Stockmann. El inagotable poder de la verdad

Iria F. Silva

El director de teatro Oriol Tarrasón ajusta a las tablas la obra del dramaturgo Henrik Ibsen Un enemigo del pueblo. Se trata de una adaptación libre del texto que representa un tema tan actual como la corrupción desde un pequeño pueblo donde el balneario es el mayor beneficio de los habitantes

Cualquier apasionado de Ibsen sabrá por descontado que el autor noruego era un hombre de mundo, de su mundo, pero de esos que trascienden las normas numéricas y llega hasta nosotros con una actualidad que asusta. Nadie mejor que él supo ver eso del machismo a finales del siglo XIX con Nora y su portazo, que aún retumba en las paredes de la jaula de oro que fue su hogar en Casa de muñecas; o esta otra señora, Alving, en Espectros, que tuvo que llevar una vida callada tragando con esos horrores y vicios del que fue el hombre que invadió e invalidó su vida (me encantan los parónimos, ya lo habrán averiguado). Ahora le toca el turno a Un enemigo del pueblo, un drama como la vida misma donde la verdadera protagonista es la verdad, la urgente necesidad de ser honrados en esos y estos tiempos que nos devoran. Para variar, un hombre, Stockmann, será la víctima de la mentira.

Picaresca y mentira

El argumento es aparentemente sencillo y quizá les sonará demasiado. Es lo que tiene vivir en estos tiempos convulsos donde la picaresca campa a sus anchas y la mentira se esconde detrás de tantas caras que hasta pasea por alfombras rojas y púlpitos. Un pequeño pueblo vive cómodamente de las virtudes de un balneario que reporta muchos beneficios a todos y cada uno de sus habitantes: a comerciantes, banqueros, a la prensa y hasta el mismísimo Alcalde, quien se eregirá como telón de fondo de la mayor de las hipocresías. Si bien ese balneario es la panacea para el pueblo, habrá un descubrimiento que hará temblar los cimientos de todos y cada uno de los protagonistas. Es ahí donde entra en juego Stockmann, el médico del lugar, que combatirá contra todos, incluida su familia, para defender aquello en lo que cree. Seguro que el argumento les suena. Como decía al principio, es terriblemente actual. La corrupción y sus máscaras. Al fin y al cabo, el ser humano es siempre el mismo, con sus miserias y sus virtudes.

Ritmo e intensidad

Oriol Tarrasón es el director de la pieza. Apuesta por un montaje arriesgado y valiente, ciertamente. La oscuridad, como la hipocresía, será una constante sobre el escenario que viene arropado por un elenco de actores televisivos, en su mayoría (Jorge Suquet –magífico, redondo–, Ana Mayo, Mario Tardón y Jimena La Motta). Se trata de una obra que va ganando en intensidad y en ritmo. Tiene momentos brillantes y otros quizás demasiado laxos, aunque no deja de ser una apuesta por el teatro del siglo XXI con sus aciertos y derrotas. Revisar a Ibsen siempre es un regalo. Abordar la verdad y la corrupción en estos tiempos es, más que nunca, un imperativo teatral, literario y vital.

Vayan a ver la obra. Vayan a vivir la obra. Vayan a disfrutarla y desentrañarla. Ibsen y el mismo Oriol Tarrasón les esperan con los brazos abiertos, les exigen la mente despierta y la moral, todo menos distraída.

Iria F. Silva @iriafsilva

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La obra se representa en el Teatro Fernán Gómez (plaza de Colón, 4) de martes a sábado a las 20:30 horas y los domingos a las 19:30 horas, desde el 6 de octubre hasta el 1 de noviembre de 2015.

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