Somalia, la eterna esperanza

El 14 de octubre, cientos de miles de personas salieron en Mogadiscio a gritar «¡basta!» cogidas de las manos y enfundadas en la esperanza de que otra Somalia es posible lejos del terrorismo

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Manifestantes rezan por las víctimas al lado del lugar donde ocurrió el atentado del día 14 de octubre en Mogadiscio. Foto: AFP Photo/Mohamed Abdiwahab

El 14 de octubre, cientos de miles de personas salieron en Mogadiscio a gritar «¡basta!» cogidas de las manos y enfundadas en la esperanza de que otra Somalia es posible lejos del terrorismo

Como cada mañana, con una oración silenciosa, Nabilah sacudía el polvo de las persianas aterciopeladas de su tienda abarrotada de telas africanas en la capital de Somalia, Mogadiscio. Pero el sábado 14 de octubre pudo observar cómo su mundo saltaba por los aires y pintaba la calle de un color ceniza. Era hora punta. Había mucho tráfico. Y un zumbido agudo silenció la vida del centro de la ciudad. El moderno sentir que ha ido adquiriendo la urbe en los últimos meses volvió a la parálisis y a la desfasada impronta de la constante reconstrucción. Los ataques suicidas con dos camiones –todavía sin atribuciones a ningún grupo, aunque es posible que fuera Al Shabab– mataron al menos a 350 personas, según las últimas cifras del Gobierno, y provocaron cientos de heridos, lo que colapsó los servicios de urgencias.

La otra Mogadiscio: el pueblo

Mogadiscio tiene una larga historia como un hermoso centro cosmopolita para el comercio con el océano Índico y como epicentro para el islam. Para muchos, la ciudad portuaria era un sinónimo de arquitectura deslumbrante, cines al aire libre y tardes de playa perezosas. Pero después del estallido de la guerra civil a principios de la década de 1990, Mogadiscio sufrió una destrucción masiva y padeció un cambio drástico.

Los clichés siempre se han aferrado a Somalia: un caso de libro de Estado fallido; una nación de piratas; un invernadero de terroristas; una tierra de hambre y anarquía. No obstante, y, a pesar de que muchas de estas etiquetas tengan una explicación también desde el papel que desempeñaron las potencias colonizadoras como Italia, Francia o Gran Bretaña hasta 1960, e incluso desde el de potencias como Estados Unidos con intereses geoestratégicos, el retrato debería ser más rico. Un matiz alejado de la espiral de conflicto y enfocado en los enormes desafíos a los que se enfrenta esta joven nación.

Lo que ocurrió días después del atentado del 14 de octubre en las calles de Mogadiscio, como comentaba por teléfono Nabilah, es una muestra aplastante: cientos de miles de personas salieron a gritar «¡basta!» cogidas de las manos y enfundadas en la esperanza de que otro país es posible lejos del terrorismo. Una de estas historias edificantes es la de Mohamed Farah, cofundador de Aamin Ambulance, una ONG local que desde hace una década tiene la única flota de ambulancias gratuitas en la ciudad. Y aunque el foco mediático nunca se había puesto en esta ONG, sus diez ambulancias y el equipo de 20 paramédicos de Farah se pusieron a disposición de la gente.

Las principales amenazas

La mayor amenaza para la seguridad del país sigue viniendo de Al Shabab. La organización terrorista ha estado a la defensiva, pero aún controla grandes partes del territorio somalí, principalmente fuera de las zonas urbanas. La milicia ha implementado con éxito su estrategia de guerra de guerrillas con ataques contra objetivos gubernamentales y extranjeros en todo el país. Pero también fuera de Somalia con un impacto extremadamente alto como, por ejemplo, los atentados en Kampala, la capital de Uganda, perpetrados en dos bares que televisaban la final del mundial entre España-Holanda (2010); los homicidios en el centro comercial Westgate, en Nairobi (2013), y la matanza de estudiantes en Garissa, Kenia (2015).

Tienen como objetivo demostrar –con éxito– la debilidad del aparato de seguridad de Somalia y socavar la presencia internacional. La propia capital es tan vulnerable que Al Shabab ha logrado atacar el palacio presidencial Villa Somalia y el Parlamento a pesar de la protección de la misión de la Unión Africana (AMISOM) con 20.000 soldados desplazados. El 14 de octubre fue el último ejemplo.

Somalia también ha sido puesta a prueba por la desgarradora y persistente crisis humanitaria. El país ha sufrido episodios de hambruna en numerosas ocasiones en los últimos 25 años. Aunque la situación ha mejorado desde 2011, se estima que tres millones de personas siguen necesitando asistencia humanitaria, más de 850.000 necesitarían alimentos de emergencia y 1,6 millones se encuentran desplazadas, según ACNUR, en un territorio con escasas infraestructuras estatales para hacer frente a esta situación de alarma.

Turquía, el nuevo aliado somalí

«Turquía es el único país que ha ayudado a mi país después del mortal atentado terrorista», explicaba el presidente elegido en febrero, Mohamed Abdullahi, alias Farmajo. Esta declaración se enmarca en un contexto internacional más amplio. Turquía se ha convertido en el actor internacional con más presencia en el país. Un tablero de juego complejo ya que Somalia se vio atrapada hace unos meses en el bloqueo a Qatar liderado por Arabia Saudí (el mayor benefactor del Gobierno somalí) y los Emiratos Árabes Unidos (han entrenado al Ejército del país). Mientras tanto, en una muestra de fuerza, Somalia ha permitido que los aviones de Qatar vuelen a través de su espacio aéreo. En junio, Turquía destinaba fuerzas adicionales a su base militar de Qatar, por lo que las repercusiones en la región todavía están por ver.

Sebastián Ruiz Cabrera
Periodista y analista político de temas africanos. Profesor en la Universidad Loyola Andalucía de Comunicación Internacional