Seminaristas desde y para el Pueblo de Dios  - Alfa y Omega

El Día del Seminario, celebrado este último domingo, 22 de marzo, nos lleva a reflexionar sobre la importancia del seminario en la vida de toda Iglesia local, también en la de la archidiócesis de Madrid. No olvidemos que es allí donde se forman los futuros presbíteros, aquellos a quienes un día se les confiará la misión de acompañar la vida del Pueblo de Dios, para el que son ordenados y desde el que han surgido.

En las manos de la Iglesia local

El Pueblo de Dios tiene una importancia fundamental en la formación de los futuros presbíteros. Hablando sobre el seminario, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, recordaba este domingo que los seminaristas se ponen en las manos de aquellos que forman parte de la Iglesia local. Eso porque quien está en el seminario, «sale de una parroquia concreta, sale de una comunidad concreta y vive desde el Pueblo de Dios».

Una inserción en el Pueblo de Dios que se fomenta desde la escucha, la comunión y la apertura al Espíritu. Son elementos que deben estar presentes en una formación que tiene en cuenta la realidad concreta, como señalaba recientemente el rector del Seminario Conciliar de Madrid, Antonio Secilla. Es ahí donde se hacen presentes los signos de los tiempos, un imperativo para no vivir la vocación como algo aislado de la realidad, para no ver los seminarios como burbujas que aíslan de la vida de la gente de a pie, como espacios separados o alejados.

Desde el Seminario de Madrid se ve necesario profundizar en esa dimensión comunitaria de la vocación, tanto antes como durante el proceso de discernimiento vocacional. Una dinámica que cobra sentido cuando se entiende que el seminarista es llamado para un día ser enviado a servir al pueblo de Dios, del que todos los bautizados formamos parte y con el que todos los presbíteros y aquellos que se forman para asumir ese servicio, vamos caminando todos juntos. Al final, el seminarista es llamado a descubrir que la vida del sacerdote es «vivir en medio de una comunidad», como decía el rector del Seminario de Madrid.

Formación comunitaria

Esa referencia al Pueblo de Dios está muy presente en la vida de la Iglesia hoy en día. Al respecto, el Grupo de Estudio n. 4 sobre «La revisión de la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis en perspectiva sinodal misionera», incide, entre otros elementos, en la dimensión esencialmente comunitaria de la formación y en la participación de una variedad de figuras en el discernimiento.

La Asamblea Sinodal del Sínodo sobre la Sinodalidad subraya la identidad relacional del ministerio ordenado «en y desde» el Pueblo de Dios: una formación que se desarrolle en la vida ordinaria de las comunidades cristianas. A ello se une una formación compartida junto con otros miembros del Pueblo de Dios y una mayor participación de personas de diversas vocaciones en la formación de los futuros pastores, con especial atención a la aportación de las mujeres y las familias.

Son elementos que lejos de suponer posibles amenazas, fomentan la escucha, el diálogo, la corresponsabilidad y el discernimiento eclesial. Avanzar en las relaciones nuevas en el Pueblo de Dios es un desafío para todos los bautizados, también para los seminaristas. Son relaciones orientadas a la corresponsabilidad, a la comunión, a la comunidad, a la fraternidad, al servicio.