Santo Tomás es patrono de las universidades porque «sin pretensiones» lo explicó todo - Alfa y Omega

Santo Tomás es patrono de las universidades porque «sin pretensiones» lo explicó todo

David Torrijos, profesor de Filosofía en la Universidad Eclesiástica San Dámaso reivindica que santo Tomás «fue capaz de enseñar la teología para siempre»

Rodrigo Moreno Quicios
Pintura de Santo Tomás de Aquino de Carlo Crivelli en 1476. Foto: Wikimedia / National Gallery

«En el tiempo en que santo Tomás de Aquino era maestro, la universidad estaba, en cierto modo, recién inventada». Lo cuenta a Alfa y Omega David Torrijos, profesor de Filosofía en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, para explicar por qué cada 28 de enero se recuerda que este santo es también patrono de las universidades.

Según Torrijos, «santo Tomás fue extraordinario porque era capaz de encontrar el nervio de la razón en las cosas para poder explicarlas mejor y con el orden más adecuado». Todo esto, además, con «la capacidad de ser muy claro, conciso, no repetirse y organizar bien los contenidos».

Más que un «gran pedagogo»

Son una serie de virtudes que bien le vienen a cualquier maestro, pero que en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso se valoran especialmente porque, aparte de como «gran pedagogo», también ven al santo como alguien capaz de explicar la fe. «Le era posible por entender bien las cosas y eso le llevó, sin tener esa pretensión, a ser una persona original y brillante que hizo una síntesis del pensamiento cristiano teológico-filosófico», le reconoce Torrijos.

David Torrijos es profesor de Filosofía en la Universidad Eclesiástica San Dámaso. La foto está tomada durante su estancia de investigación en la Universidad de Navarra. Foto: UESD

El también miembro de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino recuerda del teólogo que «fue capaz de encontrar los puntos racionales de fuerza para enseñar la teología para siempre». Una gran labor que provocó que «la teología lo reconozca como un gran maestro». Igualmente, «en el derecho natural lo tenemos como modelo».

Inventarlo todo sin aspirar a inventar nada

«A veces pensamos que un gran pensador tiene que inventar algo realmente revolucionario, como hizo Einstein con la física», sostiene Torrijos. Sin embargo, santo Tomás lo es porque «tenía el gran deseo de transmitir lo que había recibido de las Sagradas Escrituras, de los padres de la Iglesia y de la Filosofía griega de la manera más comprensible y racional posible». Con la brillante paradoja de que «eso, que parece una gran apuesta por la no originalidad, acaba resultando bastante novedoso porque lo hace de una manera muy inteligente».

Óleo de santo Tomás de Aquino pintado por Luis Muñoz Lafuente en 1795. Foto: Wikimedia

Según matiza este profesor de Filosofía, no es que el santo de Aquino «se dedicara a recopilar» estos saberes antiguos, pues «heredó la tradición de otra gente» que ya lo había hecho. Lo realmente particular es que «logró entenderlos y hacerlos entender bien». Igualmente, nos comparte que «uno de los dones que se decía que le había dado Dios es que todo lo que había leído lo había entendido». Una cuestión no menor porque «ese esfuerzo de entender significa conectar una cosa con la otra y tener una visión nueva, más profunda y aguda».