Sal Emergui, periodista: «La gran incógnita ahora es la entrega de armas de Hamás»
Este periodista con casi tres décadas de experiencia en Tierra Santa ha visitado España para presentar su libro Descifrando Israel. En Madrid visitó el Centro de Estudios Judeo-cristianos y el CEU
—Las primeras semanas de alto el fuego han sido una montaña rusa, con dos rupturas y reanudaciones del mismo. ¿Llegará a una segunda fase?
—En efecto, ha habido desde el inicio de la tregua dos fechas muy intensas que empezaron con ataques armados contra soldados israelíes, que provocaron muertos. Israel lanzó ofensivas masivas y luego retomó el alto el fuego… hasta la próxima vez que salte una chispa. Cualquier tregua entre dos países provoca dudas. Imagine entre un país y un grupo armado en una zona muy inestable.
Antes de pasar a la segunda fase, que es incluso más difícil, Hamás tiene que entregar los cadáveres de rehenes que quedan. Dicen que están teniendo problemas porque están en zonas que están en ruinas. Pero Israel responde que cuando se los presiona siempre los encuentran. Esto, con altibajos, se puede solucionar. La gran incógnita ahora es algo a lo que Hamás no se comprometió del todo pero que dio a entender que haría: la entrega de armas. Puede vivir con entregar el control de Gaza metiendo a gente vinculada a ellos en el nuevo Gobierno palestino que se contempla que se forme. Entiende que ya no puede gobernar a la fuerza en la Franja, que por otro lado ahora es prácticamente ingobernable. Pero lo de las armas es un gran reto. Veremos si las entrega, qué armas y a quién. Si no hace lo que dice el acuerdo y Trump prometió a Israel, es probable que Israel renueve la ofensiva.
—¿Es optimista?
—Todo depende de la determinación de Trump. No es el más experto en la materia, pero ha conseguido este alto el fuego presionando de forma directa a Netanyahu e indirecta a los países árabes para que presionen a Hamás. Es mejor un mal acuerdo que lo que había antes. Pero sobre el terreno hay muchos elementos que hacen que sea pesimista.
—¿Es distinto este alto el fuego al que hubo de enero a marzo?
—En teoría este es mucho más importante porque es el acuerdo final que debe llevar a una tregua. Sobre el papel parece mucho más serio, definitivo y concreto. En el anterior no estaba la implicación de Trump, ni la intervención internacional del mundo árabe, con países como Egipto y Turquía que tienen mucha ascendencia sobre Hamás. Recoge la entrega a Israel de todos los rehenes y, para Gaza, la palabra de Trump de que la ofensiva israelí ya ha acabado y empezará a haber un proceso de reconstrucción. Estamos viendo que Estados Unidos y otros países están más implicados, supervisando todo en la frontera. Pero puede pasar de todo.
—¿Cuáles son los planes de Netanyahu y Trump para Gaza después del anuncio de este de crear «la Riviera de Oriente Medio»?
—Trump sorprendió cuando anunció esto. Poco después ya dijo que no era una expulsión de los palestinos y fue renunciando a la idea sobre todo por la presión de los países árabes. En Israel algunos grupos de la derecha más radical, con ministros en el Gobierno, no ocultaban sus planes de hacer colonias allí. Pero Netanyahu dijo desde el primer momento que él estaba en contra. Y Trump dictó la sentencia de muerte al decir que no iba a pasar.
—¿Hasta qué punto controla Hamás la Franja?
—Se dice que Hamás no es el pueblo palestino; pero sí es parte, pues está muy enraizado en Gaza. Aún tiene mucho poder desde el punto de vista popular. Todas las informaciones dicen que ya ha reclutado a tantos nuevos miembros como los 20.000 o 25.000 que ha matado Israel. Es una utopía decir que van a acabar con ellos hasta el último hombre. Sería una lucha interminable que Israel no se podría permitir.
—Acaba de publicar la segunda edición de su libro Descifrando Israel. ¿Qué es lo que más puede sorprender al lector?
—La idea original era conocer mucho más de cerca lo que es Israel desde dentro, más allá del conflicto —aunque hablo de él, es imposible no hacerlo— y sin juzgar. Es uno de los países más observados del mundo pero con más facetas desconocidas. Tiene entrevistas a más de 100 personas. Lo que más sorprende es que es un país mucho más complejo de lo que parece desde fuera y que no hay un israelí prototipo sino mucha diversidad y que es un país muy polarizado. Se dice mucho que con dos israelíes hay tres opiniones sobre un tema.