si se hiciera una encuesta para volver a la pena de muerte, creo que también habría una mayoría a favor. O para bajar los impuestos. Por eso creo que los parlamentos tienen el deber de evaluar los efectos a largo plazo y considerar no solo las ventajas sino también los inconvenientes. Y son enormes. La eutanasia ha cambiado la forma en la que los holandeses conciben la muerte de una forma similar a cómo el volar ha cambiado cómo pensamos en la cultura, la migración, el comercio y el turismo. El impacto es enorme. La muerte se está convirtiendo cada vez más en un proyecto. Y disminuye nuestro nivel de tolerancia al sufrimiento, a depender de cuidados y a la vulnerabilidad.

Los que quieren legalizar la eutanasia son ingenuos. Pero también están gravemente equivocados. Mirad, en mi país no teníamos ningún ejemplo. Pero vosotros tenéis que mirar bien a los sistemas holandés y belga, y veréis dónde vais a estar dentro de 20 años. Mirad a los médicos holandeses: en 2001, el 11 % se negaba a practicar eutanasias; en 2016, había subido al 19 %. ¿Se han hecho todos religiosos? ¡Al contrario! Están viendo que la eutanasia ya no es necesaria dado el excelente nivel de cuidados paliativos. Ven que la tarea del médico no debería ser matar sino aliviar. Sienten la presión creciente de enfermos y familiares, y señalan medios alternativos para que la gente acaben con su vida sin ayuda de un médico.