San Junípero, ejemplo de «Iglesia en salida»

La canonización de san Junípero Serra fue uno de los momentos centrales de la visita del Papa a EE.UU. Para monseñor Salinas, obispo de Mallorca, significa que «en una sociedad plural tiene sentido anunciar el Evangelio»

María Martínez López

La canonización de san Junípero Serra fue uno de los momentos centrales de la visita del Papa a EE.UU. Para monseñor Salinas, obispo de Mallorca, significa que «en una sociedad plural tiene sentido anunciar el Evangelio»

La canonización del mallorquín fray Junípero Serra, el 23 de septiembre en la basílica de la Inmaculada Concepción en Washington D.C., fue para el Papa un momento «particularmente emocionante» de su visita a Estados Unidos, según dijo al despedirse del país. El nuevo santo –añadió– «nos recuerda a todos nuestra vocación a ser discípulos misioneros».

En Washington, como enviado de la Conferencia Episcopal Española, estaba monseñor Xabier Salinas, obispo de Mallorca, la patria chica de san Junípero. En declaraciones a este semanario, el obispo subraya que la canonización es «un reconocimiento del valor de la misión ad gentes, que anuncia el Evangelio y al mismo tiempo humaniza» a quien la recibe. También pone en valor «la vocación misionera» de Mallorca. El obispo espera transmitir a sus diocesanos «la fortaleza de fray Junípero, frente a la debilidad interior» que a veces se percibe en nuestra sociedad; así como «el convencimiento de que la fe se fortalece si se transmite».

Durante su estancia en EE.UU., monseñor Salinas intercambió impresiones con monseñor José Gómez, arzobispo de Los Ángeles. «Allí tienen una memoria muy viva de fray Junípero», explica el obispo español. Para ellos la canonización «es muy importante porque se ha visto que en una sociedad tan diversa y plural tiene sentido el anuncio del Evangelio, en diálogo con la cultura».

«Anuncien el abrazo del Padre»

Este acento misionero es el mismo que resaltó el Santo Padre durante la canonización. «Somos hijos –dijo en la homilía– de la audacia misionera de tantos que prefirieron no encerrarse en las estructuras, en las costumbres. Somos deudores de una tradición, de una cadena de testigos». Fray Junípero fue uno de ellos, «que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio. Supo vivir lo que es la Iglesia en salida. Supo dejar su tierra, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de muchos aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades. Buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos habían abusado de ella».

Siguiendo su ejemplo, Francisco invitó a los asistentes a ir «a anunciar sin miedo, sin prejuicios, sin superioridad, sin purismos, a todo aquel que ha perdido la alegría de vivir; vayan a anunciar el abrazo misericordioso del Padre. Vayan a anunciar que el error, las equivocaciones, no tienen la última palabra». Y añadió que «la misión no nace nunca de un proyecto perfectamente elaborado», sino que «nace de una vida que se sintió buscada y sanada, encontrada y perdonada. Nace de experimentar una y otra vez la unción misericordiosa de Dios».

San Junípero ha sido canonizado por la forma equipolente –reconociendo el culto secular, sin necesidad de acreditar un segundo milagro–. Cuando anunció su canonización en enero, justo después de la del misionero indio san José Vaz en Sri Lanka, reconoció haber elegido aplicar esta fórmula a «grandes evangelizadores que están en sintonía con la espiritualidad y la teología de la Evangelii gaudium». Es el caso también del jesuita Pedro Fabro o del español José de Anchieta.

María Martínez López


La canonización de fray Junípero, en el Informativo Diocesano de 13 TV

Irene Pozo