Sant'Egidio no abandona Lesbos durante el verano: «Es una vergüenza tener así a toda esa gente»

Han pasado por turnos miembros de la comunidad de distintos países, incluidos algunos refugiados que ya se encuentran en Europa gracias a los corredores humanitarios de Sant Egidio, y entre todos han desarrollado una escuela de inglés, otra de paz y un programa de alimentación. Además, «tratamos de concienciar a la Unión Europea sobre la necesidad de que este campo de refugiados desaparezca», asegura Tiscar Espigares

José Calderero de Aldecoa
Momento en el que dos miembros de Sant Egidio dejan un ramo en el cementerio de los chalecos de Lesbos. Foto: Sant Egidio

Sant’Egidio no se olvida del campo de Moria, en Lesbos, y, sobre todo, de los cerca de 12.000 refugiados –el campo cuenta con 2.000 plazas pero hay otras 10.000 personas que están instaladas en las inmediaciones en habitáculos de tela montados entre los árboles– que allí sobreviven.

De hecho, la comunidad ha tenido una presencia constante y muy activa durante todo el verano. Allí «hemos desarrollado la Escuela de Inglés, para niños y adultos; la Escuela de la Paz, destinada a los menores; y hemos implementado un programa de alimentación, dando comidas todos los días en una especie de sala o local que hay allí», explica Tiscar Espigares, responsable de Sant Egidio Madrid.

La iniciativa se ha desarrollado durante los meses de julio y agosto, tiempo en el que las distintas comunidades de Sant Egidio a nivel internacional se han ido turnando en periodos de una o dos semanas durante todo el periodo estival para ayudar a quienes se encuentran en el campo.

«Ha pasado gente de todas las comunidades: de España, de Italia, de Francia, de Alemania, de Bélgica… Incluso algunas personas refugiadas sirias que llegaron a Europa gracias a los corredores humanitarios de Sant Egidio, y que ya residen en Italia de manera legan, han ido a ayudar, lo cual es muy útil por el tema de lengua», asegura Espigares.

Concienciar a la UE

Pero Sant Egidio no solo ha desarrollado en Moria «estas labores de acompañamiento», con «nuestra presencia allí» además «tratamos de concienciar a la Unión Europea sobre la necesidad de que este campo de refugiados desaparezca», subraya la responsable.

«Es una vergüenza tener así a toda esa cantidad de gente. Han llegado a Europa arriesgando literalmente la vida con la esperanza de llegar a un puerto seguro y llevan meses –algunos años– allí confinados. Es un drama terrible», asegura Espigares, que utiliza esta misma expresión para alertar del «número de suicidios entre los refugiados, incluidos el de menores acompañados».

Cementerio de los chalecos

Por otro lado, la comunidad de Sant Egidio también ha querido tener presente durante su estancia en Lesbos a todas aquellas personas que ni siquiera pudieron llegar a la costa y murieron en el Mediterráneo.

«Lo que se hizo fue acudir en peregrinación a la playa de los salvavidas –también conocido como “cementerio de los chalecos”– para tener un gesto y hacer una oración en recuerdo de toda esta gente que ha perdido la vida tratando de llegar a Europa. Nunca nos vamos a olvidar de ellos», asegura Tiscar Espigares.

Los peregrinos acudieron al cementerio de los chalecos acompañados de una cruz hecha con la madera de barcos que naufragaron en la costa de Lesbos.

Corredores humanitarios

Desde hace años, la comunidad de Sant Egidio trata de implementar en España los corredores humanitarios. Es una propuesta que establece vías legales y seguras para el traslado a Europa de los refugiados y así tratar de evitar que estos se tengan que jugar la vida en el mar.

Sin embargo, «en España la iniciativa está totalmente parada», a pesar de que la entidad eclesial tiene todo listo desde hace mucho tiempo para llevarla a cabo. «Lo hemos intentado implementar con los distintos Gobierno «pero seguimos en un impás».

Los corredores humanitarios «sí han podido abrirse en Francia, Bélgica, Italia y Andorra, aunque en este último la cifra es simbólica y hay muy pocos refugiados. En Alemania también se está tratando de implementar», concluye Tiscar Espigares.