Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo: «En el lugar más recóndito siempre hay misiones católicas»
El sobrino del explorador Miguel de la Quadra-Salcedo ha visitado el Sáhara Occidental con Obras Misionales Pontificias de cara a la campaña de Infancia Misionera
—Acaba de visitar el Sáhara Occidental con Obras Misionales Pontificias para conocer los proyectos que tienen allí con motivo de la campaña de Infancia Misionera. ¿Cómo le convencieron para ir?
—Fue un honor, me llamaron y me contaron. Yo encantadísimo porque desde hace 21 años hacemos España Rumbo al Sur, hemos estado en muchos países de Iberoamérica con ese programa de formación en tema de aventura y cooperación similar a lo que hacía mi tío Miguel de la Quadra Salcedo con la Ruta Quetzal. Y viajando por muchos sitios, en el más recóndito que te puedas imaginar, siempre hay misiones católicas. Además, como navarro, vengo de tierra de misioneros como san Francsico Javier. Hemos visto a lo largo de los años la labor tan impresionante que hacen. Para mí es un orgullo hacer cualquier cosa relacionada con la Iglesia y en concreto poder visitar uno de los 1.600 proyectos que tiene en todo el mundo Infancia Misionera.
—¿Qué lugares visitaron y qué proyectos había allí?
—Nos fuimos a Dajla, la antigua Villa Cisneros. Era la capital de lo que fue en su día el Sáhara español hace 50 años. Allí está el padre Mario León Dorado, que tiene un proyecto con gente local para gestionar todo tipo de temas sanitarios de niños con problemas psicomotrices y dependientes. Lo hace a través de alguien de allí que tuvo una embolia cuando tenía 8 años. Lo llevaron a los Hermanos de San Juan de Dios de Canarias y ahí se vio cómo podía mejorar desde el punto de vista médico y social. Él está en silla de ruedas, pero le enseñaron a valerse por sí mismo y a sacar el máximo potencial de su situación.

—¿Cómo es el Sáhara Occidental?
—Nos adentramos en un sitio con un paisaje maravilloso, en un desierto que era la pera. Como siempre pasa con las misiones, nos acogieron con hospitalidad y nos enseñaron el proyecto. La labor que hace todo el equipo con los chicos jóvenes es una auténtica maravilla
—¿Quiénes son los beneficiarios?
—Fundamentalmente, jóvenes con problemas de movilidad y cerebrales como el párkinson. A través de unos técnicos que han formado, van a centros de rehabilitación en Rabat y Casablanca que no podrían permitirse de otra manera porque serían muy caros. Y se apoya a las familias con temas de medicación y de apoyo. En la sociedad de allí, a las familias con un chico con este tipo de problemas se las ve como si tuvieran una maldición. Socialmente están excluidos.
—¿Y cómo eran los misioneros?
—Durante la semana que he estado allí, conocí a muchos voluntarios. Como una enfermera especializada en temas bucodentales que lleva muchos años haciendo revisiones, no solo de los chicos sino de sus familias. Hay muchos voluntarios que vienen de España y dan su tiempo. Cualquiera que haya estado en una misión sabe que ahí se coge lo mejor que tiene cada uno para relacionarlo directamente con las personas y ponerlos manos a la obra. Aquí era un tema sanitario y había también fisioterapia y odontólogos que apoyan los casos particulares de la gente

—¿Cómo entra esta gente en estos proyectos y cómo salen de ellos?
—Encuentran comprensión, acogida, cariño, cercanía y una solución real. Se da ayuda en cuerpo y alma.
—¿Qué tiene de especial esta campaña de Infancia Misionera? ¿Por qué los niños entienden mejor este tema?
—El 18 de enero se presenta en todas las parroquias y yo animo a la gente que se acerque a su párroco y lo pregunten en los colegios. Al final, las cosas buenas y naturales de la vida, como las misiones, la infancia las entiende más. Es lógico. Los mayores nos vamos haciendo más duros y es como si nos saliera una costra. La labor al final es difundir el Evangelio, hacer el bien sin mirar a quién. En este mundo tan materialista, donde todo necesita una recompensa inmediata, muchas personas salen de misión a estos lugares sin poder hablar abiertamente del Evangelio pero dando testimonio orando y con sus vidas.