Ser sacerdote

«Dile a Jesús que nunca me olvide de que siempre es fiesta en el cielo cuando se dice Misa»: son palabras de monseñor Ángel Rubio, hoy obispo emérito de Segovia, escritas hace cincuenta años con motivo de su ordenación…

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«Dile a Jesús que nunca me olvide de que siempre es fiesta en el cielo cuando se dice Misa»: son palabras de monseñor Ángel Rubio, hoy obispo emérito de Segovia, escritas hace cincuenta años con motivo de su ordenación sacerdotal. Medio siglo, pues, de fiesta y de alegría, que celebra hoy con un pequeño cuadernillo en el que recoge 12 de sus conocidos Decálogos –algunos de ellos publicados en Alfa y Omega– sobre el sacerdocio, la misión, la Pascua, el Adviento, la Virgen María…; y en el que incluye también la carta de felicitación del Papa Francisco por su aniversario, o las Bulas por las que Juan Pablo II o Benedicto XVI le comunicaban sus distintos destinos episcopales: auxiliar de Toledo y obispo de Segovia.

Se trata, en fin, de un entrañable recuerdo de quien, cincuenta años después, confiesa:

«Ser sacerdote significa ser amigo de Jesucristo, y serlo cada vez más con toda nuestra existencia. El mundo tiene necesidad de Dios; no de un Dios cualquiera, sino del Dios de Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por nosotros, que resucitó y creó en sí mismo un espacio para el hombre. Este Dios tiene que vivir en nosotros, y nosotros en Él. Ésta es nuestra llamada sacerdotal: sólo así nuestra acción de sacerdotes puede dar fruto identificado siempre con el corazón de Cristo y cumplir su voluntad todos los días de mi vida. Todos los días del año: Predicar, orar, amar».