San Dámaso lanza un máster en historia de la Iglesia española

La primera cristianización, el Siglo de Oro o los fallidos intentos de acercamiento a la modernidad son algunos de los puntos fuertes del programa

Ricardo Benjumea
El catedrático José María Magaz durante un acto académico en San Dámaso. Foto: Ángel Martínez

La primera cristianización, el Siglo de Oro o los fallidos intentos de acercamiento a la modernidad son algunos de los puntos fuertes del programa

La Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid comienza a impartir el próximo curso el Máster de Postgrado en Historia de la Iglesia española, pionero en su género, que a lo largo de dos cursos (60 créditos) abordará las edades antigua y medieval, y en un segundo año la época moderna y contemporánea. «Esta especialidad ha ocupado un lugar muy secundario en las ciencias eclesiásticas y ello ha llevado a que quienes han estudiado la historia de la Iglesia lo hayan hecho desde criterios puramente seculares», lamenta su director, el catedrático de la Facultad de Teología José María Magaz. «Sin renunciar a la objetividad y desde la fidelidad a la verdad histórica, nosotros creemos que es necesario que haya un juicio hecho desde la fe».

El máster está abierto a cualquier alumno con un grado universitario, no solo a los procedentes de universidades eclesiásticas. El programa –entiende Magaz– es lo suficientemente atractivo como para interesar a un amplio abanico de estudiantes.

De la época antigua, se abordará especialmente el proceso de cristianización, que desde el siglo I corre paralelo a la romanización. Viene después la Reconquista, «un período que consistió en mucho más en la expulsión de una religión invasora y en el que España descubre, por así decir, su identidad más radical a lo largo de ocho siglos», afirma el catedrático. De esta época se pondrá también el acento a la liturgia mozárabe.

«Y con el Renacimiento, en el XVI, nuestro Siglo de Oro, veremos cómo resplandecen la teología, la mística, la poesía religiosa…, unido todo ello a cuestiones como la Inquisición, y a grandes figuras del episcopado, como el cardenal Cisneros».

La evangelización de América será estudiada en gran detalle (seis de los 30 créditos del máster están dedicados a esta materia), y al abordar la Ilustración se plantearán una serie de cuestiones decisivas para la evolución de la tortuosa relación posterior de la Iglesia con la modernidad. A diferencia de lo que ocurría en Francia, «los primeros ilustrados españoles no fueron antieclesiásticos, sino católicos fervientes, como Jovellanos», destaca Magaz. «Si a aquellos primeros ilustrados se les hubiera dado influencia, nos hubiéramos evitado muchas divisiones posteriores, pero estos intelectuales terminaron en tierra de nadie».

En el XIX, «un siglo bastante complejo en España», se produce en la Restauración «por primera vez un intento serio de conciliar a la Iglesia con un proyecto político liberal por medio del partido liberal-conservador», que enfrente tendrá a los liberales de Sagasta, «más avanzados, pero no hostiles a la Iglesia». La primera causa del fracaso de este intento de acercamiento, a juicio de Magaz, fue «la polémica que se planteó en el interior del propio catolicismo, con grupos que se cerraron en banda al Partido Conservador, como el tradicionalismo, que hizo una campaña muy dura».

Surgen otros problemas. «Se genera un cristianismo, podríamos decir, muy burgués, poco sensible a la cuestión social», en contraposición a la labor con los excluidos que, durante todo el siglo XIX, llevan a cabo las congregaciones religiosas, adelantándose a la formulación de la doctrina social en el pontificado de León XIII.

Así llegará el máster al siglo XX y a las fuertes divisiones sociales en España. «La Iglesia se decantará por uno de los bandos, pero ¿cómo juzgar esto desde nuestra perspectiva? En aquel momento pudo tener su razón de ser, pero esa respuesta generó después nuevos problemas, porque la otra parte de la sociedad se vio rechazada por la Iglesia».

Tras al Vaticano II, «la iglesia quiere unir de nuevo y presentarse libre de ideologías, abierta a todos, de modo que todo el mundo pueda caber en ella». Como siempre, actuará en sintonía con Roma. La adaptación pudo ser un poco más o menos lenta, pero «si algo ha caracterizado la historia de la Iglesia española en cualquier época es que normalmente sigue bastante al pie de la letra las indicaciones de los distintos pontificados».

R.B.