«San José grita que el silencio puede transformar el mundo»

«San José grita que se puede transformar el mundo desde el silencio» 

«San José llenaba su hogar de fe y de sencillez, de confianza en Dios y cariño», afirma Raúl Mir, autor de El evangelio secreto de José de Nazaret

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
«Su ejemplo demuestra que la santidad se construye en lo cotidiano», dice Raúl Mir. Foto: Freepik.
«Su ejemplo demuestra que la santidad se construye en lo cotidiano», dice Raúl Mir. Foto: Freepik.

«San José es un santo muy actual para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque podemos imitarlo en varias actitudes muy contemporáneas», afirma Raúl Mir, autor de El evangelio secreto de José de Nazaret (San Pablo)

—¿Qué es lo que grita la vida del santo más silencioso de la iglesia?  
—Un mensaje muy actual: la verdadera grandeza no está en hablar mucho, sino en vivir con fidelidad, responsabilidad y amor. Y aunque los evangelios no recogen ninguna palabra suya, sus acciones sí que dicen mucho. San José nos recuerda el valor de la obediencia confiada a Dios, el trabajo honesto, la humildad y el cuidado de la familia

Fue el hombre que protegió a María y acompañó el crecimiento de Jesús desde la discreción, sin buscar el protagonismo. En una sociedad donde muchas veces se valora más la visibilidad que el servicio, en mi opinión la vida de san José grita que se puede transformar el mundo desde el silencio, desde la responsabilidad y la entrega diaria. Y su ejemplo demuestra que la santidad también se construye en lo cotidiano, en el trabajo, en la familia y en la fidelidad a la propia misión. 

Raúl Mir, autor del libro. Foto cedida.
Raúl Mir, autor del libro. Foto cedida.

En el hogar de Nazaret 

—De san José se conoce muy poco. ¿Cómo imaginas que sería su vida en el hogar de Nazaret? 
—Precisamente en la novela trato de mostrar cómo era la vida de san José y de la Sagrada Familia. En la casa de Nazaret, san José probablemente llevaba una vida marcada por el trabajo diario, como carpintero, buscando con esfuerzo el sustento para su familia. Era un hombre responsable que cuidaba y protegía a María y educaba con dedicación al niño Jesús, enseñándole el valor del trabajo, la oración y el respeto a los demás. 

También me imagino a un san José que llenaba su hogar de fe y de sencillez, donde la oración, la confianza en Dios y el cariño formaban parte de su vida cotidiana. Seguramente fue un padre cercano, paciente y silencioso, que enseñaba más con su ejemplo que con muchas palabras. Por eso el hogar de Nazaret debió ser un lugar de trabajo humilde, amor filial y familiar, de una profunda confianza en el Padre, de discreción y fidelidad. 

Un pequeño altar 

—Todos los santos son modelo de santidad para los fieles de cualquier tiempo y lugar. ¿En qué podemos invitar hoy nosotros a san José? 
—Efectivamente, todos los santos son ejemplos de vida cristiana y san José es precisamente un santo muy actual para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Podemos imitarlo en varias actitudes muy contemporáneas. En primer lugar, en la fe y en la confianza en Dios: san José supo aceptar la voluntad de Dios con valentía y confiar plenamente en Él, incluso en los momentos difíciles. También se puede imitar en el trabajo responsable y honesto. 

«José educaba con dedicación al niño Jesús, enseñándole el valor del trabajo, la oración y el respeto a los demás». Foto: Freepik.
«José educaba con dedicación al niño Jesús, enseñándole el valor del trabajo, la oración y el respeto a los demás». Foto: Freepik.

Yo me lo imagino como carpintero, trabajando con esfuerzo, haciendo sus trabajos manuales con muchísima delicadeza. Santificaba ese trabajo y enseñaba el valor del trabajo bien hecho como un ejemplo de pequeño altar. Su trabajo era una santificación cotidiana. Es un ejemplo de humildad y de sencillez porque vivió sin buscar reconocimiento, sirviendo a los demás con discreción. También estuvo preocupado muy probablemente por las necesidades de sus vecinos y de sus familiares. 

—¿Algo más? 
—Hay una cosa muy bonita: imitarlo en el amor y en el cuidado de la familia, siguiendo su ejemplo al proteger y acompañar a María y educar con cariño a Jesús. San José es el custodio del misterio que es Jesús. Pero cada uno de los hijos y cada una de las esposas también es un misterio. Al final, cuando una familia cristiana tiene a Cristo en el centro, el padre de familia, como san José, es muchas veces el unificador para que haya precisamente un gran amor en el cuidado de la familia. 

Otro elemento que añadiría es que no busca protagonismo. San José, aun teniendo un papel tan importante en la vida de la Sagrada Familia, nunca buscó el reconocimiento.  

Memoria espiritual 

—Llama la atención en el libro que te pones en la piel de san José… 
—La novela está narrada en primera persona, como si fuese él quien revela su propia memoria espiritual. He decidido utilizar esta voz íntima y directa para articular la historia y que me permitiera expresar lo que quizás no hubiera sido posible desde una narración tradicional. 

Quería acercar al lector al corazón de José, no solo a su figura histórica, porque los evangelios aparecen como un personaje silencioso, casi invisible. Precisamente por eso sentí que había un espacio interior que podía ser explorado literariamente, y así imaginar su conciencia, sus dudas, su fe y su humanidad. 

—¿Por qué mencionas un evangelio secreto? 
—Cuando hablo de secreto no me refiero a un texto escondido ni a una verdad prohibida, como si se tratara de un manuscrito oculto, de una revelación reservada. El secreto del que hablo es de otra naturaleza, es un secreto interior, espiritual. Es aquello que no aparece escrito en los evangelios pero que sin embargo pudo habitar en el corazón de José

Los evangelios nos cuentan hechos esenciales de la vida de Jesús, pero dejan muchos espacios en silencio. Es en esos espacios donde la dimensión humana tiene una mayor fuerza y la dimensión contemplativa de los personajes te permite su ahondamiento espiritual. En el caso de José de Nazaret, ese silencio aún es más profundo porque los textos apenas registran palabras suyas

Sin embargo, eso no significa que no tuviera un mundo interior lleno de preguntas, de temores, de intuiciones y de actos de fe. El evangelio secreto es por tanto una forma literaria de explorar este espacio invisible, la experiencia íntima de un hombre que se vio envuelto en un misterio que superaba toda comprensión.

No es un evangelio que se escriba con hechos extraordinarios, sino con pensamientos, emociones, decisiones silenciosas y gestos cotidianos, que es lo que supuso la vida de san José.